Ensonnacionesmarianas es un blog abierto a la reflexión propia y ajena sobre cualquier tema sobre el que deseemos pensar. El ensueño tiene que ver con la idea antigua del sueño como camino al conocimiento (por ejemplo, El primero sueño de Sor Juana).
Según dicen, los hombres, por haber sido cazadores, se ocupan en una cosa por vez (menos en las mujeres, obvio). En cambio, las mujeres, al haber sido recolectoras, pueden fijar su atención en varias.
Si observamos a un hombre viendo un partido de fútbol, veremos que están atentos sólo a eso. Les molestan los comentarios pelotudos de las mujeres, si suena el teléfono, seguirá sonando, si se muere el vecino, se enterarán en el entretiempo, etc. Pero, en esa concentración, están atentos a cada jugada, todo lo que pasa en el campo de juego es estudiado y analizado.
Si, ahora, miramos a una mujer viendo a Rial o Bailando por un sueño, ella estará escuchando y/o viendo el programa, tomando mate con la amiga. Mientras mira el programa, está atenta a los chismes del espectáculo, los chismes de la amiga, a sacarle el cuero a medio planeta, tal vez, esté cocinando y jugando con el hijo, y hablando con el marido por TE. Sin embargo, sabe qué fue lo que dijo Rial sobre la Escudero.
En un auto, el hombre está atento a sólo la situación que lo concierne. Observa las "jugadas" y está atento, nada lo dispersa. Una mujer, por el contrario, maneja, se maquilla, se mira al espejo, reta al nene, re putea al marido, critica a la mina que va en el otro coche, se queja del tiempo, etc.
Quiero llegar a salvo. Los hombres manejan mejor. Con la única mujer que me subo a un auto tranquila, es con mi cuñada Sandra, que maneja cual hombre mirando un partido.
Ayer, me sentí un extraterrestre. Sí, sí, fui hacia la parte del Alto Palermo. Hacía mucho tiempo que no caminaba por la calle Santa Fe mirando vidrieras y, mucho menos, iba al shopping.
Bueno, mi sorpresa vino por varios lados. Aclaro que no por los precios en sí mismos porque eso me lo podía imaginar. Lo que primero me llamó la atención fue un vestidito. Cerca de mi casa hay uno de esos negocios de ropa que ahora venden por 15 o 20 pesos una prenda. Ayer, justamente, me compré un vestidito de modal por 15. Resulta que, hace un tiempo, la ropa está toda hecha con las mismas telas. Ya el valor no está en la confección porque ésta es igual en todas las prendas. Quiero decir, las debe de hacer el mismo fabricante con diferentes modelos (espero no estar comprando trabajo esclavo). Pero no era a ese punto al que iba. Volviendo al vestidito que me llamó la atención, era otro modelo diferente al mío, la misma tela, pero a 100 pesos. Sí, el valor está en la zona en que esté en la vidriera.
Seguí mi camino, entré en el shopping. Lo primero que noté es que mis años no eran los mismos de la última vez en que fui, antes iba a divertirme (esta vez fui para hacer tiempo). Mi ropa no encajaba mucho con la de las personas que rondaban por ahí. Otra cosa que noté es un montón de marcas y casas de ropas carísimas que estaban en liquidación (supuestamente). Vi otro vestidito. Ahora, las mujeres sabrán, se pusieron de moda unos strapless que vienen fruncidos en la parte del pecho y con flores abajo. Quienes tenemos madres modistas, como Valeria Grance y yo (una vez fuimos a comprarle a una remera a Cecilia y fue de terror, les veíamos los defectos a todas), sabrán que esas telas se compran así y que sólo es coser una línea recta y un ruedo. No hay más mano de obra. Pues bien, yo me compré uno así hace un mes a 30 pesos porque no sé coser y no quería joder a mi vieja. Sé que, por el tipo de trabajo, no lo vale, ni siquiera por la tela, pero era barato de cualquier modo. La chica no lucró con eso más que lo que correspondía. Bueno, ayer, vi ese tipo de vestido por 100 pesos.
Cuando emprendí la retirada, deseando no volver a ese otro planeta, vi que, en la entrada de Santa Fe, hay un puesto que vende pan. No lo puedo llamar panadería porque ellos mismos se denominan "Casa de pan", o sea, es más top ¿viste?, tipo, nada, suena más francés, ¿no? es como decir chez le boulanger. Esto fue too much, perdón, quiero decir demasiado...
Mi pregunta es si, en Brasil, invocan tanto a Dios para ver si se acuerda de ellos porque o Dios no es brasilero o lo es y atiende lejos o no existe.
