Ensonnacionesmarianas es un blog abierto a la reflexión propia y ajena sobre cualquier tema sobre el que deseemos pensar. El ensueño tiene que ver con la idea antigua del sueño como camino al conocimiento (por ejemplo, El primero sueño de Sor Juana).

F(h) Consultora en PYMES y ONGs

lunes, 13 de abril de 2015

Hasta siempre don Eduardo

Se me agolpan las lágrimas en la garganta, se mezclan con las palabras y no salen ni unas ni otras.

La primera reacción fue tener un escalofrío inmenso y quedarme paralizada, tratando de que algo a mi alrededor desmintiera la noticia.

Pienso que lo mejor que puedo hacer es homenajearlo en el aula, contándoles a mis alumnos de él y leyéndoles algo. Quizás, hoy, no sea el mejor día, no tendría palabras suficientes.

A la gente que uno quiere, supongo, aunque no la haya conocido personalmente, no se le dice nunca adiós. Por lo tanto, a usted, mi querido don Eduardo le digo un hasta siempre, hasta la victoria siempre.

viernes, 27 de marzo de 2015

Utopía

La palabra "utopía" podría traducirse literalmente como "no-lugar". Lo más parecido a un "no-lugar" es la patria de un inmigrante (y de algunos hijos también). ¿De dónde son (somos)? Creo que, en general, tienen muy claro de dónde son, pero si uno les preguntara por la patria o el lugar de pertenencia sería más difícil para ellos de explicar.

Mi papá cuando estaba en Galicia quería estar en Buenos Aires o en Posadas y viceversa. De mayor, consiguió tener la ciudadanía argentina sin perder la española y, el día que me mostró su DNI, con mucho orgullo, me dijo "porque soy más argentino que vos". Porque alternaba el voseo, con el tuteo, con el "pibito", con unos cuantos "pelotudo" y con su gallego.

Mi mamá, por ejemplo, que vive con un pie en cada orilla. En Asturias, es Carmen y en Argentina es Mary. En Asturias, congela la comida en la nevera y acá en la heladera. Sobre el uso del lenguaje en ella podría ampliar muchísimo. Sin dudas, cuando nos reta, nos trata de "tú", cuando se relaja de "vos", cuando habla de aprendizajes más primitivos mete palabras asturianas.

De la Yaya no sé decir exactamente qué tierra era su tierra. Aunque supongo que un poco todas. Y de grande encontró en mi hermana y en mí a dos personas a las que contarles cuentos en euskera. Dos personas que, claramente, no la entendían como sí entendíamos a nuestro papá hablar en gallego. Me gusta pensar que ella añoraba algo de su tierra, de la que no recuerdo que me haya hablado, porque siempre nos decía que "etxea" significa "casa". Podría habernos dicho cualquier otra, pero nos decía esa.

La última vez que estuve en una sala de embarque en un aeropuerto me di cuenta de que estar ahí es algo que me encanta y pensé que las salas de embarque son lo más parecido a la patria de un inmigrante, es un claro no lugar: pasaste migraciones, saliste, pero no entraste a ningún lugar, es un limbo, es una cercanía lejana y una lejanía cercana.

Ayer, le dije a alguien que los inmigrantes no tienen lugar. Pero, quizás, los tengan todos... y ninguno. Siempre me costó mucho definirme. Sé por DNI y con orgullo que soy misionera, nunca me presento como "Mariana, de Buenos Aires". Buenos Aires es mi lugar de paso y, sin embargo, es el paso más largo hasta ahora en mi vida. Y lejos de Buenos Aires no sabría qué hacer sin la Plaza de Mayo, sin sus movilizaciones, sin su ruido, sin su tan gallega Avenida de Mayo. Pero soy misionera, aunque no de pura cepa, pero me emociona escuchar al Chango, me reconozco en toda la gente de la zona (Paraguay, Corrientes, Chaco, Formosa) y le digo a la gente de afuera de mi país que las Cataratas no solo son argentinas (perdón, brasileros, de ustedes son algunos saltos), sino que son orgullosamente misioneras, de mi tierra.

