Ensonnacionesmarianas es un blog abierto a la reflexión propia y ajena sobre cualquier tema sobre el que deseemos pensar. El ensueño tiene que ver con la idea antigua del sueño como camino al conocimiento (por ejemplo, El primero sueño de Sor Juana).

F(h) Consultora en PYMES y ONGs

domingo, 30 de septiembre de 2012

El gen de la tragedia

El martes, llamé a mi mamá como habitualmente y no atendió. Me bañé, saqué a pasear al perro y, cuando volvía a casa, llamado perdido al celular por parte de ella. Me dije que la llamaría después porque quería ir a la peluquería antes de que se llenara.

Cuando vuelvo a casa, llamado:

- Hola, ¿estás bien? ¿pasó algo?

- No, nada.

Acto continuo le expliqué la situación.

- ¡Qué alivio! Qué suerte, no pasó nada (se escucha que le dice a Miguel, a quien le debe de haber taladrado el marote).

- ¿Qué iba a pasar?

- Es que como siempre llamas y hoy no lo hiciste.

- Lo hice, te dije que lo hice.

- Es que el teléfono no me marcó nada y pensé que te habría pasado algo.

Hace un rato volvió a sonar el teléfono y, como interrumpió mi sueño, estaba con mi mejor voz de Adriana Varela. Aclaro que ayer no pudimos hablar y no me preocupó porque sabía que se iba de viaje a Galicia.

- Hola, ¿te desperté?

- Sí, pero no importa (mentira).

- Perdón, perdón, ¿estás muy resfriada?

- Más o menos, como siempre.

- ¿Pero pasó algo que hablas así? Además, ayer, llamé antes de salir y dejé un mensaje en el contestador, y me pareció raro que no estuvieras.

- No pasó nada, ¿vos no estabas de viaje?

- Sí, sí, ayer salimos, ahora, estoy en Santiago a punto de volver, después te llamo.

- Dale.

Por qué siempre pensar que me pasó algo trágico.

jueves, 27 de septiembre de 2012

26

Desde que papá murió, los jueves son diferentes, son más míos, son los días más propicios para que las cosas me salgan bien. La gente me sonríe, aunque parezca exagerado, y siento la tranquilidad infinita que me dan esos días ahora.

Es como si él volviera, porque siempre vuelve esos días cuando me despierto. Se instala en mi cabeza, en mi recuerdo, se queda.

Al principio, uno cuenta los días a medida que se pregunta por qué. Con el correr de los días, pensamos en la cantidad de semanas hasta que estas se hacen meses. Cada día 10, pienso si al empezar a contar los años lo iré olvidando de a poco o si seguirá estando ahí. Y me da miedo perderlo, convertirlo en una ilusión, prefiero que siga siendo la negra sombra que en todo se aparece, que viene cargando de recuerdos los jueves, de luz, de bienestar, de soledad y de paz.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

25

Ayer, soñé con papá. Estaba allí dándome unas indicaciones. En el sueño, estaba muerto, claro. Y me miró con la mirada más llena de amor con la que me miraron en la vida, que fue la misma mirada con que se dirigió a mi la última vez, aquella en que le prometí que regresaría a verlo.

Es una promesa que no cumplí, fui cobarde, lo sé. Y tampoco fui a verlo ni a despedirme el día de su entierro. Jamás podría ir a ver inerte a quien para mí era inmortal. Creo que jamás me cuestioné la finitud de mi mamá, tal vez, por tenerla tan cercana en muchas actitudes. Pero de mi papá era impensable que se muriera, al menos, tan pronto. Y, aunque cinco meses antes sabía que esto sucedería, aún hoy, casi cinco meses después de su muerte no consigo creerlo del todo.