Rio, la ciudad maravillosa, me da tristeza. Viendo mis fotos, mi hermana me pregunta que cómo puedo decir que es una ciudad fea y es que no lo es. Es una especie de postal a la que a uno le da miedo ensuciar, el fondo perfecto para sacar fotos. Sin embargo, cuando viajo, trato de no ir como turista aunque lo sea. Me gusta acomodarme al lugar, sentirlo familiar y hacerlo mío y hacer mi vida como si yo le perteneciera de siempre. Sé que eso es un problema mío con respecto al nomadismo de mi familia, entonces, viajar se me convierte en una tortura y abandono familiar, etc.
A partir de este momento, voy a pedir disculpas si alguien se siente ofendido y/o contrariado. Voy a decir algo que puede sonar a arrogancia argentina, pero es lo más sincero. Creo que en muchas cosas estamos mucho mejor que Brasil, pero mucho. No me pregunten de la economía y las cifras, sólo voy a contar cosas que vi y conversé.
Desde la primera vez que fui a Brasil, todo lo que tiene que ver con enseñanza de idiomas me pareció tristísimo. En general, enseñan quienes son nativos de un lugar o vivieron en él. ¿Profesores diplomados? (Cuando hablo de estudios, no me refiero al cursito que les da la institución antes de empezar, el cursito porongocho no te hace profesor) . No conocí muchos (no conocí ninguno, no quiero decir que no haya). Creo que por ese motivo a los brasileños les cuesta tanto hablar en español y confunden (incluso, teniendo bastante tiempo de estudio) el "usted" con el "tú", algo básico: lo formal de lo informal. Por lo que me comentaron, además, los cursos salen el doble de lo que pago yo acá sin contar que el real está a dos pesos, o sea... carito ¿no? En cuanto a las universidades públicas, sólo puedo comentar sobre la carrera de Letras en la UFMG. Por lo que me dijeron, una de las mejores universidades estatales de Brasil. Bueno, asistí a un par de clases de una materia introductoria hace un par de años y tuve ganas de llorar, Panesi se hubiera hecho un haraquiri. Entre otras cosas, un alumno me comentó que estaba cursando cinco materias y que leía un montón. Cuando me mostró los apuntes, no sabía si reírme o llorar: juro que para una materia leí más que él para cinco. Ese fue el conflicto de muchas brasileñas que conocí en la UBA que hacían maestría en Letras. Para empezar, algunas que eran profesoras de español, mal lo hablaban, daban lástima.
En cuanto a seguridad, ni hablemos. No niego que, en Argentina, haya problemas de inseguridad, pero estamos un poco distantes de semejante crimen organizado por los narcos. Dejemos de decir que estamos como en Colombia o Brasil. Estando allá, no sólo me dijeron cosas como "esta es una zona de bala perdida" o cosas por el estilo, sino que vi la noticia de cómo el Comando Vermelho (grupo narco) invadió Niterói para apoderarse de la venta en ese lugar. Juro que no lo podía creer.
Tampoco voy a negar la pobreza y la desigualdad de mi país. Pero juro que me parece una guarangada la ostentación y el lujo en algunas zonas de Rio, parecen las fotos que uno ve de Miami, da la sensación de no estar en Sudamérica. Y, por el otro lado, las grandes favelas, por todos lados. Y la tristeza que me dio el día en que un chico que hace malabares delante de los autos se levantó la remera y dio la vuelta antes de empezar y me dijeron que era para que viera que no lleva armas. Me pregunté dónde estaban esos 19 millones que Lula sacó de la pobreza. Y no es que tenga algo en su contra, muy por el contrario.
Lo que puedo sacar en positivo de esto es que, en Rio, la pobreza está a la vista de la gente, te golpea en la cara día a día. Está en lo alto como el Cristo, mostrando sus brazos. Nunca la podrían poner detrás de un muro o vallarla como quiso Macri.
Cómo me gusta Argentina.
PD: Lilita dejá de hablar de Brasil.
PD: lo que escribí es mi opinión, es obvio que sólo es una parte del todo.
No fue a las cinco de la tarde, a las cinco en punto de la tarde. No. Fue secuestrado en la casa de uno de sus amigos (no se puede llamar a eso detención) y llevado a "paseo", eufemismo que se usaba en España para hablar de fusilamientos. Dicen que murió un 19 de agosto, pero tampoco es un dato certero, se sabe que murió por esas fechas. A su padre, le habían pedido un rescate, el cual fue pagado por él cuando su hijo estaba ya muerto, aunque él no lo supiera. Esto fue durante la guerra. Y aunque quisieron callarlo por republicano y por ser declaradamente homosexual, mataron el cuerpo de un gran dramaturgo y poeta. Pero sigue vivo.
