Ensonnacionesmarianas es un blog abierto a la reflexión propia y ajena sobre cualquier tema sobre el que deseemos pensar. El ensueño tiene que ver con la idea antigua del sueño como camino al conocimiento (por ejemplo, El primero sueño de Sor Juana).

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miércoles, 21 de febrero de 2018

Día Internacional de la Lengua Materna

Si tengo que hablar de la lengua materna, debo hacerlo desde la paterna: el gallego. Si esa lengua tuvo un defensor ultramarino, sin dudas, fue él.

Una vez, le pregunté en qué lengua soñaba y, con ese ímpetu tan de él (muy parecido al mío), me dijo que cómo le preguntaba eso, que en gallego. En ese momento, me dijo que solo podía hacerlo en la lengua con la que su madre le había dado de mamar. Sí, debería haber sido lingüista o poeta.

En Buenos Aires, si se cruzaba con un gallego, le hablaba en gallego, lógico. Y, si su interlocutor le respondía en castellano, nunca cambiaba de lengua. Cuando el otro se daba vuelta, simplemente, decía que era un gallego de mierda que se había olvidado de dónde había salido.

Me hablaba de poesía gallega (Rosalía, Curros, Pondal). De hecho, me dijo que esos libros eran mi herencia, que era algo así como entregarme su alma.

Cuando estudié portugués, lejos de enojarse me explicaba que era casi lo mismo, que íbamos a poder comunicarnos igual (no me hacía falta el portugués, siempre le entendía cuando me contaba su mundo en gallego).

Cuando le dije que estaba estudiando euskera (vasco), también, pensé que se iba a enojar. Lejos de ello, me incentivó. Era un gran defensor de su lengua propia y de la de los otros.

Indefectiblemente, la patria de uno es la lengua (para los vascos, lo que te hace vasco es la lengua). Es el modo en que aprendiste el mundo, te da las palabras para poder decir lo que te rodea. Y es imposible hacerla en otra. A mí, por ejemplo, me cuesta mucho explicarles a los extranjeros esto del "chamuyo", de "hacer el verso" y otras expresiones tan argentinas.

Mi papá tenía la idea de que la lengua materna es la de la tierra de uno (los gallegos y la madre, los gallegos y su tierra son temas de tesis). Por eso, me insistía con que aprendiera guaraní. Sí, a mí, argentina hija de gallego y asturiana. Porque era la lengua de mi tierra. Me lo decía como si en el castellano yo estuviera expatriada, como creo que le pasaba a veces a él.

No solo soñaba en gallego y hacía las cuentas en gallego. Era la única lengua que le servía para expresar su cariño desde el alma. Lo hacía poco, pero cuando lo hacía era con todo el sentimiento.

Cuando él se murió, sentí que se moría Galicia para mí porque él la recreaba con sus palabras a cada paso, porque lo que tenía de esa tierra era por medio su boca.

No sé gallego. Nunca lo aprendí, aunque pueda leerlo y entenderlo, nunca podré hablarlo. Supongo que es como esa historia de Alberti de que nunca fue a Granada. Hay territorios que uno solo puede explorar de la mano de alguien que los ama, pero, sin ellos, todo eso carece de sentido.

miércoles, 4 de mayo de 2016

En 1999, pisé por primera vez Filo. Iba para abogada, pero un amigo me dijo que, como me gustaba escribir, tenía que seguir Letras. No lo pensé. Le hice caso.

Me espantó casi todo lo que vi. Pero terminé el CBC. Etapa superada. Al ingresar a la carrera, me espanté más. La burocracia, sobre todo. Las vueltas para conseguir cosas. Las fotocopias del CEFyL mal hechas. Cuando terminé, que me faltaba una firma en acta y a perseguir a la docente para que firmara.

Podría citar mil recuerdos en cada una de las partes de esa facultad. Soy tan mayor que tuve a Sileoni, nuestro ex ministro de educación, de profe. También, recuerdo estar en clase de Sociología al día siguiente del accidente de Lapa. El 11 de septiembre de 2001, luego del ataque a las torres, tuve clase pública (como ahora, ¿viste?) en Primera Junta bajo una garúa finita. En el mundial del 2002, tuve clases durante el partido Argentina-Inglaterra. Salía de clase de griego cuando me enteré de lo de Kosteki y Santillán, sin celular, solo pensaba en llegar rápido a casa para ver si mi hermano, el militante, estaba bien. Gracias a Filo, hoy, tengo una hermosa ahijada, porque ahí conocí a Noelia, con quien tenemos recuerdos muy fumones (¿te acordás del día que el viejo nos dijo si veniamos del Olimpo o algo así?).

Mi amor por el Quijote no me llegó por Filo, no. Me llegó por mi papá, pero Filo me llevó a construir una relación casi patológica con él (quijote, no con mi papá).

Cuando entré, decían que la cerraban o que se iba a arancelar. En 2001, recuerdo las mismas situaciones. Casi pierdo el segundo cuatrimestre por tantos paros. Lo peor fue ver compañeros que dejaban de ir a la facu porque no tenían un mango ni para el colectivo.

Tuve profesores excelentes y de los otros. Pero prefiero recordar a los excelentes. No quisiera olvidarme de ninguno y, quizás, con una lista peque de injusta. Pero voy a pecar. Arranco por la alegría que me da haber tenido de profe a un gran escritor argentino como Martín Kohan, tan buen profesor como escritor; Juan Diego Vila; Melchora Romanos; Gonzalo Aguilar, Mariano Rodríguez Otero, Lucas Margarit; Pablo Cavallero; Funes (un gran amor).

Amo ese lugar y amo la locura de esa gente. Gracias a los que nombré y a otros tantos hoy soy docente, tengo trabajo, me gano la vida con lo que ellos me enseñaron. Además de eso, me enseñaron lo más valioso que podían darme y que no me dio la escuela: me enseñaron a pensar.

No puedo menos que decir que quiero una UBA pública y gratuita, un boleto estudiantil para que todos puedan seguir yendo a estudiar (muchos hacen grandes esfuerzos como pasarse un dia entero en la facu sin comer para no gastar dinero que no tienen), y que a esos docentes, a esos grandes docentes, les paguen lo que corresponde, que los valoren como debe ser.

martes, 22 de abril de 2014

Sobre mi guerra interminable

Mañana, 23 de abril, es el día de la lengua debido al aniversario del fallecimiento de Cervantes. Qué mejor que hablar de un libro, de esos libros que te llenan el alma porque hablan de tu cultura, de tu historia, de tu memoria.

Almudena Grandes en sus episodios habla de mi historia porque, aunque yo sea argentina, hay cosas que nadie puede entenderme ni puede compartir conmigo si no pasó por algo similar. En verano, cuando fui al barnetegi de San Nicolás, llevé unas rosquillas de la receta de Inés porque dos amigos que habían leido el libro me habían pedido que hiciera. Cuando le comenté a Bego, me dijo "¿las que tienen anís? así las hacía mi tía". A los pocos días, en medio de una clase en que nos preguntaban por las cosas más raras que habíamos comido, ella dijo "mi mamá comió gato". La miré con sorpresa y dijo "mi papá también". Por las dudas, ella me aclaró que su mamá lo había hecho durante la guerra y yo dije que mi viejo también.

