Ensonnacionesmarianas es un blog abierto a la reflexión propia y ajena sobre cualquier tema sobre el que deseemos pensar. El ensueño tiene que ver con la idea antigua del sueño como camino al conocimiento (por ejemplo, El primero sueño de Sor Juana).
F(h) Consultora en PYMES y ONGs
miércoles, 19 de junio de 2013
domingo, 2 de junio de 2013
Mi mamá me preguntó por Valeria Grance.
- Ahora se conecta poco, pero como tiene un teléfono inteligente, nos hablamos por whatsapp (le hice una breve descripción sobre whatsapp).
- ¡Teléfonos inteligentes! Cuánto más simple que era en mi época.
- Tenés razon, además, inteligente tiene que ser el que lo maneja. Así se llaman. ¿Escuchaste hablar de los smartphones?
- Sí, en la radio.
- Bueno, quiere decir eso, solo que yo te lo digo en castellano.
sábado, 18 de mayo de 2013
lunes, 15 de abril de 2013
Lo cagao pal culo, que no se vea
Cada vez que salgo a pasear al perro, observo diferentes cosas. Una de las primeras cosas que vi fue que la plaza se estaba llenando de gente que vivía en ella. Después, que nos habían sacado los relojes antiguos y los habían sustituido por otros más modernos con pantalla solar. Sin embargo, las chapas metálicas que dan a las partes de la luz de la plaza siguen rotas y cubiertas por cartones que pusieron los cartoneros.
Hace dos días, vi que habían sacado a la gente que vivía allí y me pregunté adónde los habrían mandado o si, directamente, los habrían corrido de lugar solo para limpiar la plaza. Pintaron las glorietas, agregaron unas plantas bastante feas y le lavaron la cara al lugar.
Hoy, de nuevo veo que alguien está durmiendo ahí. Es lógico, no se puede tapar el sol con el dedo.
Cuando yo era adolescente y mi mamá me pagaba por tejidos que yo hacía, cuando los terminaba mal me decía que los rehiciera. Yo siempre le decía que no se notaba a lo que ella me decía "claro, lo cagao pal culo que no se vea" y me exigía que lo rehiciera porque me pagaba por eso.
Y siento que la política macrista es así, arreglar o cambiar lo visible y lo cagao pal culo que no sea vea. Siento que a esa gente en lugar de pensarles algo para que vivan en condiciones los mandaron directo al culo y los escondieron.
Yo haría como mi mamá, le pediría que rehiciera las cosas.
lunes, 1 de abril de 2013
Hoy, vi El encanto del erizo. La nena, al final, planteaba que lo malo de la muerte es dejar de ver a los seres queridos, pero que lo bueno de la muerte es aquello que estaba haciendo quien fallece.
Me pregunté todo el día qué era lo que estabas haciendo y creo que la respuesta es que estabas amando y aceptando a tus hijos. Creo que estabas siendo feliz por primera vez en mucho tiempo.
sábado, 30 de marzo de 2013
Hace dos o tres semanas que vivo con un nudo en la garganta y que me la paso llorando porque te recuerdo todo el tiempo. Quizás, porque esta vez se está haciendo muy largo el tiempo que llevamos sin vernos.
Hoy, soñé una vez más con vos y, si bien en mi sueño yo sé que tenía la edad que tengo ahora, al despertar me di cuenta de que era una nena muy chiquitita corriendo a los brazos de su papá que la esperaba sentada en una silla. Una vez más, estabas sentado en la casa de Posadas (tal vez, ese sea nuestro lugar de encuentro ahora), vestido con un jean y una campera de jean, como solías hacerlo a fines de los 80.
Mañana, me va a faltar tu saludo por las pascuas, nuestras peleas telefónicas, vos comiendo del otro lado del auricular, preguntándome qué me voy a preparar para comer y cuándo te voy a hacer algo rico a vos.
Mucha gente cree que soy demasiado descarnada para decir lo que pienso. En eso, soy como vos. La verdad duele, duele mucho, pero el mejor regalo que te puede hacer alguien que te quiere es decírtela. Como vos, aquel viernes antes de morirte, seis días antes, en que me llamaste para decirme que te ibas a morir y que querías despedirte, que me querías mucho. Ahora, recién ahora, me doy cuenta de cuánto amor había en esas palabras. A tu manera, rudo, seco. Pero me regalaste la verdad de tu muerte.
Las mejores palabras que tengo para decir no son mías, robo unas que le escribió Galeano a Conti: "y yo ya no tengo cómo decirle que lo quiero y que nunca se lo dije por la vergüenza o la pereza que me daba".
Yo ya no tengo cómo decirte que te quiero, pa.
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