Mi
papá se fue de este mundo sin haber leído nada que yo haya escrito. La
última Navidad pensé en regalarle algo, pero no llegué a hacerlo,
mintiéndome con que habría tiempo sobrado para hacerlo. Él era un gran
lector, conocía el
Quijote como pocas personas, sabía de poesía gallega
como nadie, sabía sobre variantes dialectales de su lengua y de
variantes de escritura.
Mi papá solo completó la primaria.
Sin
embargo, papá argumentaba sus ideas, con las que yo casi nunca estaba
de acuerdo, con fuentes de conocimiento. Recuerdo una vez que me dijo
que el Che Guevara había sido un sanguinario y, cuando empecé a
retrucarle, me preguntó si había leído los diarios del Che. Le dije que
no y me agregó que para hablar por lo menos hay que conocer antes, que
él lo decía basando su opinión en lo que él había leído.
Él
nunca sabrá que escribo esto pensando en que él se merece perpetuarse
en la memoria. Es muy problable que no le gustara que entre su recuerdo,
se filtre el de alguien que me lastimó, sin embargo, creo que es su
modo de estar lo que me permite ver, saber quién está a mi lado y quién
no.
Si alguien te dice, como a mi me dijeron, no te voy
a preguntar por eso que te causa dolor, si querés que lo hablemos,
bueno, lo hablamos, pero no te voy a preguntar; huí. Con toda seguridad,
esa persona no se interesa en lo más mínimo en tu persona y, en el
momento en que lo crea necesario, te pisará la cabeza sin dudarlo.
Hay dos tipos de personas en la vida, las que están
pro que der e vier
como dicen los brasileros y los que no. Una vez, escribí la siguiente
frase pensando en alguien: la ausencia es tu presencia a mi lado. Ahora,
tiempo después, pienso que va como hecho a la medida de Marcos. Pero,
también, ayer cuando se me vino la palabra con la que mi papá lo
definiría a este sujeto, pensé sobre él lo inverso: la presencia es tu
ausencia a mi lado. Son presencias que sin duda duelen, pero que te
permiten esquivar las balas y no solo sucede con los muertos. Muchas
veces, cuando Marcos se empeñaba en sujetarme fuerte bajo el agua
haciéndome creer que me quería sacar a flote, gente que vive lejos
aparecía a mi lado, por ejemplo, Valeria siempre me abría el
consultorio.
Valeria siempre me dijo es un cerdo,
alejate. Y no supe entender o no quise, o lo amaba tanto que no entendía
que pudiera hacerme daño.