Pasaron un par de meses y fui a su casa. Abrió la alacena y me reconocí de nuevo. Me di cuenta de que ella entendería por qué siempre tengo comida suficiente como si fuera a pasar una guerra, precisamente. Sentí que ella entendería por qué me agarra un ataque si me falta aceite, aceite que mi mamá me había enseñado no solo a tener en cantidades, sino también a reutilizarlo (incluso, en las mejores épocas económicas de mi familia) porque el aceite hay que cuidarlo. Y, siempre, aclaraba lo que costaba comprarlo cuando ella era chica. Dejé de reutilizarlo recién cuando mi hermano el químico dijo que eso hace daño, y me di cuenta de que puedo comprar aceite sin endeudarme.

Con Bego, además del gato y de las alacenas, compartimos la noción de que dar de comer es una excelente forma de demostrar cariño (por eso acarreé en una valija rosquillas hasta San Nicolás), aunque no nos guste cocinar. Entendemos que cocinar es una forma, también, de canalizar angustias y de decirle a esa otra persona "estoy acá". Cuando tuvimos la charla del gudari de ella que se iba y al que le cocinaba mucho, le dije que tendría que leer Inés y la alegría, que se reconocería en Inés cocinando para todos, en Inés prometiéndole los cinco kilos de rosquillas al Comprendes para cuando entraran a Madrid.

Hace un par de días, le dije que también tiene que leer el de Manolita y me preguntó "¿estamos en ese?" porque, en definitiva, Almudena habla de nosotras y, automáticamente, le dije que estamos en todos, pero porque es parte de nuestra historia común. Después de decirle eso, me quedé pensando que no, que nadie cocina, aunque Manolita le da de comer a todos los que quiere, inevitablemente. Pasó un día y me dije "sí, estamos", estamos en los paquetes que ella lleva a la cárcel a los que ama aún sin tener ella para comer, estamos en la cola de Porlier reconociéndonos con una historia común de dolor (como Manolita y Rita) y riéndonos de nuestras costumbres de cocinar, de las alacenas, riéndonos como Rita y Manolita mientras esperan y mientras la madre de Rita se enoja de que se rían en ese lugar.

Creo que Almudena no podría haberle puesto mejor nombre a la serie. Esa guerra para muchos no terminó, se transmitió de muchas maneras, se transmitió a través de madres como la de Bego y la mía que nos enseñaron que siempre hay que compartir con el que menos tiene, aunque uno tenga poco, a lo Manolita (no me hace falta saber que la madre le transmitió eso a Bego, lo veo en ella y en su hermano). Porque, como me dijo una vez mi mamá cuando cocinó el día que nevó en Buenos Aires hace unos años, "esa gente necesita ahora, ese muchacho podría ser mi hijo". Sin quererlo, me dijo a mí lo mismo que su abuela le había dicho a un muchacho barbudo y delgado que un día, terminada la guerra, le golpeó la puerta pidiéndole un plato de comida, que venía de la guerra. Ella lo invitó a pasar y le dijo que sí (y eso que no tenían nada de nada) porque si su hijo tocara en alguna puerta ella querría que le dieran de comer. Fue ahí cuando ese muchacho, mi abuelo, le dijo "¿tan cambiado estoy madre que no me reconoces?". Y así funciona, dar amor por medio de la comida como Inés (que es regalar vida, qué mejor regalo), dar aunque uno no tenga a lo Manolita (cuando Jesús reparte panes y peces no hace milagros, da lo poco que tiene) y darlo a cualquiera porque uno en los seres que ama, ama al mundo por completo.

No. Esa guerra no se terminó, y no creo que se termine en mucho tiempo porque muchos no permitiremos olvidar.

sábado, 26 de octubre de 2013

La hermana más amada, la libertad

Quiero defenderla porque es mi hermana más joven y, al hermano menor, hay que defenderlo.

Esta semana, circuló mucho la idea de qué es bancarse la dictadura. Al parecer, los niños que nacimos en ella o finalizando esa etapa, fuimos inmunes. Es cierto, no tengo ningún pariente desaparecido, ni torturado. Ningún conocido en esas circunstancias. No la padecí en carne propia.

Sin embargo, me pregunto si no hay efectos residuales. Nací en una familia netamente española. Mi papá nació en la pobreza, en Galicia, seis meses antes de que comenzara la guerra. Mi madre bajo las mismas circunstancias, en Asturias, cinco años después de finalizada la guerra. Fueron educados bajo el rigor y la opresión del franquismo ambos. Por parte de mi mamá, siempre escuché historias vinculadas con ese pasado desgarrador: la falta de comida, mi bisabuela escuchando a escondidas la Pirenaica, una vecina entregando a mi abuelo para que fuera a pelear, un tío abuelo que pasaba de cárcel en cárcel, familiares que se cambiaban de bando para que uno de ellos pudiera conocer al hijo recién nacido. También, la historia de un hombre que llegaba a su casa y le decía que volvía de la guerra a esa señora, que tenía hambre. Ella le decía que le iba a dar de comer porque, si un día su hijo se aparecía por la casa de alguien, querría que hicieran lo mismo. En ese momento, ese joven barbudo le preguntaba "madre, ¿es que acaso no me reconoces?". Real o no, esa historia es parte de mi familia. Por parte de padre, abundaba el silencio. Sus dolores los callaba. Algunos familiares de él habían ido a la guerra también, pero no hablaba de eso.

Con esa educación y ese pasado, mi mamá siempre prefirió no hablar de temas dolorosos, no puede ver películas de guerra y trata de no hablar de la dictadura. Cuando yo era chica, recuerdo que una vez que dije la palabra "Perón", se agachó y me dijo por lo bajo "eso no se dice". Había mucho miedo, miedo acumulado en las dos orillas. Mucha cultura del silencio que vino en barco y que se afianzó acá.

En el cole de monjas, me enseñaron la autocensura, a tener miedo, a respetar las órdenes, a no cuestionarlas. A hacer cosas sumamente idiotas e inútiles sin cuestionar por qué. De grande, en los 90, hablar de la dictadura era complejo todavía y, al mismo tiempo, al cumplirse los 20 años, fue algo que se puso muy en el tapete. Sin embargo, en algunas escuelas, de eso seguía sin hablarse. Cuando mi hermana estaba en 5to año, la quisieron echar por un afiche del Nunca más, que habían hecho con una compañera. Entre otras cosas, porque aparecía la Iglesia involucrada y mi cole era católico. Entre otras cosas, las acusaban de hacer propaganda porque estaba colocado en una pared que se veía no bien entraban los alumnos al colegio, una pared interna del aula.

Cuando yo estaba en 5to año, una compañera había hecho unos afiches sobre la dictadura. Pero, en ese momento, dos años después del episodio de mi hermana, no nos podían decir nada porque se empezaba a instalar el tener que hablar del tema. Estoy hablando del año 98, 22 años después.

Creo que la universidad me fue sacando el miedo. Y, en esas cosas, mi vieja y yo fuimos evolucionando a la par. ¿Por qué? porque para ella fue el período de democracia más largo que tuvo en su vida. Ayer, me decía que la gente no tiene memoria, que estos diez años son lo mejor que ella recuerda desde que vino a la Argentina (59), que la gente se olvidó de los 90. Me da felicidad que mi vieja hable de política porque, antes, decía que no sabía. Me da felicidad que la persona que me dijo con miedo, hace muchos años, que no podía decir "Perón", ahora, se atreva a defender el gobierno de Cristina. Me da felicidad que haya pasado de cuestionar la restitución de niños en la década del 80 a defender a Estela. Me da felicidad que ella diga "era lo que nos decían y uno se creía todo" y que, ahora, cuestione lo que escucha.

