Ensonnacionesmarianas es un blog abierto a la reflexión propia y ajena sobre cualquier tema sobre el que deseemos pensar. El ensueño tiene que ver con la idea antigua del sueño como camino al conocimiento (por ejemplo, El primero sueño de Sor Juana).

F(h) Consultora en PYMES y ONGs

sábado, 22 de septiembre de 2012

17

El mago de Oz es una metáfora de la vida misma. De vez en cuando, un tornado nos vuela la casa y nos encontramos solos en el camino buscando cómo regresar. En el medio, viene el amigo fiel que siempre estuvo al lado nuestro, es decir, nuestro Toto y vamos encontrando seres de lo más impensados, de lo más extraños que, tal vez, siempre hayan estado allí. Cada uno de estos seres tiene sus problemas, también, pero saben que algo te hizo perderte y deciden que todos juntos van a ir buscando el reino de Oz.

Un tornado me voló la casa este año y tuve que empezar a rearmar el camino que me lleve a ella. Pensé que Marcos podía ser uno de mis Toto, pero no, él se quedó en Kansas, disfrutando de la tranquilidad de su mundo. Descubrí, entonces, quiénes eran realmente los fieles y fui descubriendo a otros personajes en el camino que no dudaron en regalarme con palabras.

Marcos cree tener todo, cree ser seguro, cree ser inteligente y, sobre todo, cree ser buena persona. Marcos miente mucho, ya lo dije, y lo peor de todo es que se cree sus propias historias, como si necesitara contarse una cada noche antes de irse a dormir para convencerse de que no es pancista, para convencerse de que es un buen samaritano. Entonces, entre sus mentiras, caigo yo como agresiva cada vez que le quito la venda y le hago notar que se miente.

Ya lo dice Silvio "los amores cobardes no llegan a amores ni a historias se quedan allí". Y no soy buen orador para conjugarlo y no quiero que ninguna palabra mía se dirija nunca más hacia una justificación del ser más egoísta, miserable y mentiroso que conocí. Del ser con menos ética que se me cruzó en la vida.

16

Marcos se ha marchado, pero, a diferencia de la canción, no es para no volver. Lamentablemente o afortunadamente, tal vez. Tropezarnos con lo que no queremos nos puede servir para alguna de las siguientes dos cosas o caer de nuevo siempre en las mismas historias o para recordarnos que eso lo habíamos rechazado de nuestras vida.

¿Por qué me fijé en Marcos? Quizás, tenía mucho de mi papá, pero sin dudas no lo mejor. Vivía lejano haciéndome entender que me quería, pero sin decírmelo, tenían gustos parecidos también. Hablo de los dos en pasado como si ambos hubieran muerto y, a lo mejor, Marcos murió a su modo. Un día, estando a su lado, me vino a la cabeza la frase de Sabina "y morirme contigo si te matas y matarme contigo si te mueres". Sin embargo, sé que eso no es amor, no para mí. No soy nadie para juzgar al poeta y mucho menos a este.

Amar no es morir, amar es acompañar. Es lo más parecido a estar, aunque no se esté físicamente. La diferencia, quizás, entre mi papá y Marcos es que papá estaba si lo necesitaba, nunca dudé de eso. Nunca dudé de lo que me apoyaba en todo lo que hiciera. Marcos, no. Marcos estaba en la medida en que necesitaba que yo estuviera para él. Este sujeto jamás se merecería que me muriera por él y mucho menos que lo amara estando.

No soy muy buena para decir te quiero y a Marcos se lo dije muchas veces. No cara a cara, pero él sabía que era así. Marcos mató el amor o, quizás, murió con la muerte de mi padre, muerte que arrancó de mí las células muertas, el pasado doloroso, lo no dicho.

Hoy, supe por medio de mi hermana que papá antes de morir le dijo que me quería mucho. Él no sabía decirlo en la cara, yo tampoco. Creo haber dicho que soy igual a él. Pero descubrí gracias a él o con él que no hay que esperar al instante final para claudicar frente al amor. No nos hace más fuertes no amar, no nos hace más fuertes huir. Amar es el mejor arma porque vamos juntos.