Y al mismo tiempo me identifico como gallega y como asturiana. De hecho, creo que me identifiqué con eso antes que identificarme con la argentinidad. Como al paso, cuento que mi papá me anotó antes en el consulado español que en la Iglesia (creo que tenía cuatro días de nacida y ya era española). Digamos que de chica era una gallego-asturiana con acento misionero que amaba (y ama) andar en patas por la vida, como dice el Chango, "pynandí".

Y, al final, cuando pienso estas cosas, pienso que de Galicia y Asturias conozco lo que me contaron, conozco una historia, una historia como las que me contaba la Yaya en euskera: un cuentito. Las palabras de mi papá construyeron algo, las de mi mamá otro algo y yo lo mezclé con tierra colorada.

Es decir que ese no-lugar, quizás, en el único lugar real que exista sea en palabras, sea en lenguas diferentes, en acentos diversos, en morriñas varias, en amores que se fueron, en amores que vinieron...

Creo que el resto de la vida seguiré preguntándome cuál es mi lugar, de dónde soy o queriendo ser de todos los lugares que amo un poco, como lo fue mi papá, como creo que lo es mi mamá. Saliendo de mi adolescencia escuché una canción de Drexler que me explicó un poco mi confusión, la letra dice "yo no sé de dónde soy, mi casa está en la frontera". Y creo que mi casa imginaria siempre quedará en la frontera sin poder decidir para qué lado cruzarla.

martes, 13 de enero de 2015

Las miradas de mis papás

Cada vez, me convenzo más de que uno aprende más cosas en la vida por imitación que por lo que le dicen. Por algo, el refrán dice "haz lo que yo digo y no lo que yo hago", se ve que es inevitable repetir actitudes.

Siempre dije que mi papá era como el de la publicidad "La mirada de papá". No era un tipo muy cariñoso con el contacto, pero tengo pruebas de que me quería (no las voy a detallar porque no es el tema). Lo cierto es que mi pasión por leer viene de él, con quien leía el diario por las mañanas, mi pasión por los juegos de mesa, mi pasión por ver la tele (diría que veo las mismas cosas que veía él), mi forma de llamar "pelotudo" a todo el mundo, mi pasión por conocer otros idiomas, mi pasión por viajar en avión, mi pasión por los perros...

¿Mi pasión por los perros? Siempre estuve convencida de que a mi papá le gustaban los perros y a mi mamá los gatos. Ella siempre me criticó esta afición a juntar animales que veo indefensos por la calle. De hecho, siempre me cuestiona que haya traído a Galán a casa porque es un perro de 20 kg. Sin embargo, empecé a darme cuenta de que el gran amor hacia los animales lo saqué de ella, quien en su casa les da de comer a todos los gatos que aparcen e, incluso, a los erizos.

Pero lo que más me resonó en la cabeza fue un recuerdo que ella misma rescató en Noche Buena. Salió el tema de la Chiqui, una perra que era bastante más grande que Galán, que había sido de un señor que vivía en la calle cerca del trabajo de ella. Cuando el señor falleció, a mi mamá le dio mucha pena, y la llevó a su negocio. Sí, ella, la que afirma que no le gustan los perros y que menos le gustan los perros grandes. A cuento de ella, salió el tema del Pirata, otro perro que era amigo de la Chiqui y siempre supuse que era de alguien de la cuadra que lo soltaba. No. Era otro de sus protegidos. También, del tamaño de Galán. A esos, habría que sumarles el Pucho, un gatito que terminó viviendo en casa.

Las buenas actitudes como las malas se aprenden por imitación. No es necesario tanto discurso si vamos a hacer todo lo contrario a lo que decimos. No sé si mi amor por los perros lo saqué de mi mamá, sí sé que el afán de proteger a los pequeños seres indefensos sí.


sábado, 13 de diciembre de 2014