Fue un proceso en ella, en mí y en muchos más. Es el día de hoy que, si alguna autoridad me dice algo en mal modo, tiemblo. Es el día de hoy que no soporto discusiones porque tiemblo. Los que tuvieron encarnado el miedo en algún momento saben de qué hablo. El miedo y la autocensura se transmiten, lamentablemente.

Entonces, me pregunto ¿si yo padezco los efectos de una guerra (interminable, como la llama Amudena), una guerra del otro lado del océano, cómo podemos decir que Juan no padeció la dictadura? Dicen eso y me resuena el tango "sentir que veinte años son nada". Sin embargo, en su vida, fueron 25 años de ser otro, de haber sido violentado de muchos modos.

Por eso, por lo que nos costó y por lo que nos cuesta. Por los efectos económicos y sociales que la dictadura nos dejó, como sociedad, siempre tendremos una huella.

Por eso, me hierve la sangre cuando alguien dice que vivimos en dictadura. ¿Cuántas veces sintieron terror de hacer algo y que alguien se entere? ¿Cuántas veces se autocensuraron por miedo?

Quizás, por todos esos miedos que tuve y que a veces me paralizan todavía, es que ir a votar me deja plena de felicidad y que mi mamá haya empezado a votar hace muy poquitos años en su tierra me deja llena de alegría. Que ella con sus casi 70 años se atreva a decir que todos esos son unos hijos de puta sin reprimirse ante la "mala" palabra como lo hacía antes me da placer.

Mañana, es una jornada más en que iremos a elegir qué es lo que queremos para nosotros y para todos los habitantes del suelo argentino. Como decía al principio, la democracia es mi hermana más joven y tengo la obligación de defenderla y de explicarles a sus hermanos menores quién es.

miércoles, 23 de octubre de 2013

Cuando cursé Griego, leímos La ilíada. Una de las cosas que nos explicaba el profe es que hay algo llamado "areté" (la excelencia en algo), qué es lo que se espera de un hombre y de una mujer. La areté del hombre debía ser su valor guerrero y la de la mujer la belleza.

Sor Juana en 1600 y algo, en sus poemas y en sus cartas, reclama un espacio para la mujer en el conocimiento, en lugar de seguir teniendo reservado el espacio de lo meramente decorativo (¿En perseguirme, mundo, qué interesas? / ¿En qué te ofendo, cuando sólo intento / poner bellezas en mi entendimiento / y no mi entendimiento en las bellezas?).

¿Es posible que el valor en una mujer siga siendo la belleza? ¿Que llegando el verano solo importen culos, tetas, panzas, brechas entre piernas?

Me indignan las minas que siguen fomentando eso. Al final, ¿qué es la belleza? ¿qué es lo más bello en una persona? ¿cómo se constituye la belleza? ¿cuando amamos a alguien, amamos qué belleza? En mi caso, creo que la respuesta para todas esas preguntas es "inteligencia y bondad".

lunes, 11 de marzo de 2013

Las cosas no suceden de la noche a la mañana. No. Son procesos. Desde hace un tiempo que se viene adjudicando el crecimiento de la inseguridad al gobierno K. De esto se quejan los mismos que no quieren planes sociales ni pagar para mantener "vagos".

Pues bien. Mi mamá decidió cerrar su negocio en el 2003 (porque tuvo la oportunidad de hacerlo y seguir subsistiendo), luego de venir cayendo de a poco desde el año 2000 más o menos y de haber sufrido algunos robos. No, los K no estaban en el poder cuando le comenzó a suceder esto. Tuvo suerte. A los chorritos de su barrio, los espantaba con su locura encima y un tramontina en mano, o diciéndole a la Chiqui "dale, atacá". De más está decir que la Chiqui no hubiera mordido a nadie, porque era la perra del barrio.

Algún día, habrá que entender que todo lo que vivimos hoy es consecuencia de un sistema y de modelos que muchos de los que hoy se quejan por la inseguridad y por los planes supieron apoyar: léase "con los militares estábamos mejor" o votar dos veces al Carlo.

Hay gente que fue pobre desde antes de tener memoria, desde sus padres y desde sus abuelos. Esa pobreza (pobreza estructural) siempre existió como consecuencia de un sistema capitalista que funciona si el que más tiene sigue acumulando más. Pero esa pobreza fue aumentando desde que decidieron ajustar todo y dejar de lado la asistencia social.

Hay dos índices para medir pobreza básicos: el de Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI) que mide la pobreza estructural (si la familia está en condiciones de hacinamiento, o si no tiene instalaciones sanitarias o si hay un menor en edad escolar que no asista a la escuela). Por otro lado, tenemos la Línea de Pobreza (LP): con el índice de la Canasta Básica Familiar se mide la indigencia (solo lo necesario), con el de Canasta Básica Total se mide la pobreza (incluye servicios). Durante la década del 90, muchas gente era pobre por canasta básica, pero no era pobre estructural, es decir, eran nuevos pobres, los que se fueron cayendo del sistema. Y, también, pasaba lo contrario.

Como dice Alayón, trabajador social argentino, no hay estados nulos, sino que cada gobierno piensa su modelo de estado. En este sentido, plantea que el gobierno menemista se planteó como modelo de estado el neoliberalismo, un estado mínimo, cero intervención. Y que Dios nos ayude, digo yo.

Pobreza y violencia no son sinónimos ni van a la par. Violencia es sinónimo de exclusión, recibimos lo que damos. Violencia es sinónimo de una educación y una salud pública que funcionan mal.

No sé si los K son la solución, pero la prefiero a ELLA antes que al colorado o a Macri. Todo plan tiene por detrás algo más. La Asignación Universal por Hijo contempla ingresar a los niños al sistema: tienen que tener DNI (muchos niños antes nunca eran anotados), tienen que cumplir con la escolaridad y con una libreta sanitaria. Identidad, educación y salud. Poco, no? El Plan Argentina Trabaja tiene como proyecto formar personas para que laburen en cooperativas y puedan sostenerse luego en forma autónoma, no solo se les da dinero, a cambio, ellos deben laburar. Obviamente, como todo, estos planes pueden tener errores, falencias, etc. que dependen de las miserias humanas como siempre, como toda institución tiene sus vicios gracias a la lacra humana. Porque las instituciones no son entes que salen de la nada. Las instituciones tratan de amoldar a todo al mundo al sistema.

Bueno, como planteaban los del movimiento de reconceptualización en trabajo social por los 70, tendremos que pensar cómo usar las grietas de las instituciones para conseguir algo.

Las cosas no suceden de la noche a la mañana. Hay que estudiar historia. Lamento y re puteo todos los días por haber tenido tan pésimos profesores de historia.

sábado, 17 de noviembre de 2012

Muñeca brava

Desde Sor Juana hasta acá, ha pasado mucha agua debajo del puente. En el siglo XVII, ella ya planteaba en sus poesías que las mujeres no eran solo belleza, tenían otras cualidades. No eran el objeto que describían autores como Góngora o Quevedo: sus dientes no eran perlas, sus cabellos no eran oro, sus labios no eran un rubí.

