Ensonnacionesmarianas es un blog abierto a la reflexión propia y ajena sobre cualquier tema sobre el que deseemos pensar. El ensueño tiene que ver con la idea antigua del sueño como camino al conocimiento (por ejemplo, El primero sueño de Sor Juana).

F(h) Consultora en PYMES y ONGs

sábado, 2 de noviembre de 2013

Estaba triste y apareciste. Quizás, por eso vuelvo a hablarte a vos en lugar de contarle a la gente sobre vos.

Decía que estaba triste y apareciste. El lunes, salí antes de la facultad porque no podía ni con mi alma ni con mi cansancio. Llegué a casa, abrí la puerta. Mientras caminaba hacia el ascensor algo me hizo retroceder. Había un folleto en el piso. Era del bar de la esquina de tu casa, Pichincha e Independencia, al que pedíamos la comida cuando almorzábamos juntos. Lo primero que pensé fue que es un poco lejos para que hubiera llegado hasta acá. Ahí estabas. Vos no hubieras dicho nada si me hubieras visto triste, no hubieras hablado. Lo único que hubieras hecho habría sido decirme que pidiera un sánguche de lomito completo en ese bar. Hubieras querido comerlo vos, pero no podías.

Ahí estabas. Diciéndome que me pidiera uno de lomito completo. No hubieras dicho nada o hubieras rajado una de tus puteadas negadoras, pero, finalmente, me hubieras invitado a comer. Tal vez, porque la vida te enseñó que los sentimientos, todos, son cuestión de tiempo. Algunos se aplacan, otros mueren, otros resucitan y algunos son eternos.

Tomé del piso el folleto y lo puse en mi cuaderno. Por ahí debe de andar nadando, entre apuntes, esperando a que algún día lo cuelgue en mi heladera.

domingo, 27 de octubre de 2013

En días como el de hoy, extraño a mi papá. Ese tipo que se reconocía de derecha y me decía que él era el único en este país que se reconocía como tal. Fue la persona con la que me pasé siempre hablando de política, tanteándolo. Cuando yo era bien chica, leía el diario conmigo, leía Clarín. Vimos pasar juntos el plan Austral, la hiper, las elecciones del 89.

Ya entrada mi adolescencia, le preguntaba quién había sido el mejor presidente de la Argentina y su respuesta era que Onganía. Le preguntaba quién era el señor que estaba en el cuadro sobre su escritorio y me respondía que era Fraga Iribarne. Elogiaba a Franco al mismo tiempo que lo criticaba. Nos había pedido, en nuestro viaje a España, que besáramos su tumba. Sin embargo, en los 90, abandonó Clarín, a lo mejor, pensaba que mentía. Lo cambió por Página/12. Porque, aunque era de derecha, le gustaba leerlo a Verbitsky. Reconocía lo bueno, aunque estuviera en su orilla contraria. Página es una de las herencias lindas que me dejó.

Con mi viejo hablábamos siempre de política y no me censuraba, me pedía que leyera para saber de qué hablaba. Me censuraba menos que alguien de izquierda que conozco. Nos peleábamos. Cuando hablaba mal de los extranjeros, enfurecida le decía "¿y vos cómo entraste?". Y se calentaba y se callaba.

Había días en que tenía asegurado un llamado de él: las navidades, las pascuas, mi cumpleaños y los días de elecciones.

Antes de morir, cuando estaba internado, con ese humor negro gallego que nos caracteriza, lo palmeé en la panza y le dije riéndome "bien que te quejás de Cristina, pero qué linda tele que tenés gracias a ella". La había sacado con esos créditos para jubilados. Su respuesta, también riéndose, fue "pero ahora que me muero se cancela la deuda, no la termino de pagar" y me lo decía con el placer de haberla cagado a Cristina. Los dos juntos nos reímos de su muerte.

Creo que fue la última vez que me reí con él.

sábado, 26 de octubre de 2013

La hermana más amada, la libertad

Quiero defenderla porque es mi hermana más joven y, al hermano menor, hay que defenderlo.

Esta semana, circuló mucho la idea de qué es bancarse la dictadura. Al parecer, los niños que nacimos en ella o finalizando esa etapa, fuimos inmunes. Es cierto, no tengo ningún pariente desaparecido, ni torturado. Ningún conocido en esas circunstancias. No la padecí en carne propia.

