Ensonnacionesmarianas es un blog abierto a la reflexión propia y ajena sobre cualquier tema sobre el que deseemos pensar. El ensueño tiene que ver con la idea antigua del sueño como camino al conocimiento (por ejemplo, El primero sueño de Sor Juana).

F(h) Consultora en PYMES y ONGs

jueves, 29 de diciembre de 2011

Este año, aprendí una lección muy importante que es saber acompañar a alguien en su muerte, que es casi tan importante como acompañarlo en su vida. Porque todos los momentos anteriores se condensan en esa agonía, porque todo el amor se congrega en esos momentos.

Y porque lo aprendí a transitar con el dolor que requiere la situación, pero sin padecerlo porque supe amar hasta el final. Por esto es que puedo hoy sentirme bien ante esa muerte, ante esa ausencia que aún duele y puedo decir que agradezco haberla conocido.

Ojalá la reencarnación exista y el mundo vuelva a juntarnos.
El amor se detiene con la muerte.
Espero que volvamos a encontrarnos.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Tres meses de ausencia



Naranjo en flor
Tango 1944
Música: Virgilio Expósito
Letra: Homero Expósito
Era más blanda que el agua,
que el agua blanda,
era más fresca que el río,
naranjo en flor.
Y en esa calle de estío,
calle perdida,
dejó un pedazo de vida
y se marchó...

Primero hay que saber sufrir,
después amar, después partir
y al fin andar sin pensamiento...
Perfume de naranjo en flor,
promesas vanas de un amor
que se escaparon con el viento.
Después...¿qué importa el después?
Toda mi vida es el ayer
que me detiene en el pasado,
eterna y vieja juventud
que me ha dejado acobardado
como un pájaro sin luz.

¿Qué le habrán hecho mis manos?
¿Qué le habrán hecho
para dejarme en el pecho
tanto dolor?
Dolor de vieja arboleda,
canción de esquina
con un pedazo de vida,
naranjo en flor.


viernes, 25 de noviembre de 2011

Poesia vanguardista de cierre

Nos vemos el martes si el diablo
insiste en esta broma macabra o recién
en la otra vida si dios es benevolente.
A los ateos,
nos castigará el maligno, una y mil veces,
estoy reconsiderando
volverme creyente.

sábado, 19 de noviembre de 2011

Déjate de historias, súbete ahí y cántame una de Silvio...

Debo reconocer, antes de empezar, que no soy su fan.

La pregunta sobre cómo llegué a Silvio tiene dos respuestas. La primera está vinculada con cómo me acerqué a su música. Debo reconocer que mi hermana lo escuchaba cuando éramos adolescentes y me fastidiaba. Pero, años después, escuchando un programa de radio recomendaron el disco de Aute y Silvio en vivo Mano a mano. Me fasciné con Aute y llegué a Silvio.

Este año, me enteré de su venida y decidí ir a verlo para cumplir con mi política de que hay cierta gente a la que uno tiene que ver antes de que pasen a mejor vida para poder contarles a los nietos, algún día, qué maravilloso fue el momento en que vimos en vivo a Plácido, Silvio, Toquinho, Serrat y todos los que sigan. Con esa política, vi el año pasado o el anterior a Aute.

Esperando el comienzo del recital
Yo dije que la pregunta sobre cómo llegué a Silvio tenía dos respuestas y me falta contar la segunda. Ayer, 18 de noviembre se presentó en el estadio de Ferrocarril oeste y, con Claudia, teníamos las entradas desde hacía un mes. Llegó ella a mi casa y el colectivo 84 nos depositó cerca del estadio. Estábamos emocionadas, ella porque esperaba ese momento hacía mucho, yo porque quería ver al mito. Entramos y nos ubicamos en el sector de plateas, nos comimos unas hamburguesas caras, como siempre, y esperamos. No mucho, el recital estaba pactado para 21:30 y solo quince minutos después empezó el concierto.

La primera impresión fue que Silvio es un poco tímido y callado. Cantó canciones de su último disco Segunda cita y, luego, empezó con lo que todos esperábamos. Debo decir que, en el medio, un amigo suyo, cuyo nombre no recuerdo, cantó tres temas. El señor era muy simpático, pero no fue de mi agrado, pero amigos son amigos. También, hubo un invitado que fue Víctor Heredia para cantar “Todavía cantamos”, que fue poco ensayada por lo que se vio (no por Víctor, que la canta siempre).

Con los clásicos, empezaron los coros del estadio y los silencios de Silvio para dejarnos cantar. Amé escuchar en vivo “Óleo de una mujer con sombrero”, cuya poesía es sublime y ni qué hablar de cantar con todos “Ojalá”.