Sin embargo, aún hoy cuesta que muchos (tanto hombres como mujeres) entiendan que no somos un objeto. Estudiando algunas cosas básicas sobre el derecho, me topé con el tema de la capacidad de la mujer en el matrimonio y cómo evolucionó de ser una completa incapacitada a poder adquirir sus bienes y recién en el año 87 se plasmó la patria potestad compartida, la fijación conjunta de domicilio y la elección del nombre de los hijos.

Durante mucho tiempo fuimos ese objeto que pasaba de las manos de un padre o un hermano a un marido. Pero no solo nosotras. También los niños. Recién con la Convención de los derechos del niño se los empezó a considerar sujetos de derecho, ya los padres no pueden hacer lo que quieren con ellos. En el año 94, se le dio estatuto constitucional, por lo cual, nuestro país debe cumplirla. Una de las principales cuestiones es el derecho a ser oídos en todo lo que respecta a su formación e incluye el concepto de capacidad progresiva: un niño no es incapaz porque no es un objeto, sino un sujeto, la diferencia es que tiene capacidades diferentes según las edades y hay que escucharlo atendiendo a su maduración.

Nada de imponer nada. Las mujeres históricamente pasábamos de ser objeto-niño a ser objeto-mujer. Si culturalmente estábamos condenadas a ser objeto, es lógico que la violencia se justificaba porque siempre iba a haber alguien que tuviera el poder sobre nosotras y nuestros cuerpos. Es muy difícil sacar las raíces culturales más profundas que llevan siglos arrastrándose. Porque, aunque muchas cosas han cambiado (eso nadie lo puede negar), esa violencia de género o ese maltrato infantil arrastran con concepciones formadas durante siglos. Son capas y capas de polvo que cubren nuestra historia.

Aún hoy, muchos maltratadores no son condenados socialmente porque siempre es la mujer "la loca que lo provoca", "una histérica que lo persigue" y muchos no entienden que la violencia psicológica puede ser aún peor que la física. Las marcas no se ven, pero ahí están.

Confío en que de a poco las mujeres y los hombres también irán cambiando estos patrones culturales en sus hijos, irán enseñándoles que tienen derechos, que pueden reclamar, que tienen voz, que pueden gritar. Y, sobre todo, señor Freud, que nuestra sexualidad no se configura desde la falta de un pene porque nacimos completas, mujeres enteras.

domingo, 19 de agosto de 2012

La caverna

Ayer, estuve viendo parte de La educación prohibida que, si bien es un documental bastante repetitivo (por eso, vi solo una parte), tiene muchas cosas para pensar. Una es que esa famosa caverna de Platón (empieza justamente el documental contando de qué se trata) termina siendo la escuela.

Constantemente, hacen referencia a que la escuela actual está pensada como una fábrica, en que se miden tiempos, logros, conductas, etc. Pero, además, la escuela termina siendo consumista, es decir, del mismo modo en que se compra algo, se usa y se tira, con el conocimiento adquirido pasa igual: los alumnos estudian de memoria, lo escupen y lo olvidan.

La culpa no es de ellos, claro está, casi nadie enseña a pensar. La idea es igualar en conocimiento, que no es lo mismo que pensar la igualdad. Esta tiene que ver con ser iguales en nuestra diversidad y la diversidad podemos pensarla desde el concepto de alteridad. Recuerdo que, cuando Emilio Estefan, producía todos los discos de música latina, mi mamá decía que ese tipo era una fábrica de chorizos: todos iguales. Y, en un punto, la escuela puede terminar siendo esa fábrica de chorizos.

El mayor temor que tienen mis alumnos es cuando les doy a leer algo y les pregunto "¿qué pensás?". No les gusta. Cuando yo iba al colegio, pensar estaba mal, bah, lo que estaba mal era pensar diferente al profesor. Las pocas veces que me ofrecieron pensar y lo hice fue contraproducente para mis notas. Por ejemplo, la profesora Ramella de Literatura en 4to año siempre en la prueba nos daba como último punto a resolver que escribiéramos nuestro juicio crítico valorativo sobre la obra, es decir, debíamos decir si nos había gustado o no y por qué. Por lo tanto, imagino que podría haber evaluado argumentación en esa pregunta tan poco literaria (lo primero que nos hacen desterrar en la facultad es el concepto de gusto). Sin embargo, esta mujer evaluaba si mi gusto estaba "atrofiado". La vez que puse que no me había gustado lo que había leído, me saqué un 6 en la prueba. Cuando comencé a poner que era lindo, que me gustaba y bla bla mis notas comenzaron a subir. Otro caso similar fue cuando en 5to año algunos quería poner nuestro dinero de la fiesta para ofrendarle una plantita a la Virgen pidiéndole que nos uniera como grupo y me negué, me parecía un desperdicio, sobre todo, teniendo en cuenta que nos llevábamos bastante mal. Yo era muy católica, pero me parecía una tremenda pelotudez. Juro que de 9 la nota bajó sin escalas a 6. Mi nivel de catolicismo, evidentemente, estaba en baja.

Y lo malo de todo esto es que el pensamiento crítico desaparece. Y, cuando hablo de pensamiento crítico, hablo de reflexionar sobre todo, de pensar antes de hablar. Cuando salgo a pasear con mi perro, escucho siempre el comentario de que el perro es "malo" porque lleva bozal. ¿No será que lo lleva porque es un animal mediano que si se asusta puede mandarse una macana? Después, si los perros muerden a los niños, el animal es malo (concepto totalmente errado, dejemos de pensar animales malos y buenos). Mi perro lleva bozal porque puede pelearse con un perro, lastimarlo y lastimarse. Ama a los niños, ama a las personas en general. No es malo, es bruto. Y lleva bozal porque soy prudente. Sin embargo, la mayoría prefiere quedarse en la superficialidad del símbolo y no pensar. La mayoría prefiere quedarse en la caverna.

Y, si bien la deducción fácil del bozal no es grave, si lo es en otras cuestiones. Esta mañana, escuché a uno de los de Clarín hablando de los canillitas casi como si fueran vándalos solo porque exigen cobrar un poco más por el precio de tapa. Cuántos no se quedarán con la idea de que los canillitas están haciendo paro, probablemente, porque le quieren hacer un boicot a Clarín. Y así vamos, los docentes, los canillitas, los metrodelegados... todos perjudicamos a alguien cuando reclamamos algún derecho que es nuestro, según los medios, y a la larga es lo mismo que termina repitiendo el que consume eso. Porque seguimos consumiendo símbolos, porque seguimos consumiendo información y conocimiento.

Y hay algo que algún día deberemos entender y es que el conocimiento se produce, no se consume.

Y hay algo que yo deberé entender y es que aquello que pensaba que me hacía mala profesora como no revisar carpetas, que no me moleste que escriban con colores, que no me moleste que entreguen las respuestas desordenadas, es decir, ser tan anárquica en algunas cosas y no ponerles pautas a los alumnos, debe de ser una de las pocas cosas que hago bien. Porque lo único que me irrita es que me pregunten por qué los quiero hacer pensar.

jueves, 9 de agosto de 2012

Mi cara es un problema para el registro

En lingüística, el registro es hablar con lenguaje formal o informal según el contexto, muchas veces depende de con quién se esté hablando.

Mi cara en algunos contextos genera problemas de registro. El ejemplo es la situación que tuve hoy en el banco, adonde fui a pedir mi tarjeta de crédito. El señor comenzó tuteándome y me pidió datos para buscarla. Cuando la encontró, me dijo:

- Acá está, señora... o señorita.