Sin embargo, me pregunto si no hay efectos residuales. Nací en una familia netamente española. Mi papá nació en la pobreza, en Galicia, seis meses antes de que comenzara la guerra. Mi madre bajo las mismas circunstancias, en Asturias, cinco años después de finalizada la guerra. Fueron educados bajo el rigor y la opresión del franquismo ambos. Por parte de mi mamá, siempre escuché historias vinculadas con ese pasado desgarrador: la falta de comida, mi bisabuela escuchando a escondidas la Pirenaica, una vecina entregando a mi abuelo para que fuera a pelear, un tío abuelo que pasaba de cárcel en cárcel, familiares que se cambiaban de bando para que uno de ellos pudiera conocer al hijo recién nacido. También, la historia de un hombre que llegaba a su casa y le decía que volvía de la guerra a esa señora, que tenía hambre. Ella le decía que le iba a dar de comer porque, si un día su hijo se aparecía por la casa de alguien, querría que hicieran lo mismo. En ese momento, ese joven barbudo le preguntaba "madre, ¿es que acaso no me reconoces?". Real o no, esa historia es parte de mi familia. Por parte de padre, abundaba el silencio. Sus dolores los callaba. Algunos familiares de él habían ido a la guerra también, pero no hablaba de eso.

Con esa educación y ese pasado, mi mamá siempre prefirió no hablar de temas dolorosos, no puede ver películas de guerra y trata de no hablar de la dictadura. Cuando yo era chica, recuerdo que una vez que dije la palabra "Perón", se agachó y me dijo por lo bajo "eso no se dice". Había mucho miedo, miedo acumulado en las dos orillas. Mucha cultura del silencio que vino en barco y que se afianzó acá.

En el cole de monjas, me enseñaron la autocensura, a tener miedo, a respetar las órdenes, a no cuestionarlas. A hacer cosas sumamente idiotas e inútiles sin cuestionar por qué. De grande, en los 90, hablar de la dictadura era complejo todavía y, al mismo tiempo, al cumplirse los 20 años, fue algo que se puso muy en el tapete. Sin embargo, en algunas escuelas, de eso seguía sin hablarse. Cuando mi hermana estaba en 5to año, la quisieron echar por un afiche del Nunca más, que habían hecho con una compañera. Entre otras cosas, porque aparecía la Iglesia involucrada y mi cole era católico. Entre otras cosas, las acusaban de hacer propaganda porque estaba colocado en una pared que se veía no bien entraban los alumnos al colegio, una pared interna del aula.

Cuando yo estaba en 5to año, una compañera había hecho unos afiches sobre la dictadura. Pero, en ese momento, dos años después del episodio de mi hermana, no nos podían decir nada porque se empezaba a instalar el tener que hablar del tema. Estoy hablando del año 98, 22 años después.

Creo que la universidad me fue sacando el miedo. Y, en esas cosas, mi vieja y yo fuimos evolucionando a la par. ¿Por qué? porque para ella fue el período de democracia más largo que tuvo en su vida. Ayer, me decía que la gente no tiene memoria, que estos diez años son lo mejor que ella recuerda desde que vino a la Argentina (59), que la gente se olvidó de los 90. Me da felicidad que mi vieja hable de política porque, antes, decía que no sabía. Me da felicidad que la persona que me dijo con miedo, hace muchos años, que no podía decir "Perón", ahora, se atreva a defender el gobierno de Cristina. Me da felicidad que haya pasado de cuestionar la restitución de niños en la década del 80 a defender a Estela. Me da felicidad que ella diga "era lo que nos decían y uno se creía todo" y que, ahora, cuestione lo que escucha.

Fue un proceso en ella, en mí y en muchos más. Es el día de hoy que, si alguna autoridad me dice algo en mal modo, tiemblo. Es el día de hoy que no soporto discusiones porque tiemblo. Los que tuvieron encarnado el miedo en algún momento saben de qué hablo. El miedo y la autocensura se transmiten, lamentablemente.

Entonces, me pregunto ¿si yo padezco los efectos de una guerra (interminable, como la llama Amudena), una guerra del otro lado del océano, cómo podemos decir que Juan no padeció la dictadura? Dicen eso y me resuena el tango "sentir que veinte años son nada". Sin embargo, en su vida, fueron 25 años de ser otro, de haber sido violentado de muchos modos.