Entre otras cosas, Wikipedia aún hoy dice que su cuerpo fue enterrado en una fosa común junto a los cadáveres de un maestro nacional, Dióscoro Galindo, y los de los banderilleros Francisco Galadí y Joaquín Arcollas, ejecutados con él y cuya fosa se encuentra en el paraje de Fuente Grande, en el municipio de Alfacar, provincia de Granada. Sin embargo, esto creímos muchos por mucho tiempo. Nunca habían exhumado los cuerpos. Siempre tuve la intención de ponerle flores en ese lugar cuando fuera a Granada porque nunca fui a Granada.
Este año, sentí felicidad cuando dijeron que, por fin, harían las excavaciones correspondientes a pedido de algunos familiares de los otros fusilados. La familia de él se oponía. Pero yo, aunque no me una la sangre con él, siento que me unen esas obras trágicamente españolas, que llevo en la sangre y, también, Buenos Aires. Caminando por Avenida de Mayo, veo el teatro en que estrenó algunas de sus obras, el Teatro Avenida y, también, las placas que lo recuerdan en el Hotel Castelar (lugar donde recrearon la habitación en que se hospedaba) y en el bar Iberia, bar en que pasó tiempo Federico, antes de la guerra claro, si su muerte vino con ella. Ese bar en que supieron juntarse los españoles republicanos y que está en frente de un banco que supo ser el bar España, lugar de encuentro de los nacionales. Y, aunque suene raro, llegó a haber una disputa callejera en que se tiraron sillas de una vereda a la otra porque la guerra había venido con ellos.
Las excavaciones se hicieron y no hay muestras de que nunca nadie haya sido enterrado allí. Cuando leí eso en el diario ayer, casi me pongo a llorar al pensar que Federico, mi Federico, es un desaparecido más. Y es que, aunque no tuviera una tumba propia, sabíamos y teníamos la certeza de que estaba allí. Certeza que perduró, nada más y nada menos que 73 años, la misma edad que tiene mi papá, toda una vida. Y es que fui muy feliz cuando en España empezaron a luchar por recordar con libertad y no digo a recobrar la memoria porque todos sabían y callaban. Pero la memoria o los saberes populares, a veces, fallan. Y la tumba no estaba allí, ni sus huesos.
Porque aunque fuera una fosa común era saber que era su tumba, su memoria, su reposo. Y, de pronto, esos 73 años se esfumaron, para saber que hay que buscar un cuerpo más, varios cuerpos más: el de él y el de quienes con él estaban.
Porque sólo él hubiera podido escribir una muerte tan trágica.
Dice mi amigo Semprún (que no es mi amigo, pero mis escritores preferidos lo son) "el adjetivo reemplaza al concepto, evita la búsqueda de una definición o de una crítica coherente".
Esta frase me pareció iluminadora. Actualmente, los medios y gran parte de las personas que opinan (todos somos opinólogos, categoría de persona que siempre tiene algo que decir sobre algo que no conoce a fondo) adjetivan o califican las cosas o los hechos (a veces, un simple adjetivo, sustantivo o verbo puede dar más una valoración que una definición) sin argumentar en forma coherente. La crítica actual no es coherente. Por ejemplo, la palabra "caos" para hablar de tránsito, "inseguridad" como lema político, "pobreza" como un ídem, etc. Entonces, ¿dónde está la argumentación por detrás de la palabra?
Malentendemos la idea de "criticar", "crítica" y "ser crítico". No quiere decir descuartizar en forma despiadada todo lo que no nos gusta, sino poder hacer un análisis de cualquier objeto (alguno en particular) con argumentos coherentes, sólidos, con fuentes, etc. Ni siquiera pido objetividad porque esta objetividad pretendida me parece irreal, todo sujeto es subjetivo siempre.
En estos malosentendidos, terminamos por no hacernos cargo de los propios dichos cuando caemos en el error. En este descuartizamiento de todo, estuve viendo por 20 días más o menos el reality de la desaparición de la familia Pomar. Nos vendieron todo tipo de historias y, ayer, cuando encontraron sus cuerpos, escuché a un periodista indignado decir todo lo que habían dicho, pero echándole la culpa a la policía. Probablemente, la policía haya cometido errores y en eso no voy a entrar. Pero los periodistas, en este punto, tienen ciertas responsabilidades. Cuando dicen la palabra "hipótesis" (sea una o sean muchas) tienen que entender que son "hipótesis". Y creo, desde mi humilde rincón, que no deberían decir todas las cosas sobre las que se investiga porque creo que caen en el chusmerío barato, en la historia novelada que vende en el momento, sin pensar en la familia que hay detrás. No digo que no informen del hecho, pero podrían hacerlo de otro modo o simplemente mostrar las fotos como ayuda en la búsqueda.
Los domingos acostumbro a comprar el diario, mejor dicho, el gran diario argentino. Que debe de ser "gran" por la cantidad de papel que trae.