Y, en un momento, el recital terminó, es decir, empezaron los bises y, al mejor estilo Ismael Serrano (¿o será que Ismael copia el mejor estilo Silvio?), volvió varias veces por un par de canciones más. Cuando las luces del estadio se encendieron y la gente comenzó a salir, me quedé perpleja porque“Te doy una canción” no había sonado y le dije a Claudia que esperáramos un poco, que no podía ser eso así. Con las luces encendidas, salió nuevamente guitarra en mano, los que estaban saliendo de las populares comenzaron a entrar al campo y todos los que pudimos terminamos de pie sobre las sillas de plástico que estaban en ese sector, coreando  “Te doy una canción” y sentí que, luego de esas tres horas y cuarto, Silvio se había dejado de historias y se había subido allí para cantarme una de Silvio.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Divagaciones

Machado de Assis desbordaba modernidad, se adelantó a las vanguardias por decirlo en modo amplio y grosero. Cuando él escribía, allá por finales del siglo XIX, el modelo literario de la época era el realismo. Se escribía en tercera persona omnisciente, es decir,  un narrador que todo lo sabe y sabe tanto que puede describir todo con lujos de detalles, incluso, los pensamientos de las personas.

Machado fue criticado por Eça de Queiroz, escritor portugués que se atenía a las normas del realismo. Lo criticaba porque Machado había decidido escribir realismo en primera persona. ¿Cómo era posible, entonces, que reflejara fielmente la realidad? Machado decía que la realidad era eso, lo que cada uno concibe como tal, lo que cada uno ve o percibe o construye. Machado podría explicarles muchas cosas a los periodistas de hoy. Lo que las vanguardias conciben como ruptura a partir de la construcción onírica y de más para la representación de las percepciones sobre el mundo, Machado lo hizo desde el propio realismo, rompió dentro del molde. A Machado, evidentemente, le faltaba una guerra mundial en el medio.

Todo esto viene a que, evidentemente, como lo muestran los personajes de Machado, nadie sabe la realidad como un todo, para cada uno es una construcción diferente que depende de múltiples factores y cada uno la construye con lenguaje que no es igual de una persona a otra.

Muchas veces, me pregunto si mis gatos son realmente como creo que son o si son de un modo en su vida diurna conmigo y de noche son otros.

Jacinta se mostraba semi salvaje cuando recién había llegado a casa, pero, ahora, es un dulce gato doméstico. Sin embargo, por las noches, algo sucede y, al levantarme, el pollo que durante el día no come desaparece y aparecen restos de la basura por el piso. ¿O será León el que hace eso? Porque es León quien rasca mi puerta y no Cuqui como siempre creí, ella se murió y hay alguien que insiste de vez en cuando para entrar. Si esto pasa en mi percepción de los animales, mucho más nos sucede en el plano humano.

¿Quién fue que me despertó el otro día rascando los cables de mi habitación si acá adentro no estaba ninguno de ellos? ¿Acaso el recuerdo de Cuqui, quien definitivamete no va a volver? Dice Haroldo Conti que la muerte es otra vida, otra forma de consistir, no un per saecula definitivo, los muertos son todavía. En algún punto, Cuqui es todavía, mientras viva en mi recuerdo o en el de alguien que pueda contarla. Creo que era Agamben el que decía que siempre quedará alguien para contar la historia.

Releyendo "Las 12 a Bragado", me di cuenta de que recuerdo en la misma forma, los seres aparecen allí de nuevo. No puedo contar la cantidad de veces que sentí el pelaje y las orejitas de Cuqui entre ayer y hoy.

Y del realimo llegué a esto. Y, en fin, es bueno pensar que Haroldo también es todavía, lo leo y siento que me cuenta un cuento, que está ahí en cada palabra.

sábado, 22 de octubre de 2011

El que tiene fama carga la lana.

domingo, 9 de octubre de 2011

"(...) en cierto modo, él era el tiempo (...)", Sudeste, Haroldo Conti

Mi relación con Haroldo Conti (porque uno forja una relación con los escritores que admira) comenzó cuando cursaba con mi colega y amiga, Noelia, Problemas de Literatura argentina. Llegué a esa materia por mi ansiedad por recibirme y era justamente PD (promoción directa). Saltear un final era lo que más deseaba, me acercaba más a la meta con esa cinta que dice "Final" a la que uno llega corriendo exhausto, pero con los brazos abiertos por la felicidad.

Entre mate y mate, mi amiga tomaba apuntes y yo cebaba, comía y le decía "cerrá los ojos y escuchalo a Romano, decime si no pareciera que Gillespi nos está hablando de literatura argentina". Luego, yo copiaba sus notas y leía lo que correspondía en casa. Recuerdo que ese cuatimestre había sido complicado, como casi todos los segundos cuatrimestres en la facu, siempre cargados de paros y de anuncios apocalípticos sobre que nos quieren privatizar la universidad. Había habido algunos recortes en el programa, recuerdo nunca haber leído El frasquito, por ejemplo. Y recuerdo que la profesora había encontrado una relación lésbica en Las ratas, algo que era producto de su imaginación, sin dudas. Recuerdo que en el parcial me saqué la misma nota que Fernando, alias Willy baterola, que era un vago, pero para la profesora poseía una cualidad que yo no, ser el ahijado del profesor.

