Ensonnacionesmarianas es un blog abierto a la reflexión propia y ajena sobre cualquier tema sobre el que deseemos pensar. El ensueño tiene que ver con la idea antigua del sueño como camino al conocimiento (por ejemplo, El primero sueño de Sor Juana).

F(h) Consultora en PYMES y ONGs

martes, 3 de enero de 2012

@movistarlaconchadetumadre

Y la entrada número 300 se la dedico a la puta mierda de Movistar.

Estoy en Brasil desde el día 31 de diciembre. Antes de salir de casa, llamé a la operadora para ver cuál era el número al que tenía que llamar para hacer llamadas por cobrar. Llegué a las cuatro y media de la mañana horario de Brasil y me acerqué a un teléfono público de Telefónica. Estaba por cantar "bingo", ya que imaginé que siendo la misma empresa que tiene mi mamá iba a "dar certo". Mas não deu, né?

Mi celular no funcionó durante el primer día, no tenía señal. Intenté desde otros teléfonos públicos y tampoco pude comunicarme. Recordé que una vez que estuve en BH no pude hacerlo desde un teléfono de una casa, pero sí desde un público de Embratel, pero no encontré acá. A todo esto, Movistar, como tiene costumbre, me mandó una serie de sms diciéndome beneficios de roaming. Quise hacer llamadas, no pude, está bloqueado. Mandé sms, unos tres o cuatro, consiguió hablarme mi mamá al celular y los 86 pesos que tenía el viernes volaron cual paloma corrida por un perro.

Ayer, llamé a mi mamá desde un celular de Brasil y le dije "llamame al mío". Comencé a recibir sms diciendo que Carmen se quería comunicar conmigo, pero que mi crédito no era suficiente para recibir esa llamada. Respiré hondo y me dije "estoy de vacaciones, que me cobren por recibir llamadas, cargo con la tarjeta". Me dispuse a entrar a mi cuenta de usuario de Movistar, pero, ahora, hay que realizar un nuevo registro en la página. Me puse a hacerlo, una hora de intentos fue inútil, no hubo caso. Respiré hondo y me dije "cargo desde el Homebanking". Entré a la página del Ciudad, pero solo recarga Personal.

Bien.

Respiré hondo.

Me puse a leer toda la página de Movistar para ver cómo mierda hacer llamadas por cobrar.

Internacionales no se puede.

Seguí leyendo para ver cómo cuernos cargar en forma alternativa. Estaba a punto de cantar línea cuando vi que podía entrar a Pagomiscuentas.com.

Entré.

Cuando tuve que seleccionar banco, el Ciudad no aparecía en la lista.

Respiré hondo y me dije "Mariana agradecé que usás el Hombanking de tu madre para pagarle las cosas".

Pude cargar, finalmente, para que mi madre pudiera llamarme. A esta altura, Movistar tiene que agradecerme tener una clienta tan perseverante a la hora de hacer las cosas y de ser tan paciente también.

Conclusión: Telefónica es una cagada, Movistar es de esa empresa, esa empresa está en Brasil y no se consigue hacer llamadas por cobrar a la misma empresa en Argentina. Es decir, me recontra cago en las putas privatizaciones que iban a mejorar las telecomunicaciones. Teniendo una PC y dos celulares (uno argentino y uno brasilero), no pude evitar sentirme incomunicada gracias a que la página de Movistar es chotérrima y a que la empresa más allá que en facturar no piensa.

El receptor equivocado

Estoy queriendo aprender a ser tolerante y, para ello, descubrí que es importante descentrarse y entender que cada uno piensa lo que se le antoja.

Ayer, estuve mirando un poco de televisión brasilera y tuve dos momentos que me hicieron pensar una cosa y, hoy, pensándolo mejor, descubrí otra.

Lo primero fue una publicidad sobre tránsito, cuyo lema es "Se beber não dirija, o efeito do álcool passa, a culpa fica para sempre". Me espantó, lo primero que pensé fue que están dando el mensaje equivocado. Las responsabilidades viales lejos están de tener que relacionarse con la culpa, en mi opinión, tienen que ver con prohibiciones ligadas a leyes, es decir, son obligaciones de un ciudadano. La culpa se relaciona con lo religioso y mezclar la esfera religiosa con la ciudadana no me parece ni acertada ni conveniente. No me parece acertada porque, si tratamos de crear conciencia ciudadana desde lo religioso (no tomes porque si matás a alguien vas a vivir con culpa, por ejemplo), después, no hay argumento valedero si uno quiere que las decisiones en el congreso sean decisiones por el bienestar de la ciudadanía y que esas decisiones no estén relacionadas con ningún culto religioso porque, a mi modo de ver, una decisión parlamentaria o política en general no puede ser tomada desde un credo, ya que limita la idea de que una sociedad es un conjunto de diversidades y que no todos tienen que profesar la misma fe o alguna fe y regirse por esos preceptos.