Amar es de a dos con cualquier ser vivo que sea y cualquiera sea la relación que nos una. Creo que la muerte deja lágrimas porque es ese vacío que va dejando un amor que se muere, que no tiene su otra parte. En mi caso, en este caso, puedo decir que ya no puedo amar en presente a ese ser que me dio la vida porque no está. No tengo un padre de quien ser hija.

No sé si fui buena hija. Creo que, en nuestro modo extraño, tanto él como yo encontramos en el otro lo que el otro nos podía dar. Pero se fue. Puedo decir que lo quise mucho y que no se lo dije nunca.

Marcos tenía lo peor de papá, sin dudas. Marcos tenía lo peor de toda la gente que quiero, todo lo que me hace daño del resto del mundo. Y lo dejé obrar a su gusto, pero no lo dejaré volver aunque vuelva. Porque el amor no es morir, el amor es mucho más que vivir, es renacer a cada abrazo.

Nunca Marcos entenderá que lo que me alejó de él no fueron mis caprichos ni mis locuras, sino su modo de matarme todos los días un poco. Su modo de anularme luego de hacerme sentir importante, su modo de darme a entender que todo lo sabía y que yo era una inútil.

Ya lo dije antes, Marcos sabe poco del amor.

jueves, 20 de septiembre de 2012

15

Escribir es relatar heridas, marcas, golpes, contar un camino. Cualquiera que sea: escribir es caminar, mirar hacia atrás recordando el pasado, mirar el presente y, sin dudas, pensar el futuro.

Escribir es un modo de construir la historia, la propia o la ajena. Armar los distintos pedazos del rompecabezas que alguien, un día cualquiera, decidió patear y mezclar. Y, con paciencia, nos sentamos de a varios juntos, uno encuentra las piezas y otro las va encastrando.

Papá era un gran lector, eso ya lo dije. Siempre lo que contaba tenía que ver con lo que aprendía del mundo, quizás, contar su mundo le dolía. Solo un año antes de morir supe algunas cosas y, entre los personajes más añorados de su infancia, estaban su abuelo Manuel y su perro, quien iba a buscar a su amo a la iglesia y lo esperaba afuera.

Un día, mientras comíamos, papá por primera vez empezó a contarme escenas familiares, pero solo aquellas que le resultaban más gratas. Y me hablaba de su abuelo, de las borracheras que tenía y cómo su abuela siempre le tenía una paciencia infinita. Me dijo te cuento esto como si los estuviera viendo ahora, no lo puedo creer. Creo que la muerte se le colaba por los poros sin él saberlo y necesitaba relatarme algo suyo, algo que fuera su historia para que no se escapara con su muerte. Sacó una foto de un armario y me dijo estos eran mis abuelos, ella era la mujer más linda, tuvo muchos hijos y me hablaba con admiración de esa gallega pequeñita que criaba hijos, aguantaba las borracheras del marido, que veía partir a los pródigos hacia el otro lado del mar y que tenía espaldas.

Es raro, nunca pudo contarme nada de eso antes. No fue como mamá que siempre fue la mejor narradora que escuché, que siempre permitió que recreara en mi cabeza imágenes al punto de ser tan nítidas que parecen recuerdos propios.

Él quiso contarme parte de su historia, en la que dos hombres llegaban a sus casas alcoholizados, la mirada se le transformaba como si nuevamente fuera un niño sufriente, y diferenciaba a su padre de su abuelo en que este no le pegaba a la mujer.

Mi padre tenía sus marcas, nunca quiso antes escribirlas y supongo que esperó a que ellos se congregaran de nuevo mientras lo venía a buscar esa pareja de ancianos que tanto lo quería para acunarlo nuevamente y para decirle Manuel que no lo volviera a llamar abuelo, que no era viejo, que mejor lo llamara padriño. Así, juntos, los veo irse al niño con su abuelo hacia algún lugar de Galicia, acompañados los dos por un perro mientras una mujer los espera al lado de un horno a leña.