Para la monografía, teníamos que elegir un libro del programa y seleccioné Mascaró, el cazador americano porque había seleccionado previamente Crisis como revista de mi interés. Al principio, la lectura me resultó engorrosa hasta que vi más allá y el arte en esas páginas me contagió la alegría y la liberación. Desde ese entonces, luego de haber leído entrevistas de Conti, me apasioné como siempre hago con lo que me agrada, es decir, me convertí en una fundamentalista.

No volví a leer nada de él hasta que, cuando cursaba Didáctica Especial con mi compañera de ruta (éramos las chicas de aros grandes para la profe), nos dieron una serie de cuentos para leer, entre ellos, "Las doce a Bragado" y quedé maravillada. Recuerdo que teníamos que elegir un par que hipotéticamente daríamos en la escuela y fundamentar. Le dije a la profe que me había fascinado, pero que había mucha nostalgia por el pasado y que los adolescentes no conocían aún eso, que se aburrirían fácilmente. Ese mismo año, hice mis prácticas en el Normal 9 y mi hermano me dijo que allí había trabajado Conti, dato que no corroboré nunca, pero me gustó la idea de saber que pisaba sobre sus pasos, sobre los pasos de Mascaró.

Pasó el tiempo, me recibí. No leí nada más de Conti. Me dediqué a varias cosas hasta que cinco años después de haberme recibido entré a trabajar como profe en el Colegio Manuel Belgrano. Este año, me detuve a leer una placa y vi su nombre y supe que había trabajado allí. No puedo explicar cómo me sentí al saber que pisaba sobre sus pasos, que esas paredes lo habían oído. Y me dije tienen que saber de esto mis alumnos porque, más allá de lo que los pueda entretener o no, la vida me llevó a sentirme en la obligación moral de que conozcan a un escritor que pasó por el colegio.

Años después de haber dicho que no le daría a leer Conti a un adolescente, debo transformar esa negación en la afirmación más categórica. Y, para ello, decidí ir en su búsqueda y conocer más de él. Leer un poco más, conocerlo. Y fui a una librería ayer y le pregunté el precio de tres libros a una de las chicas que trabaja allí y me sonrió y me dijo que Conti es su autor argentino preferido. Y él nuevamente estaba en mi camino.

De él me diferencio profundamente en él amor por la naturaleza que tenía y su poco gusto por tener que trabajar como profesor. Yo soy lo opuesto. Me sentí unida a él cuando oí que él decía que no le gustaba Buenos Aires, que no quería a Buenos Aires y en aquello de que los libros que escribía lo hacía como vida que vivía y no como monumento literario que dejaba.

Comencé contando esto desde mis recuerdos, porque el maestro en escribir sobre el pasado-recuerdo, construir una memoria, la propia, y darle vida al tiempo era él, sin dudas. Contar esto desde el recuerdo es solo querer homenajearlo, aunque no lo haga como él.

Una semana después de su desaparición, Galeano escribía "¿Andar duele? Al final del recorrido no está la eternidad sino nosotros. No te detengas. No te vayas a caer, que te andamos precisando. El río se vuelca en la gran vertiente y moja y abraza las islas solitarias. Así nos dan tus palabras agua y calorcito. ¿Está muerto? Quién sabe. Hoy hace una semana que lo arrancaron de su casa. Le vendaron los ojos y los golpearon y se lo llevaron. Tenían armas con silenciadores. Dejaron la casa vacía. Robaron todo, hasta las frazadas. Los diarios no publicaron una línea. Las radios no dijeron una palabra. El diario de hoy trae la lista completa de las víctimas del terremoto de Udine, en Italia. Hoy Marta me estrujó llorando, y me dijo: "Dame fuerzas". Ella estaba en la casa cuando ocurrió. También a ella le habían vendado los ojos. La dejaron despedirse y se quedó con un gusto a sangre en los labios. Hoy hace una semana que se lo llevaron y yo ya no tengo cómo decirle que lo quiero y que nunca se lo dije por la vergüenza o la pereza que me daba".

Y ya hace muchos años que se lo llevaron y lo seguimos necesitando. Y yo no tengo cómo decirle que lo admiro. Pero, en cierto modo, él era el tiempo y volver a sus libros es revivirlo.

No te detengas Haroldo, no te vayas a caer, que te andamos precisando.

sábado, 1 de octubre de 2011

miércoles, 28 de septiembre de 2011

"Siempre habrá quien se parta en dos en cada despedida..."

Mañana, se cumple un mes de la muerte de mi perra, un mes sin mi gran amiga.

