Ensonnacionesmarianas es un blog abierto a la reflexión propia y ajena sobre cualquier tema sobre el que deseemos pensar. El ensueño tiene que ver con la idea antigua del sueño como camino al conocimiento (por ejemplo, El primero sueño de Sor Juana).

F(h) Consultora en PYMES y ONGs

miércoles, 19 de septiembre de 2012

10

Dice Alfonsina:

Hombre Pequeñito

Hombre pequeñito, hombre pequeñito,
suelta a tu canario que quiere volar.
Yo soy tu canario, hombre pequeñito,
déjame saltar.

Estuve en tu jaula, hombre pequeñito,
hombre pequeñito que jaula me das.
Digo pequeñito porque no me entiendes
ni me entenderás.

Tampoco te entiendo, pero mientras tanto
ábreme la jaula, que quiero escapar;
hombre pequeñito, te amé media hora,
no me pidas más.

Marcos no entiende que la pequeñez no se relaciona con el tamaño, que tiene que ver con su pobre alma. Marcos quiso negar que lo amé media hora, quiso negar que él mismo provocó que eso dejara de suceder y, como dijo una vez Saramago, las mujeres toman decisiones que luego los hombres dicen que fueron suyas. Marcos decidió que yo ya no le importaba una vez que yo le había dicho que no me interesaba en lo más mínimo él.

Marcos nunca entendió y nunca entenderá, él es muy pequeñito y yo quiero volar.

9


Hay gente que se define a sí misma como temeraria que, aunque me lo discuta a muerte, no es lo mismo que ser valiente. Para empezar, la valentía es una característica reservada para las personas sumamente cobardes como yo, como el León Cobarde de El mago de Oz. Quien nunca sintió mucho temor y aun así le hizo frente, no sabe qué es ser valiente. Quien hace las cosas desbocadamente sin enfrentarse a sus miedos, es temerario. La Real Academia Española de la lengua da dos definiciones para esa palabra:

1. Excesivamente imprudente arrostrando peligros.

2.  Que se dice, hace o piensa sin fundamento, razón o motivo. 

Marcos dice ser temerario, creyendo que eso es el sumum de la valentía y nunca entendió que se define como nadie podría definirlo mejor, es imprudente y nunca tiene fundamentos, razones ni motivos cuando habla ni cuando procede. Don Quijote siendo temerario, muchas veces, tenía más fundamentos que Marcos. Este, a diferencia de Don Quijote, no ve gigantes en los molinos sino que se ve así mismo gigante, siendo él muy pequeñito.

Nunca puede ser valiente alguien que tiene miedo a lo que dirán los demás, alguien que huye creyendo que servirá para otra batalla, alguien que se segrega a sí mismo de los que piensan diferente de él. Nunca es valiente quien no enfrenta sus miedos, sin importarle lo que los otros piensen o importándole y aun así haciéndolo. No es valiente quien no es capaz de aceptar e, incluso, amar a quien no piensa como él, pero aun así es digno de ser amado y/o respetado.

Nunca es valiente quien interpone su cuerpo entre un hombre que vive en la calle, que está borracho y que solo está pidiéndole dinero a una mujer y esa mujer. Nunca es valiente quien hace eso para mostrar que es un gran salvador y quedar bien frente al resto del mundo. Nunca es valiente quien no reconoce sus errores y culpabiliza a los otros de lo que sale mal. Nunca es valiente quien no sabe pedir perdón. Nunca es valiente un hombre machista porque solo conduce al rebajamiento de la mujer como arma de defensa.

Sí, Marcos tiene razón. Él es temerario.

8


Mi papá se fue de este mundo sin haber leído nada que yo haya escrito. La última Navidad pensé en regalarle algo, pero no llegué a hacerlo, mintiéndome con que habría tiempo sobrado para hacerlo. Él era un gran lector, conocía el Quijote como pocas personas, sabía de poesía gallega como nadie, sabía sobre variantes dialectales de su lengua y de variantes de escritura.

Mi papá solo completó la primaria.

Sin embargo, papá argumentaba sus ideas, con las que yo casi nunca estaba de acuerdo, con fuentes de conocimiento. Recuerdo una vez que me dijo que el Che Guevara había sido un sanguinario y, cuando empecé a retrucarle, me preguntó si había leído los diarios del Che. Le dije que no y me agregó que para hablar por lo menos hay que conocer antes, que él lo decía basando su opinión en lo que él había leído.

Él nunca sabrá que escribo esto pensando en que él se merece perpetuarse en la memoria. Es muy problable que no le gustara que entre su recuerdo, se filtre el de alguien que me lastimó, sin embargo, creo que es su modo de estar lo que me permite ver, saber quién está a mi lado y quién no.

Si alguien te dice, como a mi me dijeron, no te voy a preguntar por eso que te causa dolor, si querés que lo hablemos, bueno, lo hablamos, pero no te voy a preguntar; huí. Con toda seguridad, esa persona no se interesa en lo más mínimo en tu persona y, en el momento en que lo crea necesario, te pisará la cabeza sin dudarlo.

Hay dos tipos de personas en la vida, las que están pro que der e vier como dicen los brasileros y los que no. Una vez, escribí la siguiente frase pensando en alguien: la ausencia es tu presencia a mi lado. Ahora, tiempo después, pienso que va como hecho a la medida de Marcos. Pero, también, ayer cuando se me vino la palabra con la que mi papá lo definiría a este sujeto, pensé sobre él lo inverso: la presencia es tu ausencia a mi lado. Son presencias que sin duda duelen, pero que te permiten esquivar las balas y no solo sucede con los muertos. Muchas veces, cuando Marcos se empeñaba en sujetarme fuerte bajo el agua haciéndome creer que me quería sacar a flote, gente que vive lejos aparecía a mi lado, por ejemplo, Valeria siempre me abría el consultorio.