14

Marcos nunca supo que papá me había enseñado a nadar agarrada a su malla y que, cuando mi hermana se iba muy al fondo de la pileta, él la tomaba por los breteles y la sacaba a flote. Marcos no sabe que jamás nadie va a poder hundirme porque siempre estará papá para rescatarme del ahogo.

Marcos no entiende que mis padres son hijos de una guerra y que sus hijos somos nietos de ella, que somos parientes de una pobreza oprimida y siempre perdedora, pero que jamás deja de dar batalla.

Eso Marcos nunca lo entenderá. No peleo por ánimos de broncas ni pleitos, sino que peleo como arma de defensa, para dar guerra aun cuando está perdida. Porque los españoles tenemos algo muy arraigado que es el sentido del honor y, para tenerlo, no es necesario vencer sino pelear con honra.

Marcos no entiende que fui educada entre algodones, pero sabiendo que yo tenía lo que muchos otros no y que cada cosa que la vida me regaló debo disfrutarla al máximo porque mañana no está. Marcos no entiende que esa es mi ansiedad por vivir el ahora. Marcos no entiende que me educaron añorando un pasado y viviendo el presente como si el apocalipsis estuviera por cernise en mi cabeza.

Marcos nunca entenderá que las vacas nunca están atadas, que el futuro depende del trabajo constante que hagamos en el presente, que de eso dependen nuestros bienes, nuestros amores, nuestros saberes.

Marcos sabe pocas cosas o las niega por evitar el dolor. Él no sabe que las llagas se curan, pero que dejan memoria, que podemos leer lo aprendido con ellas, que podemos ir escribiendo nuestra historia si las sumamos.

Marcos no entiende que no hay peor modo de perder que jamás haberlo intentado.

Marcos no entiende que matar es el peor modo de morir.

13

Con papá, solíamos leer el diario juntos por las mañanas, acodados en el mostrador del negocio. Clarín y El territorio poblaban nuestra mañanas, con claringrillas, El negro blanco y alguna que otra noticia. Él aprovechaba para darme independencia, sin tener seis años, me sentaba en la caja y me enseñaba a cobrarles a los clientes.

Con papá, éramos amigotes. Supongo que, si no soy fanática del fútbol, es porque él tampoco lo era. Pero compartíamos largas horas de tele viendo documentales, películas mexicanas antiguas, El Chavo y El zorro. Dormíamos la siesta todas las tardes juntos. Todas esas cosas son las que sigo disfrutando hacer.

Mi papá no era afectuoso al extremo, no sé cuántas veces me habrá dicho que me quería. Tampoco sé cuántas se las dije a él. No sé si fue sabiendo que sí lo quería y de verdad, como solo se puede querer a alguien a quien le odiás al máximo sus defectos y admirás al máximo sus virtudes.

Supongo que mi parte edípica me conduce a hombres como Marcos, que no son capaces de amar. Pero me conducen de una manera errónea. Porque nunca encuentro a aquel que quiera compartir conmigo largas horas de tele, desayunos con diarios, bares con café y tostados, pizzas en el almuerzo, charlas de libro y de política. Solo encuentro hombres solitarios.

Creo que mi modo de ser solitaria tiene mucho que ver con mi papá, con esa infancia que pasé tan estrechamente a su lado, aunque luego la vida nos haya distanciado un poco. Él tenía un mundo interno tan grande que podía disfrutar de la soledad, aunque a veces eso lo agobiara y es exactamente lo mismo que me pasa a mí. De algún modo, siendo tan rígido con sus hijos, no pudo evitar enseñarme que el mayor tesoro es la libertad como le decía don Quijote a Sancho. Y ese es nuestro mundo, el que nadie debería tomar por asalto.

No sé si muchas veces me habrá extrañado, sé que no fueron tantas las que yo lo extrañé. En algún lado, donde sea que esté, sé que seguiré siendo siempre su pibita o su cativa, su nena chiquita, que no hay que confundir, en gallego, cuando se los llama así a los niños pequeños, es con amor, no para indicar opresión. Y sé, también, que donde quiera que esté, se afeitará siempre la barba para que su nena no se asuste al verlo llegar cambiado y que estará cerca cuidando mis pasos, alejando a todo Marcos que pueda volverse a cruzar.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

12


Ismael se pregunta si Marcos abandona quién será nuestro dueño. La verdad, Marcos siempre abandona hasta cuando la que decide retirarse de la partida sea yo. Él siempre termina diciendo que la decisión fue de él cuando yo ya le había dejado clara antes mi postura.