La segunda cosa que me quedé pensando fue a partir de las novelas. Me quedé debatiendo en mi cabeza si tratan de ser realistas y reflejar una realidad o si, en verdad, solo reproducen el modelo de sociedad que desde arriba se quiere establecer. Comencé a pensar que siempre los pobres y los empleados son negros o mulatos o mestizos (digamos, todo aquello que un argentino resume en "negro") y que aquellos que llegan a tener dinero, clase, poder, etc. son los que podríamos decir que se "blanquearon", que tienen una cultura alejada de la cultura original, que pertenecen a la alta cultura y que la sociedad no los percibe como "negros". Para decirlo en modo amplio, el color excede a la piel, se termina vinculando con estatus y, muchas veces, con sentimiento como aquella vez que le dije a una alumna "que las morenas no entramos en el patrón de belleza renancentista" y me miró extrañada. Pero, volviendo al tema de la novela, me puse a pensar si estaba de hecho reproduciendo una realidad en el sentido de reflejarla o si lo reproducía en el sentido, si se quiere, industrial de fabricar un modelo a toda hora para que en la cabeza quede que el negro es porbre y empleado, y el rico es clase media o clase alta. Me espanté. Quise descentrarme y pensar cómo se da en las novelas argentinas y recuerdo que, en los famosos culebrones de los 80 y los 90, había pobres y ricos, pero los empleados no estaban siempre ligados a un color de piel o procedencia. Ahí, mi cabeza trató de contraargumentar con la famosa Carmiña, la empleada que era gallega y, también, pensé en Piel naranja o Amo y señor. En ambos casos, creo que se trataba de novelas realistas porque trataban de representar e, incluso, de incluir actores sociales que aparecían en la sociedad y darles un lugar. Digo creo porque, en estas cosas, todo depende con el cristal con el que se lo mire. Pero de algo estoy segura y es que Piel naranja y Amo y señor no estigmatizó a los paraguayos porque el protagonista y galán lo era, aunque no fuera millonario. También, digo que creo que no reproduce un modelo en el sentido de fabricarlo, ya que no es un modelo que se reproduce constantemente. Convengamos que Argentina es un país en el que la inmigración es constante y la procedencia es rotativa, podría haberse creado un modelo a partir de mostrar que siempre el inmigrante es el que lava los pisos, el portero, la mucama, etc. y, sin embargo, los roles no están fijos en ese sentido.

Esto es un tema más profundo de lo que se puede decir en un blog, se puede debatir horas. Imagino que todos los modelos que uno compra y que a uno le venden, y las concepciones del mundo que uno tiene para poder leerlo luego tienen que ver, en estos casos, con la formación de nuestras identidades de país, ligadas, entre otras cosas, a procesos de independencia.

Cuando le comentaba estas dos apreciaciones a Dulcinea esta mañana, en un acto totalmente egocéntrico, le dije "equivocan el mensaje". Pero me corregí inmediatamente y dije "soy el receptor equivocado". Cuando uno piensa en el circuito de la comunicación siempre tiene que tener presente que los discursos se arman para un determinado público y, evidentemente, yo no soy ese público.

De eso imagino que se trata ser tolerante, de empezar a ver que los otros no están equivocados, sino que ven y piensan diferente. Sin embargo, voy a tener un acto final del más puro egocentrismo: estaría bueno que trataran de cambiar el mensaje.

jueves, 29 de diciembre de 2011

Este año, aprendí una lección muy importante que es saber acompañar a alguien en su muerte, que es casi tan importante como acompañarlo en su vida. Porque todos los momentos anteriores se condensan en esa agonía, porque todo el amor se congrega en esos momentos.

Y porque lo aprendí a transitar con el dolor que requiere la situación, pero sin padecerlo porque supe amar hasta el final. Por esto es que puedo hoy sentirme bien ante esa muerte, ante esa ausencia que aún duele y puedo decir que agradezco haberla conocido.