Valeria siempre me dijo es un cerdo, alejate. Y no supe entender o no quise, o lo amaba tanto que no entendía que pudiera hacerme daño.

7


Marcos es un pajarito negro. Cuando yo era chica, mi papá solía preguntarme cosas que sabía de mí por medio de mi mamá, casi seguro, y cuando yo le preguntaba cómo lo sabía, siempre la respuesta era que se lo había contado un pajarito. Entonces, la pregunta siguiente era de qué color era si blanco o negro. Si era blanco, el pajarito decía la verdad. Si era negro, indudablemente, mentía.

Hay gente que no sabe nada del amor, Marcos es una de esas personas. La única vez que pudo hablar sinceramente y sin ser violento, estaba bajo los efectos del alcohol. Y me dijo claramente que él no era un hombre para mí, le pregunté por qué, insitía con lo mismo sin darme un motivo y yo pensé si la cosa sería tan grave, si sería golpeador. Luego de mucha insistencia, solo consiguió decirme que andaba con muchas mujeres y que muchas lo querían. Con el tiempo transcurrido, creo sinceramente que me prevenía de su estado de violencia, lo que no lo convierte en alguien mejor, sino en alguien que no sabe salir de su problema.

Días después de ese episodio, cuando empecé a querer sincerarme conmigo, le escribí extensamente y le dije que todo el último año de malos tratos tenía que aceptarlo como de su cosecha. Casi un año antes, yo le había pedido que dejáramos de hablar, que lo hiciéramos cuando fuera para algo estrictamente laboral y él reapareció con correos y mensajes de texto desesperados que mostraban que él estaba ahí y que no deseaba claudicar. Todo lo que siguió, si bien fue con mi consentimiento, fue provocado por él una vez que yo ya le había dicho que me lastimaba y le dije, en ese último correo, que pensara seriamente en ir a un psicólogo, que era maltratador. Decidió matarme con el silencio.

La única vez que Marcos fue un pajarito blanco fue cuando me dijo que no era la persona indicada para mí, que iba a hacer mucho daño. Fue tan sincero que cumplió con su palabra de dañarme.

6


Llegué con tres heridas, la de la vida, la de la muerte, la del amor. Así estaba yo, estoy y Marcos aprovechó a ponerme el dedo en la llaga innumerables veces sabiendo todas las heridas que me había dejado la vida, sabiendo luego la que me había dejado la muerte e infligiéndome él mismo la del amor.

No soy como ese, me dijo una vez. Si alguien dice eso, hay que huir. Quien necesita diferenciarse de otro negando ser de su misma calaña es porque sabe de qué pata cojea. Yo no supe escapar y le creí.

Pero él vive preso de sí mismo, yo puedo huir a la frontera, conocer a Galán, romper el silencio y dar batalla. Él no puede. Él se niega a poder.

5



Marcos es un gran personaje de sí mismo, que él cree firmemente y hace creer a todos los que nos gusta que nos cuenten historias. Decía escribir cuentos, pero nunca leí uno; decía que le gustaba Ismael Serrano, pero después ponía mala cara cuando le hablaba de él; dice ser muy "progre", estar contra la violencia de género, estar contra la violencia en general y todos lo hemos visto alcoholizado queriendo golpear a una persona, me ha contado muchas historias en las que él se tomaba a golpes de puño con otros hombres y he sentido en persona la violencia y el desprecio hacia las mujeres, sobre todo, a las mujeres que son más capaces que él.

Marcos dice ser instruído (como si eso lo hiciera mejor), pero nunca leía los libros que yo le regalaba, nunca conocía las películas de las que yo le hablaba, solo conocía las películas conocidas como pochocleras. Marcos decía alentarme como escritora y jamás leyó nada de lo que yo escribí.

Marcos miente mucho.

4


Hay gente que silencia porque no puede matar, porque la poca ética que tiene se lo impide. Se pone un disfraz de buena gente y elige su objetivo. Lo hace subir, subir y subir hasta que empieza a derrumbarlo. Algunas de las cosas que Marcos supo decirme fue que cómo iba a estudiar tantos idiomas al mismo tiempo, que seguro no aprendía nada. Como si él tuviera el modo de probar mis conocimientos: hasta donde sé no habla ni portugués, ni francés, ni italiano. Creo que muchas personas desprecian en los otros las debilidades que no pueden superar.

Cuando yo le reclamaba que trabajara, que no se hiciera el tonto, que yo hacía todo, me decía que él ya lo había hecho cuando había tenido el mismo proyecto en otro lugar. Como si las experiencias previas fueran acumulativas para las presentes. Como si yo pudiera decirle a un alumno que lea los temas de un manual, que no se las pienso enseñar porque ya lo hice anteriormente con otras personas.

Él siempre calla cuando no sabe qué decir. Y, la verdad, es mejor que Marcos se calle y no que hable porque, cuando lo hace, lo hace a los gritos y eso me hace temblar. Una vez, tuve que escribirle una carta -de tanto que me aterraba hablar con él, aunque lo quisiera como a nadie-, y tuve que pedirle que no volviera a gritarme, que no toleraba eso. Le tuve que decir que no quería ser la Caperucita de Ismael, que era devorada por un lobo feroz.

Pero no pude evitarlo y me devoró. Quizás, algo en mi interior me alertaba de que así sería.

Marcos calla, silencia, mata porque no sabe decirse las cosas a sí mismo. Porque se oculta con el disfraz que él cree ser.