Y me pidió el DNI. Se lo entregué, y me reprochó como si fuera mi padre (en tono cariñoso), que el mensajero había pasado varias veces por mi casa. Me pidió que firmara algo y, como no veía dónde había birome, me la mostró y me dijo:

- Acá está linda.

Con ese "linda" dulce que suele tener la gente mayor (¿me llevaría 20 años el señor?) con las criaturas.

Creo que el señor estaba desconcertado, me trataba como señora por el hecho de tener una tarjeta a mi nombre y me trataba, a la vez, como si tuviera 15.

Gracias, señor, fue un halago a pocos días de cumplir 31.

martes, 3 de abril de 2012

Recortando mapas

Tengo un bloqueo con Malvinas. Es un tema del que no puedo hablar por razones diversas. No puedo sostener lo que defienden muchos argentinos, pero no suelo exponer lo que pienso porque es un tema que trajo y trae mucho dolor.

Lo que puedo decir de Malvinas son dos o tres recuerdos que tengo. Uno es de segundo grado, nos habían pedido un mapa de las islas y mi mamá se olvidó de comprármelo. Cuando se lo recordé por la mañana, recortó un mapita pequeño de un librito que tenía mapas. Es decir que cometió el sacrilegio de cortar un libro, cosa que nos enseñó a no hacer jamás porque hay otros que no tienen y porque, luego, puede servirle a otro. Siempre adoré que mi mamá me trasmitiera sus aprendizajes de pobre, sobre todo, porque sé que en este momento podría perder todo y vivir igual. Pero, volviendo al tema del libro, creo que ella olvidó comprarme el mapa por el bloqueo mental que tenía con Malvinas. Todo se hereda.

Digamos que el único recuerdo que tengo de la guerra es el de mi madre en la cocina de Posadas, la luz entrando por la puerta que daba al patio y mi hermano mayor llegando contento por la guerra a mi casa, y mi mamá diciéndole que él no sabía qué significaba una guerra porque nunca la había vivido, que no hablara ni festejara. Aclaro que él tendría 10 años, yo no más de 8 meses. Y, sí, mi único recuerdo es una imagen construida por el relato que me contó mi madre. Porque mi madre tuvo el don de saberme contar nuestra historia siempre, de trasmitírmela, de pasarme el dolor y la negación por las guerras, de conseguir que yo pueda recordar lo que no recuerdo.

De eso se trata construir la memoria, imagino. Y, también, imagino que al cortar mi mamá un libro, lo desangró, hizo algo que, aunque ella nunca haya leído, le parecía un crimen, separó a esas islas del resto del mapa para que yo no tuviera problemas en la escuela porque ella había olvidado comprar un mapa por el bloqueo que le producen las guerras.

martes, 3 de enero de 2012

El receptor equivocado

Estoy queriendo aprender a ser tolerante y, para ello, descubrí que es importante descentrarse y entender que cada uno piensa lo que se le antoja.

Ayer, estuve mirando un poco de televisión brasilera y tuve dos momentos que me hicieron pensar una cosa y, hoy, pensándolo mejor, descubrí otra.

Lo primero fue una publicidad sobre tránsito, cuyo lema es "Se beber não dirija, o efeito do álcool passa, a culpa fica para sempre". Me espantó, lo primero que pensé fue que están dando el mensaje equivocado. Las responsabilidades viales lejos están de tener que relacionarse con la culpa, en mi opinión, tienen que ver con prohibiciones ligadas a leyes, es decir, son obligaciones de un ciudadano. La culpa se relaciona con lo religioso y mezclar la esfera religiosa con la ciudadana no me parece ni acertada ni conveniente. No me parece acertada porque, si tratamos de crear conciencia ciudadana desde lo religioso (no tomes porque si matás a alguien vas a vivir con culpa, por ejemplo), después, no hay argumento valedero si uno quiere que las decisiones en el congreso sean decisiones por el bienestar de la ciudadanía y que esas decisiones no estén relacionadas con ningún culto religioso porque, a mi modo de ver, una decisión parlamentaria o política en general no puede ser tomada desde un credo, ya que limita la idea de que una sociedad es un conjunto de diversidades y que no todos tienen que profesar la misma fe o alguna fe y regirse por esos preceptos.

La segunda cosa que me quedé pensando fue a partir de las novelas. Me quedé debatiendo en mi cabeza si tratan de ser realistas y reflejar una realidad o si, en verdad, solo reproducen el modelo de sociedad que desde arriba se quiere establecer. Comencé a pensar que siempre los pobres y los empleados son negros o mulatos o mestizos (digamos, todo aquello que un argentino resume en "negro") y que aquellos que llegan a tener dinero, clase, poder, etc. son los que podríamos decir que se "blanquearon", que tienen una cultura alejada de la cultura original, que pertenecen a la alta cultura y que la sociedad no los percibe como "negros". Para decirlo en modo amplio, el color excede a la piel, se termina vinculando con estatus y, muchas veces, con sentimiento como aquella vez que le dije a una alumna "que las morenas no entramos en el patrón de belleza renancentista" y me miró extrañada. Pero, volviendo al tema de la novela, me puse a pensar si estaba de hecho reproduciendo una realidad en el sentido de reflejarla o si lo reproducía en el sentido, si se quiere, industrial de fabricar un modelo a toda hora para que en la cabeza quede que el negro es porbre y empleado, y el rico es clase media o clase alta. Me espanté. Quise descentrarme y pensar cómo se da en las novelas argentinas y recuerdo que, en los famosos culebrones de los 80 y los 90, había pobres y ricos, pero los empleados no estaban siempre ligados a un color de piel o procedencia. Ahí, mi cabeza trató de contraargumentar con la famosa Carmiña, la empleada que era gallega y, también, pensé en Piel naranja o Amo y señor. En ambos casos, creo que se trataba de novelas realistas porque trataban de representar e, incluso, de incluir actores sociales que aparecían en la sociedad y darles un lugar. Digo creo porque, en estas cosas, todo depende con el cristal con el que se lo mire. Pero de algo estoy segura y es que Piel naranja y Amo y señor no estigmatizó a los paraguayos porque el protagonista y galán lo era, aunque no fuera millonario. También, digo que creo que no reproduce un modelo en el sentido de fabricarlo, ya que no es un modelo que se reproduce constantemente. Convengamos que Argentina es un país en el que la inmigración es constante y la procedencia es rotativa, podría haberse creado un modelo a partir de mostrar que siempre el inmigrante es el que lava los pisos, el portero, la mucama, etc. y, sin embargo, los roles no están fijos en ese sentido.

Esto es un tema más profundo de lo que se puede decir en un blog, se puede debatir horas. Imagino que todos los modelos que uno compra y que a uno le venden, y las concepciones del mundo que uno tiene para poder leerlo luego tienen que ver, en estos casos, con la formación de nuestras identidades de país, ligadas, entre otras cosas, a procesos de independencia.

Cuando le comentaba estas dos apreciaciones a Dulcinea esta mañana, en un acto totalmente egocéntrico, le dije "equivocan el mensaje". Pero me corregí inmediatamente y dije "soy el receptor equivocado". Cuando uno piensa en el circuito de la comunicación siempre tiene que tener presente que los discursos se arman para un determinado público y, evidentemente, yo no soy ese público.

