Ensonnacionesmarianas es un blog abierto a la reflexión propia y ajena sobre cualquier tema sobre el que deseemos pensar. El ensueño tiene que ver con la idea antigua del sueño como camino al conocimiento (por ejemplo, El primero sueño de Sor Juana).

F(h) Consultora en PYMES y ONGs

sábado, 23 de abril de 2011

53

Pidiéndole una respuesta que no te puede dar, todos los días estás con lo mismo, igual que con tu tejido, le decía Soledad. ¿Sabés por qué no te responde? Porque no sabe la respuesta, porque todavía él no quiso hacerse la pregunta.

Libertad estaba en silencio, pero con él decía todo lo que sus palabras no podrían expresar jamás. Mientras jugaba con la pequeña Luna, que iluminaba sobre todo de día, le contaba a Soledad el problema de comunicación que tenía con Gabriel. Cuando estoy triste, le decía, le hablo en francés. Hasta le escribí este poema








Un peu plus de moi (un peu moins de moi)








J’ai froid le cɶur,




tes bisous et tes mains




étaient chauds,




mais pas encoré.




Maintenant, j’ai un sourire peu claire




car, quand tu t’approchait, c’était un mesonge plus.




J’ai froid le cɶur




et mon visage semble fantasmatique.








Pourtant




tu as le sourire d’un ange malin,




tu as des yeux brillants de bonheur




et tu as des cascades comme cheveu.




Même si tu as tout ça




tu n’est plus ici.








Donc,




tu m’a gelé le coeur.








Cuando estoy alegre, le hablo en portugués y, de vez en cuando, le canto Trem das cores de Caetano Veloso. Cuando no nos entendemos, le hablo en español, él único idioma que él entiende y conoce.

52

Su infancia está llegando a su fin, aunque ella no lo perciba. Sin embargo, los signos de su crecimiento van apareciendo en las preguntas que empieza a formularse.


Es una época rara. Desde que tiene uso de razón, la televisión está invadida de políticos que visitan a Bernardo, el dinosaurio, y alternan en la pantalla con Heidi, Los halcones galácticos y otros más.



Pero ésta, en particular, es una época rara. Tal vez, porque se empieza a hacer preguntas.



Las pintadas aparecieron solas en el edificio que está frente a su cuadra sobre la esquina izquierda. Todos los días, luego de la siesta, va a la habitación de sus padres y las lee, «Carlos, no al indulto», y no entiende el mensaje. Después, se va, pero todos los días regresa a esa cita ritual y lee el paredón como interrogándolo con la mirada y lee como pidiéndole una respuesta.

51

La cena la habían organizado Santiago y Soledad para festejar el nacimiento de Luna y para hablar un poco de los pasos a seguir.


En la cocina, preparando las cosas, estaban las mujeres. Libertad contando nuevamente sobre su tejido y Luciana diciéndole que la tenía cansada con eso, que parecía un disco rayado.


Gabriel no vino, dijo Sofía, qué raro porque prometió hacerlo. Tampoco fue a la reunión que teníamos pactada con los payasos, dijo Libertad. ¡Qué raro! ¿No fue él quien la había organizado?, preguntó Soledad. Libertad subió los hombros e hizo una mueca de desilusión con la cara.


Acto seguido, sonó el timbre y Santiago fue a atender. Cuando ingresó, lo hizo acompañado por un señor mayor que tenía las facciones de Gabriel, pero su barba y sus cabellos estaban canos. Las mujeres se presentaron cuando lo saludaron y él comenzó a reírse. Soy Gabriel, dijo. Ellas se miraron sorprendidas y en silencio, esa forma de comunicación universal que poseen las mujeres y con la que dicen miles de cosas a un mismo tiempo sin decir nada. Libertad se dio la vuelta y siguió con lo suyo. Por lo bajo, le dijo a Soledad, yo nunca sé si habla en serio o en broma. Gabriel se acercó y le preguntó qué le pasaba. Nada, respondió ella. ¿Seguro, seguro?, preguntó él. Seguro. ¿Y qué te pasó ahí?, le preguntó al mismo tiempo que le señalaba el lado izquierdo del mentón. ¿Acá?, dijo ella, tocándose una zona que estaba humedecida. Él afirmó con la cabeza. Me reventé un granito, ¿por? Porque te sangra, ¿querés una carilina? No, yo tengo, repondió ella, gracias. Bueno, cualquier cosa que necesites me avisás.