No puedo decir que espero que esté en un lugar mejor porque, desde hace un tiempo, creo solo en lo que veo y, a menos que Dios un día tenga la deferencia en venir a presentarse, no creeré en él. Así como tampoco en el cielo ni en el infierno.

Lo único cierto es que ella ya no está ni aquí ni en ningún lado más que en mi recuerdo, en el de quienes la conocieron. Puedo acariciarla si me lo propongo, tengo memoria de su pelo, de sus orejas. Puedo oírla si me lo propongo, tengo recuerdo de sus bienvenidas y de sus retos. El olvido mata, el olvido es el único verdugo posible, nuestro único infierno. La memoria es nuestro paraíso, nuestra vida eterna, nuestro más allá.

Una vez, escuché a alguien decir que el amor es una construcción diaria de a dos y que, una vez muerto uno de los seres, esa construcción no es posible. Sé que nos quisimos mientras fue posible, pero ya no la tengo, no está más, se fue. Cuqui no puede darme más amor porque ya no está.

Solo queda recordar con el dolor que el vacío de ese amor acarrea, con este nudo en la garganta, con esa ausencia a cuestas en el alma, con esa ficha de mi rompecabezas que me falta.

Para ella, porque le prometí que no iba a estar sola y estuve con ella acariciándola hasta la muerte. Esto era lo que le cantaba.

lunes, 19 de septiembre de 2011

Perdí mucho tiempo,
por eso,
quiero renacer
y este es el momento.

sábado, 17 de septiembre de 2011

Para payasos, el Gitano

Hace como un mes, vi una peli de Alex de la Iglesia que se llama Balada triste de trompeta. El título hace alusión a una canción de Raphael, que canta vestido de payaso.



No escribí en ese momento el análisis que hice por cuestiones personales y porque me daba igual, pero, la verdad, algunas cosas me dan cada vez menos igual.

Brevemente, en medio de una función de circo, los payasos y el público son arreados por un militar republicano muy mala onda para que vayan a pelear. El payaso termina detenido, construyendo, junto con otros presos, el Valle de los caidos. El hijo de este señor desea ser payaso como el padre y este le dice que solo podrá ser el payaso triste porque no tuvo infancia. De grande, entra en un circo y el payaso alegre, bello, galán, es un hijo de puta que le pega a la novia delante de todos y todos callan. Pero a ella le gusta en algún punto y el payaso triste, por defenderla, termina loqueto-loqueto (como mi León) y violentazo.

En suma, esto parece querer mostrar una alegoría de la España franquista. El payaso alegre, el que manda, del que se ríen cuando deben hacerlo es quien domina a España, la chica hermosa a la que le gusta que le peguen. El payaso triste parece ser esos republicanos que perdieron la guerra, que quieren proteger a la chica y cuidarla y, según la visión de la peli, termina siendo la misma bosta que el otro. De hecho, la escena que explicaría esta alegoría es la del asesinato a Carrero Blanco, cuando el payaso triste se acerca a un coche en que están los etarras que pusieron la bomba y les pregunta "¿de qué circo salieron?". La niña bonita es asesinada por ambos, sin quererlo ninguno de los dos en el mismísimo Valle de los caídos.

Primero, quiero decir que la Historia no es un circo y menos la que duele. De cualquier modo, entiendo que es arte y que los payasos tienen esa cosa detestable para muchas personas, ese trasfondo medio satánico.

Lo que no me gusta de la peli es esta idea de que todo es igual porque no lo es. Porque una cosa es dar un Golpe de Estado, lo de Franco eso fue y otra muy distinta es pelear para defender un gobierno constitucional. Y el bando vencido defendía una constitucionalidad, defendía los derechos que llevó mucho tiempo conseguir. Eso mismo fue lo que hizo Allende en Chile, peleando en La Moneda contra el Ejército, defender la soberanía del pueblo.

De hecho, y con lo quiero a Raphael, este sujeto era un poco a favor del régimen, cantaba el famoso "Digan lo que digan". En otro momento, hablé cómo el cantante de balada puede cantar de política y este era lo contrario a mi amado Nino, que cantaba por la libertad, sobre los exiliados y sobre la soñada América de los 60.




No todo es lo mismo, por eso, para payasos cantando, me quedo con el Gitano. Bravo payaso, bravo por ti.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Corrientes, casi Florida.

Es una lástima, entre la mugre y el desgaste, se lee poco.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Quién habló, que la casa honró.

viernes, 12 de agosto de 2011

"Ahora, es el momento de volver a empezar..."

Hoy, cumplo mi primer cuarto de vida, sí, espero llegar a los 120, por lo tanto, me siento muy joven todavía, recién comenzando mi carrera contra el tiempo.

Este último año me dejó cosas de las más diversas, desde un trabajo hasta una enfermedad que mi perro acarrea con valentía caballeresca, aunque ya me esté diciendo adiós.