De eso imagino que se trata ser tolerante, de empezar a ver que los otros no están equivocados, sino que ven y piensan diferente. Sin embargo, voy a tener un acto final del más puro egocentrismo: estaría bueno que trataran de cambiar el mensaje.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Divagaciones

Machado de Assis desbordaba modernidad, se adelantó a las vanguardias por decirlo en modo amplio y grosero. Cuando él escribía, allá por finales del siglo XIX, el modelo literario de la época era el realismo. Se escribía en tercera persona omnisciente, es decir,  un narrador que todo lo sabe y sabe tanto que puede describir todo con lujos de detalles, incluso, los pensamientos de las personas.

Machado fue criticado por Eça de Queiroz, escritor portugués que se atenía a las normas del realismo. Lo criticaba porque Machado había decidido escribir realismo en primera persona. ¿Cómo era posible, entonces, que reflejara fielmente la realidad? Machado decía que la realidad era eso, lo que cada uno concibe como tal, lo que cada uno ve o percibe o construye. Machado podría explicarles muchas cosas a los periodistas de hoy. Lo que las vanguardias conciben como ruptura a partir de la construcción onírica y de más para la representación de las percepciones sobre el mundo, Machado lo hizo desde el propio realismo, rompió dentro del molde. A Machado, evidentemente, le faltaba una guerra mundial en el medio.

Todo esto viene a que, evidentemente, como lo muestran los personajes de Machado, nadie sabe la realidad como un todo, para cada uno es una construcción diferente que depende de múltiples factores y cada uno la construye con lenguaje que no es igual de una persona a otra.

Muchas veces, me pregunto si mis gatos son realmente como creo que son o si son de un modo en su vida diurna conmigo y de noche son otros.

Jacinta se mostraba semi salvaje cuando recién había llegado a casa, pero, ahora, es un dulce gato doméstico. Sin embargo, por las noches, algo sucede y, al levantarme, el pollo que durante el día no come desaparece y aparecen restos de la basura por el piso. ¿O será León el que hace eso? Porque es León quien rasca mi puerta y no Cuqui como siempre creí, ella se murió y hay alguien que insiste de vez en cuando para entrar. Si esto pasa en mi percepción de los animales, mucho más nos sucede en el plano humano.

¿Quién fue que me despertó el otro día rascando los cables de mi habitación si acá adentro no estaba ninguno de ellos? ¿Acaso el recuerdo de Cuqui, quien definitivamete no va a volver? Dice Haroldo Conti que la muerte es otra vida, otra forma de consistir, no un per saecula definitivo, los muertos son todavía. En algún punto, Cuqui es todavía, mientras viva en mi recuerdo o en el de alguien que pueda contarla. Creo que era Agamben el que decía que siempre quedará alguien para contar la historia.

Releyendo "Las 12 a Bragado", me di cuenta de que recuerdo en la misma forma, los seres aparecen allí de nuevo. No puedo contar la cantidad de veces que sentí el pelaje y las orejitas de Cuqui entre ayer y hoy.

Y del realimo llegué a esto. Y, en fin, es bueno pensar que Haroldo también es todavía, lo leo y siento que me cuenta un cuento, que está ahí en cada palabra.

domingo, 9 de octubre de 2011

"(...) en cierto modo, él era el tiempo (...)", Sudeste, Haroldo Conti

Mi relación con Haroldo Conti (porque uno forja una relación con los escritores que admira) comenzó cuando cursaba con mi colega y amiga, Noelia, Problemas de Literatura argentina. Llegué a esa materia por mi ansiedad por recibirme y era justamente PD (promoción directa). Saltear un final era lo que más deseaba, me acercaba más a la meta con esa cinta que dice "Final" a la que uno llega corriendo exhausto, pero con los brazos abiertos por la felicidad.

Entre mate y mate, mi amiga tomaba apuntes y yo cebaba, comía y le decía "cerrá los ojos y escuchalo a Romano, decime si no pareciera que Gillespi nos está hablando de literatura argentina". Luego, yo copiaba sus notas y leía lo que correspondía en casa. Recuerdo que ese cuatimestre había sido complicado, como casi todos los segundos cuatrimestres en la facu, siempre cargados de paros y de anuncios apocalípticos sobre que nos quieren privatizar la universidad. Había habido algunos recortes en el programa, recuerdo nunca haber leído El frasquito, por ejemplo. Y recuerdo que la profesora había encontrado una relación lésbica en Las ratas, algo que era producto de su imaginación, sin dudas. Recuerdo que en el parcial me saqué la misma nota que Fernando, alias Willy baterola, que era un vago, pero para la profesora poseía una cualidad que yo no, ser el ahijado del profesor.

Para la monografía, teníamos que elegir un libro del programa y seleccioné Mascaró, el cazador americano porque había seleccionado previamente Crisis como revista de mi interés. Al principio, la lectura me resultó engorrosa hasta que vi más allá y el arte en esas páginas me contagió la alegría y la liberación. Desde ese entonces, luego de haber leído entrevistas de Conti, me apasioné como siempre hago con lo que me agrada, es decir, me convertí en una fundamentalista.

No volví a leer nada de él hasta que, cuando cursaba Didáctica Especial con mi compañera de ruta (éramos las chicas de aros grandes para la profe), nos dieron una serie de cuentos para leer, entre ellos, "Las doce a Bragado" y quedé maravillada. Recuerdo que teníamos que elegir un par que hipotéticamente daríamos en la escuela y fundamentar. Le dije a la profe que me había fascinado, pero que había mucha nostalgia por el pasado y que los adolescentes no conocían aún eso, que se aburrirían fácilmente. Ese mismo año, hice mis prácticas en el Normal 9 y mi hermano me dijo que allí había trabajado Conti, dato que no corroboré nunca, pero me gustó la idea de saber que pisaba sobre sus pasos, sobre los pasos de Mascaró.

Pasó el tiempo, me recibí. No leí nada más de Conti. Me dediqué a varias cosas hasta que cinco años después de haberme recibido entré a trabajar como profe en el Colegio Manuel Belgrano. Este año, me detuve a leer una placa y vi su nombre y supe que había trabajado allí. No puedo explicar cómo me sentí al saber que pisaba sobre sus pasos, que esas paredes lo habían oído. Y me dije tienen que saber de esto mis alumnos porque, más allá de lo que los pueda entretener o no, la vida me llevó a sentirme en la obligación moral de que conozcan a un escritor que pasó por el colegio.

Años después de haber dicho que no le daría a leer Conti a un adolescente, debo transformar esa negación en la afirmación más categórica. Y, para ello, decidí ir en su búsqueda y conocer más de él. Leer un poco más, conocerlo. Y fui a una librería ayer y le pregunté el precio de tres libros a una de las chicas que trabaja allí y me sonrió y me dijo que Conti es su autor argentino preferido. Y él nuevamente estaba en mi camino.

De él me diferencio profundamente en él amor por la naturaleza que tenía y su poco gusto por tener que trabajar como profesor. Yo soy lo opuesto. Me sentí unida a él cuando oí que él decía que no le gustaba Buenos Aires, que no quería a Buenos Aires y en aquello de que los libros que escribía lo hacía como vida que vivía y no como monumento literario que dejaba.

Comencé contando esto desde mis recuerdos, porque el maestro en escribir sobre el pasado-recuerdo, construir una memoria, la propia, y darle vida al tiempo era él, sin dudas. Contar esto desde el recuerdo es solo querer homenajearlo, aunque no lo haga como él.

