Ensonnacionesmarianas es un blog abierto a la reflexión propia y ajena sobre cualquier tema sobre el que deseemos pensar. El ensueño tiene que ver con la idea antigua del sueño como camino al conocimiento (por ejemplo, El primero sueño de Sor Juana).
F(h) Consultora en PYMES y ONGs
domingo, 27 de octubre de 2013
sábado, 26 de octubre de 2013
La hermana más amada, la libertad
Quiero defenderla porque es mi hermana más joven y, al hermano menor, hay que defenderlo.
Esta semana, circuló mucho la idea de qué es bancarse la dictadura. Al parecer, los niños que nacimos en ella o finalizando esa etapa, fuimos inmunes. Es cierto, no tengo ningún pariente desaparecido, ni torturado. Ningún conocido en esas circunstancias. No la padecí en carne propia.
Sin embargo, me pregunto si no hay efectos residuales. Nací en una familia netamente española. Mi papá nació en la pobreza, en Galicia, seis meses antes de que comenzara la guerra. Mi madre bajo las mismas circunstancias, en Asturias, cinco años después de finalizada la guerra. Fueron educados bajo el rigor y la opresión del franquismo ambos. Por parte de mi mamá, siempre escuché historias vinculadas con ese pasado desgarrador: la falta de comida, mi bisabuela escuchando a escondidas la Pirenaica, una vecina entregando a mi abuelo para que fuera a pelear, un tío abuelo que pasaba de cárcel en cárcel, familiares que se cambiaban de bando para que uno de ellos pudiera conocer al hijo recién nacido. También, la historia de un hombre que llegaba a su casa y le decía que volvía de la guerra a esa señora, que tenía hambre. Ella le decía que le iba a dar de comer porque, si un día su hijo se aparecía por la casa de alguien, querría que hicieran lo mismo. En ese momento, ese joven barbudo le preguntaba "madre, ¿es que acaso no me reconoces?". Real o no, esa historia es parte de mi familia. Por parte de padre, abundaba el silencio. Sus dolores los callaba. Algunos familiares de él habían ido a la guerra también, pero no hablaba de eso.
Con esa educación y ese pasado, mi mamá siempre prefirió no hablar de temas dolorosos, no puede ver películas de guerra y trata de no hablar de la dictadura. Cuando yo era chica, recuerdo que una vez que dije la palabra "Perón", se agachó y me dijo por lo bajo "eso no se dice". Había mucho miedo, miedo acumulado en las dos orillas. Mucha cultura del silencio que vino en barco y que se afianzó acá.
En el cole de monjas, me enseñaron la autocensura, a tener miedo, a respetar las órdenes, a no cuestionarlas. A hacer cosas sumamente idiotas e inútiles sin cuestionar por qué. De grande, en los 90, hablar de la dictadura era complejo todavía y, al mismo tiempo, al cumplirse los 20 años, fue algo que se puso muy en el tapete. Sin embargo, en algunas escuelas, de eso seguía sin hablarse. Cuando mi hermana estaba en 5to año, la quisieron echar por un afiche del Nunca más, que habían hecho con una compañera. Entre otras cosas, porque aparecía la Iglesia involucrada y mi cole era católico. Entre otras cosas, las acusaban de hacer propaganda porque estaba colocado en una pared que se veía no bien entraban los alumnos al colegio, una pared interna del aula.
Cuando yo estaba en 5to año, una compañera había hecho unos afiches sobre la dictadura. Pero, en ese momento, dos años después del episodio de mi hermana, no nos podían decir nada porque se empezaba a instalar el tener que hablar del tema. Estoy hablando del año 98, 22 años después.
Creo que la universidad me fue sacando el miedo. Y, en esas cosas, mi vieja y yo fuimos evolucionando a la par. ¿Por qué? porque para ella fue el período de democracia más largo que tuvo en su vida. Ayer, me decía que la gente no tiene memoria, que estos diez años son lo mejor que ella recuerda desde que vino a la Argentina (59), que la gente se olvidó de los 90. Me da felicidad que mi vieja hable de política porque, antes, decía que no sabía. Me da felicidad que la persona que me dijo con miedo, hace muchos años, que no podía decir "Perón", ahora, se atreva a defender el gobierno de Cristina. Me da felicidad que haya pasado de cuestionar la restitución de niños en la década del 80 a defender a Estela. Me da felicidad que ella diga "era lo que nos decían y uno se creía todo" y que, ahora, cuestione lo que escucha.