Una vez que estaban cenando, Sofía le preguntó por qué no había asistido a la reunión con los payasos y le dijo que sí había ido. ¿En serio?, preguntó Libertad en modo irónico, el único modo de decir las cosas que tenía. Sin embargo, yo fui y no te vi. ¿No? Yo te quise saludar y te hiciste la tonta. Él reía al hablar. Sí, claro, dijo ella. ¿No viste un nene de ocho años prestando atención?, dijo él. Sí, un nene muy adulto para su edad. Ése era yo, dijo él. Entonces, la sorpresa abrió los ojos y la boca de Libertad al punto de sólo tener boca y ojos en su rostro. Es lo mismo que acaba de pasar cuando entré ahora, dijo él. Desde chico, tengo el problema de no representar la edad y confundir a la gente. A veces, mi apariencia es la de un niño muy adulto y, otras, la de este anciano que soy ahora, que disfruta de su infancia.

Del poco dormir y el mucho leer, se le secó el cerebro...

Hoy, 23 de abril se conmemora el día del idioma castellano debido al aniversario de la muerte de Cervantes. También, se dice (en esto, no hay certezas) que el mismo día del mismo año habría fallecido Shakespeare.



Este día de hoy, es San Jorge o Sant Jordi para los catalanes, quienes conmemoran este día regalando libros o claveles. ¿No es hermoso? Pero lo llamativo de que San Jorge coincida con la muerte de Cervantes o que él haya justo muerto este día es que su hijo más conocido, don Quijote de la Mancha, tenía dos caballeros a los que admiraba (dejando de lado a Amadís), que eran Santiago Matamoros, quien se convirtió en caballero una vez muerto ayudando al Cid Campeador y, si creemos las visiones de Bernal Díaz del Castillo, también, ayudó en la conquista de México. Por otra parte, lo que admiraba en San Jorge era lo opuesto, era el caballero andante que se convirtió en santo, algo que don Quijote podría conseguir siendo caballero.



Por otra parte, en el Quijote de 1615, don Quijote y Sancho se dirigen a Zaragoza, pero, al oír que un tal Avellaneda había escrito una continuación de sus aventuras que los conducían a dicho lugar (y eran apócrifas) deciden cambiar el rumbo e irse a Barcelona. Barcelona, lugar en que se celebra Sant Jordi, aunque ellos fueran por otros motivos.



Dudo de que en la época de Cervantes el día de Sant Jordi se regalaran libros, pero qué le hubiera gustado más a su Alonso Quijano que recibir uno.




Todas estas no dejan de ser meras casualidades, pero, debido a la muerte del padre de don Quijote un día de San Jorge, es que hoy conmemoramos el día del castellano.

viernes, 22 de abril de 2011

Que el escenario te tiña las canas

Me gusta mucho ir a espectáculos, de diferente índole, especialmente, a recitales. Con estos últimos, tengo la política de que hay gente que uno debe de ver antes de que se mueran, que dejen ese surco en nuestra memoria al que podamos volver para disfrutar de lo vivido una vez más.

Creo que ya comenté anteriormente que, gracias a esta política que tengo, ya vi a Toquinho (lástima que Vinícius haya muerto), Serrat y Sabina juntos (como me dijo Ale, ojalá que no nos demenciemos y olvidemos esta noche), Aute (creo que no se repetirá, es muy raro el señor, pero marcó una época), Charles Aznavour (qué seductor, con sus 83 años bailaba y seducía más que estos chiquitos nuevos), Ismael Serrano y Plácido Domingo fue lo último en este año. Plácido, por quien me sacaría el sombrero, la cabeza, los pelos, los ojos y cualquier cosa por hacerle las reverencias acordes con su talento, que va más allá de esa voz.


Este año, empecé más que bien en materia de espectáculos, aunque no haya podido conseguir entradas para Sabina. Joaquín, sabelo, muy a mi pesar pensaba pagar hasta 400 pesos por verte y digo a mi pesar porque creo que una butaca no puede valer eso, pero, de ahí a tener que conseguir entradas por internet al doble de precio, no caigo, en esa no.


Decía que empecé mi año de shows con Plácido en la 9 de julio, bajo un cielo hermoso con un señor que cantaba para mí (del resto me olvidé) "El día que me quieras" y me prometí tratar de ir al Colón el año que viene si se presenta. Sí, es probable que este señor consiga que, por segunda vez en la vida, yo entre en el Colón (la primera fue para ver a mi amado Saramago, a quien por suerte vi antes de morir).