Vino en el sueño para decirme qué hacer en una situación en que debía proteger a otra persona. Sé que, de algún modo, él sabía o sabe que puedo cuidar de otros y sé que ahora no necesito de nadie porque a su modo está cuidándome las espaldas. Si alguien se achica ante mí, no puede mirarme a la cara, no puede dirigirme la palabra o se acobarda sin más, sé que en realidad rehuyen de la mirada de él, sé que le tienen miedo a la voz grave que en algún lugar los maldice en gallego por estar metiéndose con su nenita.

Marcos me dijo que me iba a cuidar hasta el día en que él se muriera. Marcos es promesas fáciles. Papá siempre fue corto de palabras que demostraran afecto, jamás me dijo que me cuidaría y, sin embargo, sé que su límite para hacerlo no fue la vida. Sé que algunos, más tarde o más temprano, vendrán desandando sus pasos, pisando sus negras sombras a pedir perdón. Lo que esos algunos no saben es que yo podré proceder como si nada hubiera pasado, pero que no olvido ni perdono.

24

Pensaba que no me lo cruzaría, pero allí apareció. Di un salto, pensé en un primer instante que era el temor que se apoderaba de mí nuevamente, pero no. Lo vi más pequeño que nunca, más pobre que antes, creyéndose el cuento de hadas eterno que se cuenta a sí mismo y que parece nunca acabar.

Fue gratificante no sentir más angustia en el pecho. Supongo que él seguirá pensando que estoy enojada, que vivo muriendo por él. Las cosas que él, ridiculamente, siempre pensó. No sabe que terminó de consumar su muerte, su suicidio lento, por actos como si de una obra teatral se tratara hasta terminar haciendo mutis por el foto. Porque es tan cobarde Marcos que ni siquiera podría representar su propia muerte hasta que el telón cerrara, se levantaría y saldría corriendo para ver si sigue siendo útil en otra representación.

Marcos tiene un alma pobre, poco evolucionada. Pequeñita.

Estuve por huir, hacer que otro le entregara unos papeles que debía darle y me dije que si el traidor había sido él, quien debe bajar la mirada no soy yo. Marcos no puede mirarme a los ojos. Marcos no tiene más palabras para decirme.

Y no es el único. La gente miserable que tira la piedra y esconde la mano, la gente que ríe copando lugares mostrando su majestuosidad mientras trabaja en las sombras, no puede sostener nunca la mirada, no puede ser de sí mismo más que una negra sombra.

lunes, 24 de septiembre de 2012

Sos tan fashion

Desde hace un tiempo, hay una moda oculta, una tendencia a ser moderno que es ser un revolucionario aburguesado. El clase medio mierda que cree que es de izquierda o que es revolucionario porque repite sin cesar determinados pensamientos, pero que a la hora de actuar prefiere viajes y placeres mundanos en lugar de ocuparse de la realidad, de esa misma realidad que dice que hay que cambiar.

Pero no, no son capaces porque viven en un discurso vacío, viven en su propia caverna mental. Se compran sus remereas de Mc Guevara's o Che Donald's, como dice Kevin, y creen que son tan capaces de ponerle el pecho a la revolución como él. A sus remeras, se suman las del EZLN, las letras de Silvio o de Ismael, etc.

Estos neo fashion terminan banalizando lo mismo que dicen creer porque usar la remera del Che cual slogan y terminar comiendo en restaurantes de moda, pensar en sus viajecitos y en todos sus placeres pequeño burgueses los convierten en eso, en algo de lo que pocas personas hoy pueden escapar.

Estaría bueno que, en lugar de predicar tanto, se dedicaran a actuar. Menos Hamlet y más Macbeth. Sería óptimo que atendieran eficazmente las realidades urgentes de las que cotidianamente pueden ocuparse en lugar de llenarse la boca de palabras que nunca pueden llevar a la acción.

Los neo fashion boicotean el pensamiento que dicen seguir, arruinar al que de verdad piensa y actúa acorde dentro de las propias limitaciones que cada uno puede tener. Sería muy conveniente que el neo fashion aceptara que es un pecho frío de centro al que le conviene la vida tal cual es y no la revolución, esa revolución de la que huirían si en ella tuvieran que pelear.