Fue un proceso en ella, en mí y en muchos más. Es el día de hoy que, si alguna autoridad me dice algo en mal modo, tiemblo. Es el día de hoy que no soporto discusiones porque tiemblo. Los que tuvieron encarnado el miedo en algún momento saben de qué hablo. El miedo y la autocensura se transmiten, lamentablemente.
Entonces, me pregunto ¿si yo padezco los efectos de una guerra (interminable, como la llama Amudena), una guerra del otro lado del océano, cómo podemos decir que Juan no padeció la dictadura? Dicen eso y me resuena el tango "sentir que veinte años son nada". Sin embargo, en su vida, fueron 25 años de ser otro, de haber sido violentado de muchos modos.
Por eso, por lo que nos costó y por lo que nos cuesta. Por los efectos económicos y sociales que la dictadura nos dejó, como sociedad, siempre tendremos una huella.
Por eso, me hierve la sangre cuando alguien dice que vivimos en dictadura. ¿Cuántas veces sintieron terror de hacer algo y que alguien se entere? ¿Cuántas veces se autocensuraron por miedo?
Quizás, por todos esos miedos que tuve y que a veces me paralizan todavía, es que ir a votar me deja plena de felicidad y que mi mamá haya empezado a votar hace muy poquitos años en su tierra me deja llena de alegría. Que ella con sus casi 70 años se atreva a decir que todos esos son unos hijos de puta sin reprimirse ante la "mala" palabra como lo hacía antes me da placer.
Mañana, es una jornada más en que iremos a elegir qué es lo que queremos para nosotros y para todos los habitantes del suelo argentino. Como decía al principio, la democracia es mi hermana más joven y tengo la obligación de defenderla y de explicarles a sus hermanos menores quién es.
jueves, 24 de octubre de 2013
Una
de las fotografías de mi infancia es el sonido de la máquina de coser de mi mamá, que
venía de detrás del mueble donde estaba la tele. Ese sonido venía
acompañado de la voz de alguno de los cantantes preferidos de mi vieja.
Uno era este señor, que se pasó la vida buscando su carro. Cuando
escuchaba esta canción, yo entendía que decía "porrompompero perón" y me
preguntaba cómo este señor siendo español podía ser peronista y cómo
siendo peronista mi madre lo idolatraba. Pero, como tantas otras cosas
que me preguntaba, me las callaba.
Acaba de fallecer parte de
mi infancia y mi mamá, pobre, me dice que lo está llorando como lo lloró
a mi viejo. Será que era un gusto compartido, será que llora parte de
un pasado que se va. Qué le puedo decir si hasta a mí me dio tristeza.
miércoles, 23 de octubre de 2013
Cuando
cursé Griego, leímos La ilíada. Una de las cosas que nos explicaba el
profe es que hay algo llamado "areté" (la excelencia en algo), qué es lo
que se espera de un hombre y de una mujer. La areté del hombre debía
ser su valor guerrero y la de la mujer la belleza.
Sor Juana en
1600 y algo, en sus poemas y en sus cartas, reclama un espacio para la
mujer en el conocimiento, en lugar de seguir teniendo reservado el
espacio de lo meramente decorativo (¿En perseguirme, mundo, qué
interesas? / ¿En qué te ofendo, cuando sólo intento / poner bellezas en
mi entendimiento / y no mi entendimiento en las bellezas?).
¿Es
posible que el valor en una mujer siga siendo la belleza? ¿Que llegando
el verano solo importen culos, tetas, panzas, brechas entre piernas?
Me indignan las minas que siguen fomentando eso. Al final, ¿qué es la
belleza? ¿qué es lo más bello en una persona? ¿cómo se constituye la
belleza? ¿cuando amamos a alguien, amamos qué belleza? En mi caso, creo
que la respuesta para todas esas preguntas es "inteligencia y bondad".
martes, 22 de octubre de 2013
Cinco días para recordar
Se me fue mi Moro. Fueron cinco días de mucho cariño, pero no quiso más. Desde que llegó a casa, le dije que aunque sea la traía para que muriera acompañada. Y así fue. Ayer, una sombra se cirnió sobre ella y le dije a la maldita parca que se alejara, la miré a la gatita y parafraseando el título de la obra de Casona, le dije a La Moro "prohibido morirse en primavera".