Este domingo, como todos los domingos, lo hice. Al llegar a casa, lo deposité en la mesa. Cualquiera pensaría que lo hago para informarme, pero no, no compraría ese diario para hacerlo. En principio, es una cuestión de costumbre, pero hay una razón más importante: cubrir el pis de mi perra. Sí, sí, mi perra, entre diferentes traumitas que tiene, no hace pis en la calle.
Y he aquí la explicación de por qué compro ese diario no otro. Debo confesar que lo mío fue un análisis del material, la calidad del papel. Y comprobé, a lo largo del tiempo, que el papel que mejor absorbe y más se la banca es la de ese diario. Probé con Página/12, con La Nación y con Crítica y ninguno absorbe tan bien. Es más, comprando el Clarín del domingo, me alcanza para una semana por un valor que menor al que me saldría comprar varias unidades de los otros diarios para la misma función. En mi casa, leer el diario en el baño es casi una invitación, pero es una lectura sorpresa porque depende de la hoja que haya dejado ese día para Cuqui.
También, tiene otra utilidad, la que le voy a dar en unos instantes, secar los vidrios cuando uno los limpia.
Me pasó estar viendo la tele ayer y haberme enterado cuál fue el titular del domingo. Hablaba del crecimiento de la brecha entre ricos y pobres, de su crecimiento en el último año en particular. Para ello, se basaba en datos del INDEC, datos falsos según ellos mismos. Por otra parte, viendo ese mismo programa, 6 7 8, me entero de que no se aclara que esa brecha tiene que ver con un momento de crisis mundial que hubo y que todos conocemos y que, además, disminuyó en comparación con el 2003 (fuente es el blog de Artemio López).
Para ser sincera, no entiendo de estadísticas, sé que hay muchos pobres, pero no sólo no le creía nada ya al grupo, sino que menos se le puede creer a alguien que pone una fuente en la que cree según sus conveniencias.
Mi teoría es que las personas son perro o son gato según cuál sea el animal de preferencia. Sé más sobre gatos, así que me extenderé más sobre ellos.
Los gatos tienen personalidad (o gatonalidad) variada y se les nota en la cara. De por sí, por la cara, se puede reconocer el sexo (más cachetón es macho, ya que les sirven para amortiguar zarpazos de sus batallas nocturnas; las hembras tienen la cara más afiladita). Entre machos y hembras, obvio, las más guachitas son ellas, son bravas, mucho más bravas. Además de eso, por la cara, se ve el carácter. Hay gatos pachongones, se les ve la pereza en la mirada, en la expresión. Ese gato duerme y come, no le pidan más (así era mi Pucho, que se murió para seguir descansando). Está el gato al que se le ve en los ojos que son bien hijos de puta, se les nota en la mirada. A estos gatos hay que saber llegarles y, cuando te compran o te eligen (uno le pertenece a la mascota, no la mascota a uno, ellos eligen el dueño siempre), te aman incondicionalmente cual Gato con botas de Shrek. Así, era la Reina, déspota, mala onda, vengativa a más no dar, guacha, peleadora por su territorio (Cuqui bien lo sabe), pero cuando te quería, te quería fielmente hasta el final. Tanto el gato pachongo como el hijo de puta no son muy cariñosos, dan amor si se les antoja y cuando se les antoja. También, está el gato alegre. Se le nota en la cara que vive contento, vive rompiendo las pelotas porque eso lo hace feliz y sabe que, en un punto, te da gracia y te hace reír, esa es su forma de darte amor. Su misión es joder. Así es León, el de ahora. Cualquiera de ellos, es independiente, actúa según su voluntad, no entiende de razones que no sean la propia y no vuelven al pie del amo si éste les hizo daño, en algún momento, la devuelven.
Los perros son como sea su dueño, se adaptan a él. Basta verla a Cuqui para ver que fue criada por una familia de españoles que se habla a los gritos. Ella ladra siempre para avisar cosas y se calienta para el carajo cuando se calienta. Cuqui era una cuando estaba con todos y era malcriada, es decir, como todo malcriado, hacía lo que quería. Hasta que se quedó conmigo y entendió quién manda en casa (gato al margen) y está más sosegada, porque se parece más a mí. Perro maltratado es violento, perro bien educado es un perro. No hay perros malos, sino perros mal enseñados. El perro siempre vuelve a lamer fielmente la mano del amo, aunque éste le pegue.
Yo me defino siempre como gato porque hago lo que se me antoja y, cuando digo antoja, me refiero a que las cosas las hago si me vienen en gana, si no, me siento incómoda y, si alguien me hace algo que no me gusta, la devuelvo. A primera vista, soy el gato hijo de puta, como no entro en confianza rápido (y me molestan los confianzudos) y soy muy seria, doy guachita. Los que me conocen saben que soy pachonga y que me encanta dormir, pero me reconozco más como del tipo alegre, soy muy rompe bolas, ésa es mi forma de dar amor.