Una semana después de su desaparición, Galeano escribía "¿Andar duele? Al final del recorrido no está la eternidad sino nosotros. No te detengas. No te vayas a caer, que te andamos precisando. El río se vuelca en la gran vertiente y moja y abraza las islas solitarias. Así nos dan tus palabras agua y calorcito. ¿Está muerto? Quién sabe. Hoy hace una semana que lo arrancaron de su casa. Le vendaron los ojos y los golpearon y se lo llevaron. Tenían armas con silenciadores. Dejaron la casa vacía. Robaron todo, hasta las frazadas. Los diarios no publicaron una línea. Las radios no dijeron una palabra. El diario de hoy trae la lista completa de las víctimas del terremoto de Udine, en Italia. Hoy Marta me estrujó llorando, y me dijo: "Dame fuerzas". Ella estaba en la casa cuando ocurrió. También a ella le habían vendado los ojos. La dejaron despedirse y se quedó con un gusto a sangre en los labios. Hoy hace una semana que se lo llevaron y yo ya no tengo cómo decirle que lo quiero y que nunca se lo dije por la vergüenza o la pereza que me daba".

Y ya hace muchos años que se lo llevaron y lo seguimos necesitando. Y yo no tengo cómo decirle que lo admiro. Pero, en cierto modo, él era el tiempo y volver a sus libros es revivirlo.

No te detengas Haroldo, no te vayas a caer, que te andamos precisando.

sábado, 17 de septiembre de 2011

Para payasos, el Gitano

Hace como un mes, vi una peli de Alex de la Iglesia que se llama Balada triste de trompeta. El título hace alusión a una canción de Raphael, que canta vestido de payaso.



No escribí en ese momento el análisis que hice por cuestiones personales y porque me daba igual, pero, la verdad, algunas cosas me dan cada vez menos igual.

Brevemente, en medio de una función de circo, los payasos y el público son arreados por un militar republicano muy mala onda para que vayan a pelear. El payaso termina detenido, construyendo, junto con otros presos, el Valle de los caidos. El hijo de este señor desea ser payaso como el padre y este le dice que solo podrá ser el payaso triste porque no tuvo infancia. De grande, entra en un circo y el payaso alegre, bello, galán, es un hijo de puta que le pega a la novia delante de todos y todos callan. Pero a ella le gusta en algún punto y el payaso triste, por defenderla, termina loqueto-loqueto (como mi León) y violentazo.

En suma, esto parece querer mostrar una alegoría de la España franquista. El payaso alegre, el que manda, del que se ríen cuando deben hacerlo es quien domina a España, la chica hermosa a la que le gusta que le peguen. El payaso triste parece ser esos republicanos que perdieron la guerra, que quieren proteger a la chica y cuidarla y, según la visión de la peli, termina siendo la misma bosta que el otro. De hecho, la escena que explicaría esta alegoría es la del asesinato a Carrero Blanco, cuando el payaso triste se acerca a un coche en que están los etarras que pusieron la bomba y les pregunta "¿de qué circo salieron?". La niña bonita es asesinada por ambos, sin quererlo ninguno de los dos en el mismísimo Valle de los caídos.

Primero, quiero decir que la Historia no es un circo y menos la que duele. De cualquier modo, entiendo que es arte y que los payasos tienen esa cosa detestable para muchas personas, ese trasfondo medio satánico.

Lo que no me gusta de la peli es esta idea de que todo es igual porque no lo es. Porque una cosa es dar un Golpe de Estado, lo de Franco eso fue y otra muy distinta es pelear para defender un gobierno constitucional. Y el bando vencido defendía una constitucionalidad, defendía los derechos que llevó mucho tiempo conseguir. Eso mismo fue lo que hizo Allende en Chile, peleando en La Moneda contra el Ejército, defender la soberanía del pueblo.

De hecho, y con lo quiero a Raphael, este sujeto era un poco a favor del régimen, cantaba el famoso "Digan lo que digan". En otro momento, hablé cómo el cantante de balada puede cantar de política y este era lo contrario a mi amado Nino, que cantaba por la libertad, sobre los exiliados y sobre la soñada América de los 60.




No todo es lo mismo, por eso, para payasos cantando, me quedo con el Gitano. Bravo payaso, bravo por ti.

sábado, 9 de julio de 2011

Muertos, pero de pie como los árboles

Mi madre leyó un único libro en su vida, de un asturiano como ella. Los árboles mueren de pie de Alejandro Casona. Antes de tener la curiosidad de leerlo, ella me enseñó la frase "muertos, pero de pie como los árboles". Ella es así y me lo transmitió. De grande, leí sus obras y me fascinaban porque tenían final feliz, la chica y el muchacho siempre terminaban juntos. Luego, llegué a Lorca y Casona ya no me pareció tan bueno, Lorca me mostraba la realidad de España y nunca entendí el exilio de Casona.

El año pasado, leyendo a la genial Almudena, me enteré de que Casona participó de las Misiones Pedagógicas que organizaba la República española llevando su teatro a los pueblos más pequeños. Él lo hacía porque, alguna vez, el teatro había llegado al suyo y lo había hecho soñar. Entonces, fue cuando comprendí los finales felices de sus obras, transmitir felicidad no solo es mera distracción, es un arma también, como transmitir la pasión por la lectura. Entonces, entendí su exilio.

Y cerré un poco mi círculo. Siempre estuve en duda de si decididría ser gallega o asturiana cuando fuera a renovarme el pasaporte y no me quedan dudas de que en la cultura, en el alma, soy gallega, pero que en la cabeza y en la sangre, que lucha y fluye, quiero ser asturiana.

Porque antes de estudiar Letras quería ser docente porque siempre supe que no podía cambiarle el pasado a mis padres, pero sí podía hacer algo por ayudar a los chicos que vinieron a este mundo y están en las condiciones que ellos estuvieron. Y, en el Belgrano, encontré a muchos de ellos.

sábado, 25 de junio de 2011

Lilita no sabe nada del amor

Dice que el duelo por un marido son dos semanas, no seis meses. En ese momento, me pregunté a cuántas personas o seres amó realmente. Estuve mínimo seis meses llorando a un gato, mi gato, y reconozco que a veces recordarlo a él o a la gata de mi hermana me hace un nudo en la garganta.
Cada vez que Lilita dice algo así, no puedo evitar pensar en la mamá de mi amiga, quien enviudó hace un año y un poco porque el dolor y la soledad que tenía esa mujer era imposible de describir porque, aunque uno hablara con ella, siempre la veía sola y sabía que no podía llegar a lo profundo.

Hablar del dolor ajeno gratuitamente me pone de los pelos. Hace 19 años que ocurrió un suceso que empecé a sentir mucho más con el paso del tiempo, quizás, porque fui quitándome de la cabeza la negación al dolor. Si no podía contarle a cualquiera, que es lo mismo que contar con cualquiera, era porque quería que evitaran opinar de lo ocurrido, de mi familia, de mí. Esto último creo que no pude evitarlo ni siquiera con las personas a quienes les confié la situación porque creo que han construído sobre mí la imagen de alguien fuerte, que soporta todo y no es así. Nadie en el mundo soporta todo. Y lo grave de que alguien crea esto es que, en el momento en que lo necesita, no tiene compañía.