Me encuentra con dos nuevos seres para amar, no equiparables, que son mi sobrina que ya va para el año y Jacinta, que creo que es a quien Cuqui le va a delegar mi cuidado, fue ella la que me guió a su encuentro.

En el plano del conocimiento, ahora sé decir algunas cosas en vasco y, respecto del otro conocimiento, del cotidiano, quiero que todo me rompa menos las bolas, aunque la casa sea un caos.

En la música, ese paraíso tan mío, encontré a mi amado Ismael. Nada para agregar "ahora es el momento de volver a empezar, que empiece el carnaval"...

En literatura, debería hacerle un monumento a Almudena, gracias por tanta Inés.

Y, aunque suene muy señorita maestra, encontré un montón de alumnos que me hacen reír, incluso, en los peores momentos, aunque ellos no lo sepan. Si se sienten muy sumergidos en la realidad, no duden en hablar con un adolescente, saben mucho más de la vida. A veces, se cree que son tontos, que la edad del pavo y, sin embargo, tienen más sensibilidad con el mundo que muchos adultos.

Y, como me dijo mi madre hace más o menos 10 años, la vida me sensibilizó y lloro por cosas que antes no me movilizaban.

Hoy, brindo por todos los que supieron estar conmigo aun estando en un mal momento de sus vidas. Gracias.

sábado, 6 de agosto de 2011

Él preguntó
¿qué te está pasando?
Ella respondió
nada
la vida
nada tan importante
nada tan insignificante
no sé.

Seremos memoria

Recordamos porque existe la muerte.
Tenemos historia porque tenemos memoria.
Lloramos porque tenemos historia.
Tenemos historia porque luchamos.
Luchamos porque hay vida.
Y si tenemos vida, solo nos importará luchar
para construir una historia,
aunque nos lloren,
lo harán porque seremos memoria,
será porque habremos muerto.

"Vendrá la muerte y tendrá tus ojos", Cesare Pavese

Estuve charlando con ella y no es tan mala al parecer. Dice que no es cierto que nos aceche expectante para dar el zarpazo, no. Dice que es como una madre.

Pude comprenderla. Al parecer, ella no es la hija de puta, sino que lo soy yo. Puso las cartas sobre la mesa y me recordó la situación en que el rey Salomón quiso dividir al niño para que cada madre quedara satisfecha con su parte y me dijo "es eso lo que estamos aceptando".

Y no quiero, no quiero esta parte de Cuqui solamente, pero comprendo que ya nunca estará por completo.

Me prometió acunarla y dormirla para hacerla descansar, del mismo modo en que yo lo hago cada noche.

Así que, cuando sea irremediable, la dejaré ir. Salomón, yo rechazo mi parte, si es que eso la hace sufrir.

viernes, 5 de agosto de 2011

"Así yo canto para recordar / que sigues a mi lado, / que aún sueñas despierta porque así / vencemos el cansancio". Ismael Serrano, "Ya ves"

Supongo que, desde que nacemos, ella está ahí, detrás nuestro, pero no cuidando nuestras espaldas, sino esperando una distracción, un tropezón o algo insignificante que haga que nos pueda llevar con ella.

Es una batalla diaria que le damos, cada amanecer, cada noche que nos volvemos a acostar, aunque sigue ahí, cerca, del mismo modo en que lo dice Saramago en Las intermitencias de la muerte, siempre está ahí, mirándonos.

Supongo, también, que el cansancio que llevo encima es por convivir con ella desde hace años, desde otros tiempos, porque no solo cuido mis espaldas, sino que trato de que nadie que esté a mi lado se distraiga con su perfume, ni se enamore de sus ojos, ni quiera acariciar sus blancas manos.

Supongo que ella sabe que la siento, que la huelo, que percibo su mirada. Supongo que el cansancio que llevo encima, las contracturas, el dolor de cintura, la falta de sueño se deben a la batalla que le estoy dando desde que empezó a enamorar a Cuqui poco a poco, desde que empezó a aprovecharse la muy hija de puta de que mi perra está cansada, tiene años, muchas batallas ganadas, pero pocas fuerzas para librar otra.

Sin embargo, no se la pienso hacer fácil, me agacharé las veces que sean necesarias para levantarla, para que mi mano le sirva de plato, para que mi mano le lleve consuelo. Me agacharé las veces que sean necesarias para levantarla y acunarla en mis brazos como cuando era bebé para dormirla en mis brazos, y escupirle en la cara, sin decírselo, a esa hija de puta llamada muerte, que una vez más le gané, que está dormida, pero que sigue a mi lado.

martes, 2 de agosto de 2011

A viejo has de llegar o la vida te ha de costar.

sábado, 9 de julio de 2011

Me acuerdo de la libertad que emanaba...

Hay noticias que pueden dejarnos en shock y traernos buenas cosas al mismo tiempo.