23

Cuando uno ama a alguien opresivo, tiene ganas de comprenderlo, de justificarlo, de decir que es buena gente. Por lo general, cuando uno pierde un amor que era saludable, puede tener la sensación de estar desorbitado, medio perdido.

Sin embargo, cuando lo que perdés en realidad es una ganancia, sentís que volvés a encontrarte, volvés a ser vos mismo, volvés a respirar hinchándote los pulmones de oxígeno puro. La libertad regresa.

Marcos nunca comprenderá hasta que punto él tenía razón cuando me dijo que no era el hombre indicado para mí. Creo que no puede dimensionar cómo me abrió los ojos y me mostró la verdad. Creo que es el único acto que debo reconocerle como cuasi heróico, el haber podido decirme no soy buena gente para vos.

Tenía tanta razón que comencé a dejar de justificar lo que ni él mismo puede justificar, dejé de someterme a sus manipulaciones, agresiones y malostratos generales.

No quiero ser su caperucita y, la verdad, ese hombre al que veía muy grande y muy valioso, cada vez se encoje más y muestra a tal punto sus miserias que no sabe lo minúsculo que se va volviendo.

No se puede querer a alguien que consigue que dejemos de hacer lo propio con nosotros mismos, al que nos quita la libertad sin siquiera estar a nuestro lado. Él me limitó y sé que yo lo permití. Pero salí de mi jaulita, estoy tratando de liberarme de mis miedos y de decirle basta de una buena vez.

Marcos no se merece tantas palabras de mi parte como viene recibiendo, ni de las buenas ni de las malas ni de las honestas. Pero si lo construyo aquí y lo muestro es para que ese fantasma se esfume para siempre de mi vida, para que se convierta en su propia sombra, en la sombra de su propia miseria.

domingo, 23 de septiembre de 2012

22

Marcos, al principio, me pedía que lo fuera a visitar a su trabajo los días que yo no andaba cerca. También, entraba a buscarme seguido para hablar de cualquier cosa conmigo, aunque interrumpiera lo que yo estaba haciendo.

Varias veces le dije que dejara de hacerlo y le dije que no pensaba ir a visitarlo porque no correspondía, porque pensarían cualquier cosa sobre esa situación.

En cierta ocasión, me dijo que no le comentara a nadie su fecha de cumpleaños, que solo yo la sabía, que a él no le interesaba vincularse con nadie más del lugar. Me contaba tantas mentiras, que me decía que hacía donaciones que no eran reales (luego supe eso) o decía que él juntaba mis cosas para que no se me perdiera, cuando lo había hecho otra persona.

Una vez, yo estaba mal y me dijo que me iría a ver, pero no lo hizo, por supuesto, se acobardó. Cuando yo comencé a poner límites a sus tonterías, una vez dejé de hablarle y estando en una reunión, cuando esta terminó, estaba esperándome a mis espaldas para hablar conmigo.

Marcos tenía algún interés en mí, no sé cuál ni me importa ahora, pero él jamás podrá negar las cosas que los dos sabemos. Marcos se hacía el gracioso, el infantil, el guerrero, pero cuando tuvo que sostener su gracia, su parte lúdica y su parte batalladora no pudo porque era todo una invención de lo que esa pobre personita pequeña y oscura quiere ser. Pero jamás se animó a romper el cascarón.

Lo peor de Marcos no es que no sepa nada de la vida ni nada del amor. Lo peor de Marcos es que sigue sin tener interés en saberlo. Será de esa gente que, cuando llega a grande, se convierte en un ser gruñón que detesta en los demás todo lo que quiso ser y no se atrevió, y tampoco tendrá a nadie a su lado para contarle sus historias.

Pobre Marcos, tan grande y sigue sin darse cuenta de que la vida es un juego que hay que estar dispuesto a jugar.