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domingo, 7 de octubre de 2012

Tan joven y tan viejo

Este mes, en tres días tan solo, se cumplen ya cinco meses sin mi papá. Y se me está confirmando algo que siempre pensé y es que uno en la vida se va cruzando con gente similar a otra, que nos trae a alguien del pasado.

Hace un mes, estuve en una reunión en la que había un chico vasco. Ese día, salí muy asombrada de su gesticulación porque nunca pensé que el modo de mover los brazos al hablar fuera cultural. Verlo a él, era volver a estar conversando con mi viejo en su departamento.

Ayer, tuve la oportunidad de cruzármelo de nuevo y las similitudes fueron más. Vino con la misma edad con la que llegó mi papá a Buenos Aires. Este muchacho, en cierto momento, empezó a decir que es muy duro encontrarte en un país en el que no conocés a nadie y no pude evitar volver a mi papá, que decía que él había llegado un 24 de diciembre a un lugar que ni siquiera sabía qué era y que terminó el primer día en la provincia de Buenos Aires. La diferencia es que mi papá, si bien se lamentaba, tenía algo de familia a la que recurrir. Mi papá vino temporalmente al igual que este muchacho y terminó quedándose. Él quería pasar por Cuba, en realidad, creo que tenía un espíritu aventurero inmenso y que el mundo siempre le resultaba pequeño, pero se enamoró de esta tierra y ya no pudo evitar quedarse.

Ambos se parecen en el modo de contar historias, es imposible no reírse. La diferencia, y no porque sea mi papá (o tal vez por eso), mi viejo era mucho más gracioso, incluso, se reía mientras contaba la anécdota. El modo de recibir gente y de ser hospitalario, en eso también coinciden. Además,este pibe se queja de que lo llamen "gallego" siendo vasco y mi papá se quejaba de que llamaran así a cualquiera no nacido en su Galicia. Los dos hablan (o hablaba mi papá) de su lengua con orgullo y de su tierra con amor profundo.

Por supuesto que, cuando hay muchas similitudes, también hay diferencias. Mi papá siendo nacionalista como era votaba al PP, se reconocía de derecha y franquista para cerrar ese título de derechoso con todos los méritos y honores. De hecho, cuenta la leyenda familiar que, cuando fuimos al valle de los caídos, mi progenitor nos habría dicho que besáramos la tumba del Generalísimo. Nunca me supieron decir qué fue lo que hice, pero intuyo que siendo tan papera como era fui y la besé sin saber lo que hacía.

La muerte nos abre otra instancia para conocer a la gente. Uno siempre ve a los padres llenos de seguridades y de certezas, cree que siempre tuvieron la madurez suficiente para hacer lo que querían, que no tuvieron miedo al irse tan jóvenes de su país y atravesar todo un océano en barco. Y, si para mí toda la vida mi papá fue un hombre alto, grande, seguro, ahora muchas veces pienso hasta qué punto cuando llegó no era un hombre niño con sus inseguridades a pesar de todo, con sus deseos de devorarse el mundo. Me da cierta ternura ver a este chico y reconocer algo de mi papá en él, descubrir que alguna vez el gallego fue joven, con ganas de vivir y que dejó su aldea atrás porque en un punto le quedaba pequeña, aunque en ella cupiera el mundo.

Una vez, ya dije que al morirse él se murió Galicia, sentí que me quedaba huérfana de tierra, que me arrancaban las raíces de ese lado del mundo sin más. Y es que hay seres que llevan consigo adonde vayan todo lo que aman, porque lo llevan en sus labios, te lo construyen con palabras. De algún modo, si bien él nunca regresó definitivamente a su tierra, creo que tampoco nunca se fue de ella. Nadie deja nunca a quien ama ni el lugar que ama, por eso, fue reinventándose su mundo en la Avenida de Mayo, mi pequeña Galicia como yo la llamo.

Y es cierto que los días porteños como el de hoy, tan lluviosos y grises, me viene la morriña de los días pasados, de su lengua, de su tierra, de sus gaitas. Y ya son cinco meses de ausencia, de una ausencia que crece a medida que voy completando su cuadro. Verlo joven y lleno de vida por medio de otra persona que me lo trae inmensamente, aunque no esté aquí me hace reconciliarme con el pasado, con lo que nos unió. Porque si algo debo agradecerle a este pibe es cómo me lo devuelve, aunque él no lo sepa, tan joven y tan viejo like a rooling stone.

"Así que, de momento, nada de adiós muchachos,
me duermo en los entierros de mi generación;
cada noche me invento, todavía me emborracho;
tan joven y tan viejo, like a rolling stone".






PD: no sé por qué desde que se murió Sabina me lo recuerda tanto.



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