Esta mañana, me desperté con la muerte de Facundo Cabral y, aunque no me fascinara, me sentí un poco huérfana. Me resultó extraña esta sensación, precisamente, por no ser una seguidora ni remotamente. Estaba un poco triste por otros motivos. Y, claro, no pude evitar recordar los discos que hizo con Alberto Cortés y los chistes que contaba, y mi época de secundario (en esa época, los hicieron), época difícil de mi vida, y de Carlos Gauna, uno de esos amigos que trascienden el tiempo, los lugares y las vidas porque van con nosotros dentro y podemos reírnos como la primera vez. A él, le gustaba mucho y recuerdo que recitaba partes de las cosas que decía Facundo Cabral.

Hace un rato, recibí un correo de Carlos, hace dos años por lo menos que no sabía nada de él porque Facundo Cabral lo hizo acordar de mí. Y me decía breve y simple, como Carlos es:

"Es rara la sensación me conecta con algo hondo. No se...estoy triste y contento. Agradezco haberlo conocido.

Me acuerdo de la libertad que emanaba.

ME acorde de vos pro eso te comparto. Gracias Mariana".

Debe haber sido grande quien genera tristeza, alegría y que emanaba libertad y quien conecta a dos amigos que llevaban tiempo sin hablarse. Y ya no supe si lloraba por mis tristezas, por la muerte de Cabral o por la alegría del recuerdo de Carlos.

Hay personas que valen la pena y que uno merece llevar siempre consigo, más allá de las fronteras, del tiempo, de las diferencias porque son únicas, irremplazables, maravillosas y porque llevan el mundo en sus almas, la libertad en sus sueños y el amor en sus manos.

Muertos, pero de pie como los árboles

Mi madre leyó un único libro en su vida, de un asturiano como ella. Los árboles mueren de pie de Alejandro Casona. Antes de tener la curiosidad de leerlo, ella me enseñó la frase "muertos, pero de pie como los árboles". Ella es así y me lo transmitió. De grande, leí sus obras y me fascinaban porque tenían final feliz, la chica y el muchacho siempre terminaban juntos. Luego, llegué a Lorca y Casona ya no me pareció tan bueno, Lorca me mostraba la realidad de España y nunca entendí el exilio de Casona.

El año pasado, leyendo a la genial Almudena, me enteré de que Casona participó de las Misiones Pedagógicas que organizaba la República española llevando su teatro a los pueblos más pequeños. Él lo hacía porque, alguna vez, el teatro había llegado al suyo y lo había hecho soñar. Entonces, fue cuando comprendí los finales felices de sus obras, transmitir felicidad no solo es mera distracción, es un arma también, como transmitir la pasión por la lectura. Entonces, entendí su exilio.

Y cerré un poco mi círculo. Siempre estuve en duda de si decididría ser gallega o asturiana cuando fuera a renovarme el pasaporte y no me quedan dudas de que en la cultura, en el alma, soy gallega, pero que en la cabeza y en la sangre, que lucha y fluye, quiero ser asturiana.

Porque antes de estudiar Letras quería ser docente porque siempre supe que no podía cambiarle el pasado a mis padres, pero sí podía hacer algo por ayudar a los chicos que vinieron a este mundo y están en las condiciones que ellos estuvieron. Y, en el Belgrano, encontré a muchos de ellos.

sábado, 2 de julio de 2011

Cuando el diablu nun tien que facer, con el rabu espanta les mosques.

(Cuando el diablo no tiene qué hacer, con el rabo espanta las moscas)

domingo, 26 de junio de 2011

Entrada de caballo bravo, salida de caballo manso.

sábado, 25 de junio de 2011

Lilita no sabe nada del amor

Dice que el duelo por un marido son dos semanas, no seis meses. En ese momento, me pregunté a cuántas personas o seres amó realmente. Estuve mínimo seis meses llorando a un gato, mi gato, y reconozco que a veces recordarlo a él o a la gata de mi hermana me hace un nudo en la garganta.
Cada vez que Lilita dice algo así, no puedo evitar pensar en la mamá de mi amiga, quien enviudó hace un año y un poco porque el dolor y la soledad que tenía esa mujer era imposible de describir porque, aunque uno hablara con ella, siempre la veía sola y sabía que no podía llegar a lo profundo.

Hablar del dolor ajeno gratuitamente me pone de los pelos. Hace 19 años que ocurrió un suceso que empecé a sentir mucho más con el paso del tiempo, quizás, porque fui quitándome de la cabeza la negación al dolor. Si no podía contarle a cualquiera, que es lo mismo que contar con cualquiera, era porque quería que evitaran opinar de lo ocurrido, de mi familia, de mí. Esto último creo que no pude evitarlo ni siquiera con las personas a quienes les confié la situación porque creo que han construído sobre mí la imagen de alguien fuerte, que soporta todo y no es así. Nadie en el mundo soporta todo. Y lo grave de que alguien crea esto es que, en el momento en que lo necesita, no tiene compañía.