Es buenísimo ir a shows y que te hagan sentir cosas desde lo más profundo. Con Plácido, pensé que si Dios existe desde luego estaba un cachito en su garganta. El otro día, fui a parque Centenario a ver el show Pasión tango con Hernán Piquín, Cecilia Figaredo y la compañía Fusión tango. Primero, pensé "Mariana, evitá seguir el curso de tango porque nunca bailarás así". Sin embargo, lejos de deprimirme, lo que pensé fue que, evidentemente, cada uno nace para una cosa en esta vida, Plácido, para (en)cantar; este grupo, para bailar. Sentí en ellos que lo hacían con la misma pasión con la que yo voy a la escuela. Y esta cabecita delirante pensó una cosa más, pensó que en algún momento debería tener algún hijito para poder contarles estas cosas en un futuro a mis nietos. Sé que es un tanto extraño pensar algo así, pero nuestros descendientes son los encargados, siempre, de mantener la llamita de la memoria encendida.


Para finalizar, lo que puedo decir después de haber visto a estos dos señores (aunque Plácido ya tiene su merecido pedestal) es que la humildad y la generosidad pueden no llevarte lejos, pero, sin dudas, te harán más grande. El primero ya tuvo la suerte de que el escenario le tiñera las canas, espero que el segundo corra la misma suerte. Y deseo que a ambos el fin del mundo los pille bailando.

domingo, 17 de abril de 2011

La mejor herencia materna

Nada viene de la nada, hasta los gustos musicales tienen que ver con lo aprendido.

Si no hubiera habido Dyango, no habría habido Alejandro Sanz, Luis Miguel y Ricky Martin.

Si no hubieran existido Jorge Negrete, Pedro Infante y Javier Solís, no habría existido Alejandro Fernández.

De no haber escuchado Jorge Falcón, Julio Sosa y Hugo del Carril, no tendría hoy Adriana Varela.

De no haber, al menos por momentos, existido Serrat, hoy, no los tendría ni a él, ni a Sabina, ni a Aute, ni a Ismael Serrano.

Sin ese esporádico Roberto Carlos, hoy, no tendría a Caetano.

De no haber escuchado a Plácido Domingo, no hubiera tenido una noche inolvidable en la 9 de Julio.

Sin Nino Bravo, no amaría a Nino Bravo.

Sin esa frase tan oída de que solo "escucho música que entiendo", no me habría dedicado tanto a estudiar lenguas para poder entenderla, dicho sea de paso, tampoco disfruto de escuchar lo que no comprendo.

Podría seguir, seguramente, pero no recuerdo todos los gustos musicales de mi madre y, creo, tampoco todos los míos.

jueves, 14 de abril de 2011

Todo sucedió muy de repente. El tiempo se me está acabando. Los pensamientos van veloces. Somos cinco en el coche, yo estoy en la parte trasera, justo en el centro. Parecía que nos iban a asaltar y el conductor aceleró hasta morir... sí, quedó muerto y pude controlar el coche casi en medio de un desmayo. Pero lo que comenzó como un asalto y, así, lo consideré durante unos segundos... Padre nuestro que estás... ¿cómo era? ¿cómo era? ¿cómo era, che? El coche quedó detenido y se acercó un hombre de cabello ondulado hasta la altura de los hombros por la ventana, no cabían dudas de que era un asalto, mi compañera de la izquierda, la que está al lado de esa ventanilla le clavó un puñal en el vientre, en ese instante, él le incrustó una especie de dardo mortal en el cuello y la última reacción de ella fue hacer lo mismo en el cuello de él antes de desfallecer. Percibí que no era un asalto, que era algo más, un enfrentamiento entre dos bandos, una guerra en fin. Él me quedó mirando... ¿en los cielos? me miró con esos ojos negros en una forma penetrante y amenazadora a la vez y me dijo "también, tengo uno para vos" y disparó, y sentí de inmediato este cosquilleo que tengo por el cuerpo, me comenzó a invadir la muerte, la sensación de que todo se aflojaba y comencé a rezar "Padre nuestro...", pero no lo recordaba y, en la desesperación, recordarlo me resulta más difícil. La mujer que está en el asiento delantero me dijo "qué raro vos rezando si sos atea" y sólo conseguí tomarla por el brazo y desesperadamente pedirle que me ayudara a recordar esa oración, es lo único que me queda, la única sensación de esperanza desesperada, rezarla, decirla, recitarla, aferrarme a algo porque lo único que deseo es ver una vez más a mis hijos y a Enrique...