Ensonnacionesmarianas es un blog abierto a la reflexión propia y ajena sobre cualquier tema sobre el que deseemos pensar. El ensueño tiene que ver con la idea antigua del sueño como camino al conocimiento (por ejemplo, El primero sueño de Sor Juana).

F(h) Consultora en PYMES y ONGs

sábado, 23 de abril de 2011

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Aunque distintos a las versiones originales, le gustan. Ella no sabe que lo son aún. Su hermano le despierta la curiosidad, le enseña a pasear por las estrellas, el alfabeto griego y, también, es el primero en hacerla viajar por esos mundos de papel que alquila en la biblioteca.


Es por esta época que empieza a guardar los libros que lee porque no le gusta que alguien los lea a la par, siente que le roban la historia, que le roban las palabras.

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Con otra cosa, tenían que ver, con otros sueños, en fin, las maderas, decía Santiago mientras secaba con su pañuelo el alma de Soledad. No quiero que te sientas sola, no lo estás, cuando me di cuenta de que ya no oía las voces de ustedes, aunque pudiera verlas, pensé que yo no podía esperar a que el agua bajara porque, quizás, eso no sucediera nunca, por eso miré mi árbol y él mismo me dijo que era lo suficientemente alto como para unir las dos orillas. ¿Por qué tardaste tanto?, le dijo ella, con el alma más suave que antes. No tardé, fue cuestión de una noche, busqué un hacha y trabajé hasta la madrugada y, esta mañana, cuando lo vi caer, recogí mi nombre del agua y crucé por mi puente para llegar a tus brazos. Pasaron meses, le dijo ella con un tono de reproche, mirá mi almanaque. Te juro que fue una noche y no te miento, mirá el mío.


Y sonrieron. Ninguno mentía, ambos calendarios marcaban tiempos reales, aunque distintos.

Las cosas insólitas de la feria

Todos los años, la feria del libro tiene algún hecho insólito. Esta vez, me tocó de público visitante. Y si hay una situación o persona extraña que pueda pegárseme, denlo por seguro que se me pega.




Fui a la editorial Tusquets para averiguar por un libro que daba por sentado que aún no había llegado a la Argentina. Le pregunto al vendedor, lo busca en la lista y lo encuentra. Su comentario fue que era un pedido raro, ya que el libro no le sonaba, pero, si existe algo que es difícil de encontrar, seguro es algo que Mariana desea (tendré que pensar seriamente en hacer terapia y hablar del tema). Una vez en su mano, el vendedor se dispone a buscar el precio y no lo encuentra, le parece extraño, pero me dice que lo lleva a la caja. Uno de los cajeros toma el ejemplar en sus manos y el otro se lo retira abruptamente y le dice que ese libro no está todavía a la venta y que, evidentemente, llevaron todos los ejemplares del depósito. El muchacho de al lado me pide disculpas, ya que, si bien yo había palpado el libro, es todavía virtual.


Conclusión, no todo lo que percibimos con los sentidos son sustantivos concretos, este era un tanto abstracto todavía.



Debería haberme abrazado a él y salir corriendo ¿no?




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Esperando a que se mueva y no lo hace. Es el último día de colegio de este año y, tiempo después, recordará esta sensación de alivio porque ella no se mueve. Llegó a su casa feliz y, cuando fue a entrar en su cuarto, se quedó paralizada en la puerta porque ella, esa araña, está en la pared sobre la que se apoya el respaldo de su cama, la misma que tiene la ventana que da al patio. Están ambas estáticas: ella, en la puerta aún con el guardapolvo puesto y deseando sacárselo porque quiere liberarse del colegio por fin, de esta sensación de haber salido de un colegio pupilo (en verdad, ella sabe que lo fue alguna vez) para visitar a sus padres en el verano. Mientras ve a la araña y piensa eso, se da cuenta de que durmió todas las noches y pasó todos los fines de semana en esa casa y nunca en el colegio, que la sensación de opresión y de libertad tienen que ver con otra cosa.

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¿Un paraíso?, vos estás loca, decía Soledad. No, te juro que no, Gabriel dice que sabe dónde hay un paraíso y que va a vivir en él, respondió Libertad. ¿Y por qué te lo dijo? No lo sé, estaba caminando y apareció un chico de unos quince años y me saludó, era él, claro, pero yo no me había dado cuenta. Y, como todo adolescente, empezó a soñar porque, a esa edad, el futuro está más lejos de lo que pensamos. Y como quien no quiere la cosa me pidió que lo llevara hasta allí algún día. ¿Y qué le respondiste?, interrogó Soledad que, cada vez, se sentía más sola. Que el paraíso es un territorio delimitado, cercado si queremos, un lugar idílico donde todos somos felices porque ignoramos, es una especie de burbuja impuesta y que no quiero ir allí, que la Libertad pierde las alas si no puede acceder al árbol del conocimiento y que quiero el desafío de construir con palabras y con sueños mi refugio y mi trinchera, que antes de soñar con las estrellas primero tenemos que establecernos bien en la tierra. ¿Y él que respondió? Nada, sólo me dijo que le gustaría atrapar una, algún día, a largo plazo y me saludó porque se le hacía tarde, los amigos lo estaban esperando.

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El árbol está en la esquina de la casa. En esa esquina que, si se dobla, tiene una cuesta arriba. Luciana y ella juegan siempre en la manzana de su casa. Saben que no deben cruzar la calle solas, salvo que lo hagan con alguno de sus hermanos. Es raro si pensamos que uno de ellos sólo tiene un año más que Luciana. Sin embargo, las reglas del juego son esas y las obedecen. De hecho, la primera vez que Libertad tuvo el permiso de alejarse sola de su casa fue para ir a confesarse a la catedral. Papá le había dicho que fuera derecho y que regresara y, así, lo había hecho. Pero volviendo al árbol y a su manzana, ese es su territorio y su mundo. El mundo es la casa, la vereda, la cuadra, la manzana… el árbol. Al pie de él, recogen unas pelotitas que se desprenden de sus ramas para jugar. Para ellas, es el árbol como cualquier otro. Más tarde, ella sabrá que es un paraíso.

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De su vieja infancia disfruta, decía Soledad que se sentía sola y las gotas de aljófar asomaban por sus ojos y morían en sus palabras.


Libertad le decía que el temporal pasaría, como todo temporal. Es que estas tormentas están creando un río en nuestra casa y la dividieron en estas dos mitades. Él y yo estamos en orillas distintas y el río se ensancha, decía Soledad. Para el fin de semana, dicen que el agua va a bajar, es necesario que una vez que el río desaparezca, sequen bien el suelo y reconstruyan las bases de la casa, decía Sofía, así nunca otro temporal podrá crear este río. ¿En qué momento, dejó de llamarse Santiago para llamarse él?, interrogó Libertad. En el mismo momento en que su nombre se lo llevó el agua y no pudimos tener un diálogo y él se transformó en un extraño, en un tercero más. Igual, decía Libertad, ¿él no cruza a verlas, no se le ocurrió construir una canoa? No, sólo piensa que quiere construir una casa en el árbol que tiene a su lado, decía la soledad de Soledad. Bueno, si sabés eso es porque todavía podés oír su voz, afirmó Libertad. No, cada noche, veo que el río se ensancha más y escucho menos su voz, lo sé porque lo vi juntando madera cada tarde luego de volver del trabajo. Yo creía que era para hacer una canoa, pero, ayer a la noche, lo vi mirar el árbol.