Ojalá la reencarnación exista y el mundo vuelva a juntarnos.
El amor se detiene con la muerte.
Espero que volvamos a encontrarnos.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Tres meses de ausencia



Naranjo en flor
Tango 1944
Música: Virgilio Expósito
Letra: Homero Expósito
Era más blanda que el agua,
que el agua blanda,
era más fresca que el río,
naranjo en flor.
Y en esa calle de estío,
calle perdida,
dejó un pedazo de vida
y se marchó...

Primero hay que saber sufrir,
después amar, después partir
y al fin andar sin pensamiento...
Perfume de naranjo en flor,
promesas vanas de un amor
que se escaparon con el viento.
Después...¿qué importa el después?
Toda mi vida es el ayer
que me detiene en el pasado,
eterna y vieja juventud
que me ha dejado acobardado
como un pájaro sin luz.

¿Qué le habrán hecho mis manos?
¿Qué le habrán hecho
para dejarme en el pecho
tanto dolor?
Dolor de vieja arboleda,
canción de esquina
con un pedazo de vida,
naranjo en flor.


viernes, 25 de noviembre de 2011

Poesia vanguardista de cierre

Nos vemos el martes si el diablo
insiste en esta broma macabra o recién
en la otra vida si dios es benevolente.
A los ateos,
nos castigará el maligno, una y mil veces,
estoy reconsiderando
volverme creyente.

sábado, 19 de noviembre de 2011

Déjate de historias, súbete ahí y cántame una de Silvio...

Debo reconocer, antes de empezar, que no soy su fan.

La pregunta sobre cómo llegué a Silvio tiene dos respuestas. La primera está vinculada con cómo me acerqué a su música. Debo reconocer que mi hermana lo escuchaba cuando éramos adolescentes y me fastidiaba. Pero, años después, escuchando un programa de radio recomendaron el disco de Aute y Silvio en vivo Mano a mano. Me fasciné con Aute y llegué a Silvio.

Este año, me enteré de su venida y decidí ir a verlo para cumplir con mi política de que hay cierta gente a la que uno tiene que ver antes de que pasen a mejor vida para poder contarles a los nietos, algún día, qué maravilloso fue el momento en que vimos en vivo a Plácido, Silvio, Toquinho, Serrat y todos los que sigan. Con esa política, vi el año pasado o el anterior a Aute.

Esperando el comienzo del recital
Yo dije que la pregunta sobre cómo llegué a Silvio tenía dos respuestas y me falta contar la segunda. Ayer, 18 de noviembre se presentó en el estadio de Ferrocarril oeste y, con Claudia, teníamos las entradas desde hacía un mes. Llegó ella a mi casa y el colectivo 84 nos depositó cerca del estadio. Estábamos emocionadas, ella porque esperaba ese momento hacía mucho, yo porque quería ver al mito. Entramos y nos ubicamos en el sector de plateas, nos comimos unas hamburguesas caras, como siempre, y esperamos. No mucho, el recital estaba pactado para 21:30 y solo quince minutos después empezó el concierto.

La primera impresión fue que Silvio es un poco tímido y callado. Cantó canciones de su último disco Segunda cita y, luego, empezó con lo que todos esperábamos. Debo decir que, en el medio, un amigo suyo, cuyo nombre no recuerdo, cantó tres temas. El señor era muy simpático, pero no fue de mi agrado, pero amigos son amigos. También, hubo un invitado que fue Víctor Heredia para cantar “Todavía cantamos”, que fue poco ensayada por lo que se vio (no por Víctor, que la canta siempre).

Con los clásicos, empezaron los coros del estadio y los silencios de Silvio para dejarnos cantar. Amé escuchar en vivo “Óleo de una mujer con sombrero”, cuya poesía es sublime y ni qué hablar de cantar con todos “Ojalá”.

Y, en un momento, el recital terminó, es decir, empezaron los bises y, al mejor estilo Ismael Serrano (¿o será que Ismael copia el mejor estilo Silvio?), volvió varias veces por un par de canciones más. Cuando las luces del estadio se encendieron y la gente comenzó a salir, me quedé perpleja porque“Te doy una canción” no había sonado y le dije a Claudia que esperáramos un poco, que no podía ser eso así. Con las luces encendidas, salió nuevamente guitarra en mano, los que estaban saliendo de las populares comenzaron a entrar al campo y todos los que pudimos terminamos de pie sobre las sillas de plástico que estaban en ese sector, coreando  “Te doy una canción” y sentí que, luego de esas tres horas y cuarto, Silvio se había dejado de historias y se había subido allí para cantarme una de Silvio.