Pero, como decía, Lilita no sabe nada del amor si piensa que un duelo, cualquier sea, dura dos semana.

Por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida

Mi madre nació bajo una dictadura y vivió con ella hasta los 15 años, edad con la que se vino a la Argentina. No tuvo muchas oportunidades de saber qué era la democracia porque, en este país, era algo intermitente cual lucecita de Navidad.

Durante mucho tiempo, creyó todo lo que le decían por la tele, hoy, tiene algunos resabios de eso, pero fue modernizando su cabeza en muchas cosas, se abrió a oír.

Sin embargo, y a pesar de cómo vivió su vida, ella me enseñó la libertad y me enseñó a tomar decisiones.

La primera vez fue cuando tenía 5 años recién cumplidos y, como veía que estaba un poco cansada de estar haciendo jardín por segunda vez y veía que en pre escolar me iba a aburrir, se sentó en el sillón, me llamó y me dijo "Mariana, el año que viene, ¿querés hacer pre escolar o primer grado?", respondí sin dudar, quería primer grado.

La segunda vez que recuerdo fue cuando tenía más o menos unos 9 años y me dijo "Mariana ¿te gustaría vivir en Buenos Aires?" y respondí sin dudar, dije que sí.

La tercera vez (ojo, estas son las que recuerdo) me preguntó a qué colegio secundario quería ir y elegí ir al mismo que Ale.

Cuando era adolescente, me dejó la opción de que controlara qué días faltaba al colegio, que fuera responsable por ello y que decidiera si quería salir o no con mis amigas, lo único que debía hacer era comunicárselo.

Decidí mi carrera, mi universidad y veo con todo esto algunas cosas: mis decisiones no siempre son acertadas y siempre respondo sin dudar, si no quieren saber, no pregunten. Además, que la independencia va más allá de que uno sea su propio sostén económico o no, está en las decisiones de las que uno se hace responsable, de hecho, por razones de fuerza mayor, me levantaba para ir al colegio a los 10 años, me vestía, peinaba y me preparaba el desayuno.

Creo que mi madre, muy a pesar de lo que tuvo o a lo mejor por eso mismo, fue la persona que más amor me dio porque me dio libertad, el bien más preciado, diría don Quijote "La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra y el mar: por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida".

Gracias, má, por regalarme ese tesoro.

miércoles, 15 de junio de 2011

Tenía en su mano la tirita con la muestra de perfume que le dieron en la calle como promoción del día del padre. La aferraba junto con el boleto del colectivo que había sacado un rato antes para poder regresar a su casa.

Un asiento se desocupó, ella se sentó, se acercó la tirita a la nariz, cerró los ojos y aspiró profundo. Su fragancia la inundó y, allí, estaba. No era el hombre más bello que había visto, no, conocía otros con un rostro más armónico. Sin embargo, algo en él hacía que fuera maravilloso. Se acercó para hablar con ella y terminaron riéndose sin parar y sin saber muy bien de qué. Supo que era el hombre que había esperado siempre aun antes de haber charlado con él, una vez hecho esto, no le quedaba ninguna duda. Le prometió que se volverían a ver.

De pronto, ella se dio cuenta de que estaba llegando a destino. Se levantó de un salto, alcanzó la puerta y bajó. Caminando en dirección su casa, arrojó en el primer cesto que vio la tirita y el boleto hechos un bollo. Él ya no estaba.

Al llegar a su casa, su marido la esperaba, no es que hubiera llegado tarde, no. La vio entrar y, al acercarse a saludarla, ella puso su mano en el hombro de él como si pusiera un límite o tomara distancia, reflejos de vivir con un hombre como ese. Él torció su cara en dirección a esa mano, la tomó con la izquierda y se la acercó a la nariz. Olió sus dedos con los ojos cerrados y su rostro se fue transformando poco a poco. Separaba uno a uno los dedos y los olía por separado y, luego, en conjunto, mientras le preguntaba con quién había estado y se los torcía cada vez más provocándole un dolor intenso.

De su cara salían lágrimas y de su garganta sollozos contenidos, de la de él solo gritos e insultos. Ella cerró los ojos, buscando nuevamente a ese otro hombre y se preguntaba por qué, en un acto involuntario, había aceptado esa muestra gratis.

domingo, 12 de junio de 2011

Salud, compañero

Acabo de recibir la noticia de la muerte de Jorge Semprún, un escritor que me fascina, aunque no me haya devorado todos sus libros.

Siempre me resultó complejo leerlo, por lo fragmentario de sus textos, por todas las referencias políticas, filosóficas, poéticas... siempre encontré mucha información acumulada que se me escapaba de las manos, que intentaba atajar, retener, comprender. La vida es fragmentaria, compleja, intrincada, nunca fácil y lineal.