El problema es pensar que hay dueños, de lo que sea. Creo que esa letra sería mejor si dijera si Marcos abandona, quién será nuestro compañero. Caminar de lado, ver de frente. Nunca caminar adelante de la tropa ni mirar de arriba.

Marcos discursivamente es el compañero, el que toma decisiones en grupo, el democrático, el no violento, etc. Marcos en acción es todo lo que él niega, todo contra lo que él predica. Las decisiones nunca son de equipo, siempre plantea el verticalismo, siempre impone lo que piensa, arregla las cosas a golpes de puño (esto lo digo por relatos que él mismo profirió). Marcos no solo no sabe nada del amor, sino que no sabe nada de la vida.

Marcos sabe muy poco de sí mismo y eso es triste. Él es muy triste, aunque lo niegue.

11


Uno tendría que saber leer indicios. De las dos veces que Marcos estuvo en casa, en la primera, hizo algunas cosas que marcarían su forma de proceder. Sucedió un miércoles por la mañana, más exactamente el 8 de junio. Cuando estaba preparando el mate que íbamos a tomar, me dijo que lo estaba haciendo mal. Le propuse, entonces, que lo hiciera él. Si alguien es capaz de decirte que hacés mal un mate de entrada, seguirá haciendo lo mismo de ahí en adelante, no lo dudes. De hecho, en ese momento, le dije que me hacía recordar a otro sujeto anterior que me decía que lavaba mal los platos. En ese momento, fue cuando él se despegó de esa imagen nefasta diciendo que él no era así Cuando alguien se quiere separar por la negativa en lugar de mostrarlo con acciones, es porque es realmente igual a eso de lo que quiere alejarse.

Luego, mientras charlábamos, me dijo que a veces las cosas no se dan, que hay que esperar un tiempo, que ya le había pasado de tener mucha atracción con una chica y que no fuera el momento. Era la mejor forma de decirme que me iba a torturar al cansancio, que su manipulación era solo para que trabajara e hiciera las cosas por él y que, además, lo cubriera siempre. Le dije que me había pasado una vez que alguien me manipulara bastante tiempo y que después dijera que yo me había confundido y se hizo el tonto.

Alrededor de las 12 del mediodía, le dije que tenía que ir a almorzar con mi papá, a quien veía bastante poco porque vivía en Posadas y venía de vez en cuando a Buenos Aires para vernos o, tal vez, para verla a ella, ya que solo las ciudades eran sus grandes amores. Y Marcos me dijo que yo prefería a mi papá. Es claro que, en ese entonces, hubiera deseado quedarme charlando con él, pero no me arrepiento de haberme ido. Fue una de las últimas veces que comí con mi papá mientras veíamos El zorro, programa del que casualmente los dos eran fanáticos. Y menos me arrepiento si alguien me da a elegir, aunque sea en broma, entre mi padre o él porque eso es un signo de posesión, del mismo modo que lo es mandar mensajes a las 11 y media de la noche para ver cómo la está pasando uno en una reunión, mucho más si tenemos en cuenta que sólo éramos compañeros de trabajo. Después, me reclamaba a mí que le hubiera mandado mensajes a cualquier hora de la noche por motivos tontos. Él siempre olvida lo que quiere olvidar.

Nunca entendió que nunca fui suya y que mucho menos lo seré. De nadie. Jamás seré de nadie. Así se lo dije a mi papá en una de esas veces que discutíamos y me dijo que yo era suya, creo que le daba placer mezclado con orgullo saber que su hija daba batalla por lo que pensaba. Ahora, creo que sus provocaciones eran una forma de entrenarme contra el mundo, de sentir que su hija jamás se iba a dejar dominar, como tampoco nunca lo había dejado él.