Pero, como decía, Lilita no sabe nada del amor si piensa que un duelo, cualquier sea, dura dos semana.

domingo, 12 de junio de 2011

Salud, compañero

Acabo de recibir la noticia de la muerte de Jorge Semprún, un escritor que me fascina, aunque no me haya devorado todos sus libros.

Siempre me resultó complejo leerlo, por lo fragmentario de sus textos, por todas las referencias políticas, filosóficas, poéticas... siempre encontré mucha información acumulada que se me escapaba de las manos, que intentaba atajar, retener, comprender. La vida es fragmentaria, compleja, intrincada, nunca fácil y lineal.

De los libros que leí, tres que valieron la pena, no había un abordaje ficcional, sino que relataba partes de su historia, la mejor ficción que podría haber contado porque, lejos de necesitar escribir para crearse mundos de aventuras, su vida fue una gran aventura, campos de concentración en Alemania, vida clandestina en la España de Franco. Hice el intento de leer uno de sus libros de ficción más conocidos, La segunda muerte de Ramón Mercader, y debo confesar que no me generó lo que los otros, los que hablan de su vida. Tal vez, este sea un buen momento para retomarlo, para darle vida a sus palabras.

Como acabo de escribir en otro lado, esa fue una vida que mereció la pena ser vivida. No sé si vale la pena llorarlo, no creo que su vida haya sido digna del llanto. Por otra parte, no sé si es válido llorar una muerte que sucedió hace unos días.

Sí sé que ya no está más en este mundo y que este señor merece que levantemos una copa en su honor por lo que ha hecho en nombre de la libertad.

lunes, 30 de mayo de 2011

Gracias, Majul

Ayer, en un rapto por huir de Luis Majul, comencé a cambiar de canal, primero, buscando a Víctor Hugo. Obvio que salí ganando. Estaba con tres Victorias, tres nietas recuperadas, qué raro eso de seguir llamándolos niños, ¿no? Mientras no estén los que no están, seguirán congelados en su pasado real, en el pasado de su propia identidad, los adultos que son, no son ellos aunque lo sean. Fue interesante escucharlas, aunque uno termine escuchando la misma historia que se repite con diferentes caras y distintos matices.  A veces, escuchar lo mismo al infinito no está mal, sirve para ir haciendo surquitos en nuestra cabeza.

En la propaganda, reconozco que no pude contenerme sin cambiar de canal y llegué a 6 7 8. Estaba mi amado Sacristán y, por supuesto, me quedé escuchándolo, mirándolo, admirándolo. Lo que planteaba tiene que ver con la "indignación" de los "indignados" en España. Decía que sin política como ellos plantean (aunque no dejó de decir que está con ellos, que hubiera ido a la plaza) no es posible continuar, que de eso se aprovecha la derecha y que él está cansado del discurso que plantea que los políticos no sirven porque, durante cuarenta años, ha escuchado a Franco decir eso. Me alegró saber que vota por Izquierda Unida, aunque no lo dudara.

Y, aunque mi paso por esos programas fue breve, tuve la sensación de que no toda la tele de domingo es una porquería y que, efectivamente, algunas cosas nos permiten pensar, nos abren la posibilidad a hacerlo. De hecho, sé que hace mucho que no escribo en este espacio sobre cuestiones totalmente externas a mí (¿totalmente?) y que tiene que ver un poco con que necesité que algo me absorviera el seso.

Y, efecticamente, me levanté hoy, encendí la tele con Arriba Argentinos de fondo y una de las primeras noticias que me escupió a la cara es la del desalojo en Bajo Flores y, obviamente, es el momento de hablar de Shoklender, para hacerlo indirectamente de las Madres y, así, darle más indirectamente al Gobierno. ¿Algún día, el grupo que maneja la apropiadora se atreverá a decirles nuevamente "locas" a las madres? Falta coraje. ¿Algún día, los periodistas del grupo se atreverán a decir que están a favor del ADN? Falta coraje.

Gracias, Majul, si te aguantara, me hubiera perdido del resto. Más allá de tu chatura mental y de Grupo Clarín, hay un mundo de gente que no me escupe "realidades", sino que me ofrece las palabras de gente como Ramonet para poder masticarlas y digerirlas del mejor modo posible para que, con eso, pueda ver cómo cambiar las cosas y no solamente quedarme asustada, petrificada, inmóvil frente a simples palabras.

sábado, 23 de abril de 2011

Las cosas insólitas de la feria

Todos los años, la feria del libro tiene algún hecho insólito. Esta vez, me tocó de público visitante. Y si hay una situación o persona extraña que pueda pegárseme, denlo por seguro que se me pega.




Fui a la editorial Tusquets para averiguar por un libro que daba por sentado que aún no había llegado a la Argentina. Le pregunto al vendedor, lo busca en la lista y lo encuentra. Su comentario fue que era un pedido raro, ya que el libro no le sonaba, pero, si existe algo que es difícil de encontrar, seguro es algo que Mariana desea (tendré que pensar seriamente en hacer terapia y hablar del tema). Una vez en su mano, el vendedor se dispone a buscar el precio y no lo encuentra, le parece extraño, pero me dice que lo lleva a la caja. Uno de los cajeros toma el ejemplar en sus manos y el otro se lo retira abruptamente y le dice que ese libro no está todavía a la venta y que, evidentemente, llevaron todos los ejemplares del depósito. El muchacho de al lado me pide disculpas, ya que, si bien yo había palpado el libro, es todavía virtual.


Conclusión, no todo lo que percibimos con los sentidos son sustantivos concretos, este era un tanto abstracto todavía.



Debería haberme abrazado a él y salir corriendo ¿no?




Del poco dormir y el mucho leer, se le secó el cerebro...

Hoy, 23 de abril se conmemora el día del idioma castellano debido al aniversario de la muerte de Cervantes. También, se dice (en esto, no hay certezas) que el mismo día del mismo año habría fallecido Shakespeare.



Este día de hoy, es San Jorge o Sant Jordi para los catalanes, quienes conmemoran este día regalando libros o claveles. ¿No es hermoso? Pero lo llamativo de que San Jorge coincida con la muerte de Cervantes o que él haya justo muerto este día es que su hijo más conocido, don Quijote de la Mancha, tenía dos caballeros a los que admiraba (dejando de lado a Amadís), que eran Santiago Matamoros, quien se convirtió en caballero una vez muerto ayudando al Cid Campeador y, si creemos las visiones de Bernal Díaz del Castillo, también, ayudó en la conquista de México. Por otra parte, lo que admiraba en San Jorge era lo opuesto, era el caballero andante que se convirtió en santo, algo que don Quijote podría conseguir siendo caballero.



Por otra parte, en el Quijote de 1615, don Quijote y Sancho se dirigen a Zaragoza, pero, al oír que un tal Avellaneda había escrito una continuación de sus aventuras que los conducían a dicho lugar (y eran apócrifas) deciden cambiar el rumbo e irse a Barcelona. Barcelona, lugar en que se celebra Sant Jordi, aunque ellos fueran por otros motivos.



Dudo de que en la época de Cervantes el día de Sant Jordi se regalaran libros, pero qué le hubiera gustado más a su Alonso Quijano que recibir uno.




Todas estas no dejan de ser meras casualidades, pero, debido a la muerte del padre de don Quijote un día de San Jorge, es que hoy conmemoramos el día del castellano.