Pero retener a los seres es inútil. Hoy, se levantó mal. No atiné a llevarla temprano al médico, me dije que podría esperar. Sin embargo, algo me dijo que saliera antes del colegio. Vine. La toqué, pensé que estaba muerta. Me la puse sobre el pecho y dio un suspiro, acarició mi cara con la suya.
La llevé al médico y se hizo lo posible. Ya no sufre más. Le quedará quedarse conmigo en su aloe vera, bajo el que buscó refugio este fin de semana.
La Moro, mi Moro, ya no está más.
jueves, 17 de octubre de 2013
miércoles, 16 de octubre de 2013
Me enmorriñé
A los sentimientos, es necesario sentirlos para poder definirlos.
La RAE dice de la palabra "morriña" así:
"morriña.
(Del gall. port. morrinha).
1. f. coloq. Tristeza o melancolía, especialmente la nostalgia de la tierra natal."
Los que sabemos de qué se trata, sabemos también que esa definición es muy escasa. Así que la googleé. Miren cuántas palabras necesitó una señora para definir con exactitud su signigicado:
"La morriña o nostalgia es un sentimiento propio en todos los seres humanos. Sin embargo, para los gallegos es mas que un simple sentimiento, es un sello particular de identidad. La morriña de aquel gallego que un día ---sin desearlo---dejó atrás su mujer y sus hijos, su casa en la aldea, su amada y verde campiña, y emprende viaje hacia tierras desconocidas y no pocas veces ingratas, donde permanece lejos de todo lo que ama, donde los años transcurren en silencio cómplice con la tristeza...esa morriña llega a convertirse en un sentimiento que desgarra el alma. Morriña del emigrante que lloró la muerte de sus padres sin volverles a ver... y quizás, acolitado por esa misma morriña, también le llegó la muerte sin volver a ver su Terra Nai. Como esa morriña no hay otra igual y hay que ser gallego y sobre todo emigrante para comprenderla a fondo.
Los hijos de los gallegos, vivimos otra forma de morriña, no por ello menos profunda. Una morriña que va gestándose en nuestro interior desde la cuna., cuando nos adormecíamos con un canto de cuna en gallego que, aunque no entiendía bien, sonaba en labios de mi madre a arrullo de ángeles. Cuando mis padres me contaban de Galicia y sus labios, como diestros pinceles sobre un lienzo, me pintaban con detalle la vieja aldea, las altas montañas, el límpido cielo, los verdes valles, las frondosas carballedas y castiñeiros, así como el himno a la alegría de las xestas en flor. Incluso llegué a escuchar el canto de la abubela o el reclamo de la pega en una fría mañana primaveral. Poco a poco, al paso de los años, fuí creando en mi corazón un álbum de recortes y empiezé a sentir mis primeras morriñas...morriña por conocer lo que dentro de mi alma, ya conocía. Recuerdo cuando joven, que trataba de entender la morriña de mi madre, cuando me contaba lo verde que eran los prados de su aldea. Y yo le decía: "Pero mamá, aquí también todo es verde", y con un quedo tono de voz, propio de su profunda morriña me decía: "Meu fillo, non é a mesma herba". ¡Vaya por Dios, ahora comprendo cuanta razón tenía...muy verdes eran ambas pero no eran las mismas yerbas. " (sic).
Solo me queda agregar que, alguna vez, leí que la morriña era una mezcla de nostalgia y deseo de volver a vivir aquello que a uno lo hizo feliz. La mirada de mi papá cuando se enmorriñaba mientras escuchaba música gallega se perdía. Ahora, estoy segura de que, en esos instantes, viajaba, volvía a esos lugares con esas personas. Casi siempre concluía todo con un "me enmorriñé", que lo volvía a la realidad con los ojos más tristes.
Puta, hoy también yo me enmorriñé.
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