Por eso, por lo que nos costó y por lo que nos cuesta. Por los efectos económicos y sociales que la dictadura nos dejó, como sociedad, siempre tendremos una huella.

Por eso, me hierve la sangre cuando alguien dice que vivimos en dictadura. ¿Cuántas veces sintieron terror de hacer algo y que alguien se entere? ¿Cuántas veces se autocensuraron por miedo?

Quizás, por todos esos miedos que tuve y que a veces me paralizan todavía, es que ir a votar me deja plena de felicidad y que mi mamá haya empezado a votar hace muy poquitos años en su tierra me deja llena de alegría. Que ella con sus casi 70 años se atreva a decir que todos esos son unos hijos de puta sin reprimirse ante la "mala" palabra como lo hacía antes me da placer.

Mañana, es una jornada más en que iremos a elegir qué es lo que queremos para nosotros y para todos los habitantes del suelo argentino. Como decía al principio, la democracia es mi hermana más joven y tengo la obligación de defenderla y de explicarles a sus hermanos menores quién es.

jueves, 24 de octubre de 2013

Una de las fotografías de mi infancia es el sonido de la máquina de coser de mi mamá, que venía de detrás del mueble donde estaba la tele. Ese sonido venía acompañado de la voz de alguno de los cantantes preferidos de mi vieja. Uno era este señor, que se pasó la vida buscando su carro. Cuando escuchaba esta canción, yo entendía que decía "porrompompero perón" y me preguntaba cómo este señor siendo español podía ser peronista y cómo siendo peronista mi madre lo idolatraba. Pero, como tantas otras cosas que me preguntaba, me las callaba.

Acaba de fallecer parte de mi infancia y mi mamá, pobre, me dice que lo está llorando como lo lloró a mi viejo. Será que era un gusto compartido, será que llora parte de un pasado que se va. Qué le puedo decir si hasta a mí me dio tristeza.

miércoles, 23 de octubre de 2013

Cuando cursé Griego, leímos La ilíada. Una de las cosas que nos explicaba el profe es que hay algo llamado "areté" (la excelencia en algo), qué es lo que se espera de un hombre y de una mujer. La areté del hombre debía ser su valor guerrero y la de la mujer la belleza.

Sor Juana en 1600 y algo, en sus poemas y en sus cartas, reclama un espacio para la mujer en el conocimiento, en lugar de seguir teniendo reservado el espacio de lo meramente decorativo (¿En perseguirme, mundo, qué interesas? / ¿En qué te ofendo, cuando sólo intento / poner bellezas en mi entendimiento / y no mi entendimiento en las bellezas?).

¿Es posible que el valor en una mujer siga siendo la belleza? ¿Que llegando el verano solo importen culos, tetas, panzas, brechas entre piernas?

Me indignan las minas que siguen fomentando eso. Al final, ¿qué es la belleza? ¿qué es lo más bello en una persona? ¿cómo se constituye la belleza? ¿cuando amamos a alguien, amamos qué belleza? En mi caso, creo que la respuesta para todas esas preguntas es "inteligencia y bondad".

martes, 22 de octubre de 2013

Cinco días para recordar

Se me fue mi Moro. Fueron cinco días de mucho cariño, pero no quiso más. Desde que llegó a casa, le dije que aunque sea la traía para que muriera acompañada. Y así fue. Ayer, una sombra se cirnió sobre ella y le dije a la maldita parca que se alejara, la miré a la gatita y parafraseando el título de la obra de Casona, le dije a La Moro "prohibido morirse en primavera".

Pero retener a los seres es inútil. Hoy, se levantó mal. No atiné a llevarla temprano al médico, me dije que podría esperar. Sin embargo, algo me dijo que saliera antes del colegio. Vine. La toqué, pensé que estaba muerta. Me la puse sobre el pecho y dio un suspiro, acarició mi cara con la suya.

La llevé al médico y se hizo lo posible. Ya no sufre más. Le quedará quedarse conmigo en su aloe vera, bajo el que buscó refugio este fin de semana.

La Moro, mi Moro, ya no está más.


jueves, 17 de octubre de 2013