De los libros que leí, tres que valieron la pena, no había un abordaje ficcional, sino que relataba partes de su historia, la mejor ficción que podría haber contado porque, lejos de necesitar escribir para crearse mundos de aventuras, su vida fue una gran aventura, campos de concentración en Alemania, vida clandestina en la España de Franco. Hice el intento de leer uno de sus libros de ficción más conocidos, La segunda muerte de Ramón Mercader, y debo confesar que no me generó lo que los otros, los que hablan de su vida. Tal vez, este sea un buen momento para retomarlo, para darle vida a sus palabras.

Como acabo de escribir en otro lado, esa fue una vida que mereció la pena ser vivida. No sé si vale la pena llorarlo, no creo que su vida haya sido digna del llanto. Por otra parte, no sé si es válido llorar una muerte que sucedió hace unos días.

Sí sé que ya no está más en este mundo y que este señor merece que levantemos una copa en su honor por lo que ha hecho en nombre de la libertad.

lunes, 30 de mayo de 2011

Gracias, Majul

Ayer, en un rapto por huir de Luis Majul, comencé a cambiar de canal, primero, buscando a Víctor Hugo. Obvio que salí ganando. Estaba con tres Victorias, tres nietas recuperadas, qué raro eso de seguir llamándolos niños, ¿no? Mientras no estén los que no están, seguirán congelados en su pasado real, en el pasado de su propia identidad, los adultos que son, no son ellos aunque lo sean. Fue interesante escucharlas, aunque uno termine escuchando la misma historia que se repite con diferentes caras y distintos matices.  A veces, escuchar lo mismo al infinito no está mal, sirve para ir haciendo surquitos en nuestra cabeza.

En la propaganda, reconozco que no pude contenerme sin cambiar de canal y llegué a 6 7 8. Estaba mi amado Sacristán y, por supuesto, me quedé escuchándolo, mirándolo, admirándolo. Lo que planteaba tiene que ver con la "indignación" de los "indignados" en España. Decía que sin política como ellos plantean (aunque no dejó de decir que está con ellos, que hubiera ido a la plaza) no es posible continuar, que de eso se aprovecha la derecha y que él está cansado del discurso que plantea que los políticos no sirven porque, durante cuarenta años, ha escuchado a Franco decir eso. Me alegró saber que vota por Izquierda Unida, aunque no lo dudara.

Y, aunque mi paso por esos programas fue breve, tuve la sensación de que no toda la tele de domingo es una porquería y que, efectivamente, algunas cosas nos permiten pensar, nos abren la posibilidad a hacerlo. De hecho, sé que hace mucho que no escribo en este espacio sobre cuestiones totalmente externas a mí (¿totalmente?) y que tiene que ver un poco con que necesité que algo me absorviera el seso.

Y, efecticamente, me levanté hoy, encendí la tele con Arriba Argentinos de fondo y una de las primeras noticias que me escupió a la cara es la del desalojo en Bajo Flores y, obviamente, es el momento de hablar de Shoklender, para hacerlo indirectamente de las Madres y, así, darle más indirectamente al Gobierno. ¿Algún día, el grupo que maneja la apropiadora se atreverá a decirles nuevamente "locas" a las madres? Falta coraje. ¿Algún día, los periodistas del grupo se atreverán a decir que están a favor del ADN? Falta coraje.

Gracias, Majul, si te aguantara, me hubiera perdido del resto. Más allá de tu chatura mental y de Grupo Clarín, hay un mundo de gente que no me escupe "realidades", sino que me ofrece las palabras de gente como Ramonet para poder masticarlas y digerirlas del mejor modo posible para que, con eso, pueda ver cómo cambiar las cosas y no solamente quedarme asustada, petrificada, inmóvil frente a simples palabras.

domingo, 29 de mayo de 2011

Te extraño, no te extraño

Mi relación con este sentimiento es contrario al del común de la gente. Puedo extrañar a alguien que quiero cuando estoy con esa persona, pero no en su ausencia. Esto se debe, básicamente, a que esa presencia significa que también hay una ausencia.

Desde chica, desde que nací, estoy acostumbrada a saber que hay gente que vive lejos y que se la quiere, creo que conocía a mis abuelas primero por foto que en persona. La Yaya y el abuelo, al principio, también vivían lejos, en Buenos Aires, aunque con frecuencia los veíamos.

Con el correr de los años, fui conociendo amigas que no vivían en el mismo lugar que yo y el funcionamiento fue el mismo. Extrañarlas en los breves instantes en que las tengo conmigo y no después. Supongo, esto es una conjetura mía, que se debe a que construimos nuestras relaciones con palabras, con momentos y con gestos, más que nada con palabras, con comunicación, decimos de los otros, nos decimos a nosotros. Claro, cualquier persona podría alegar que eso es lo que, luego, podemos extrañar, pero no. En mi caso, sé perfectamente que cada quien está en el lugar que quiere estar y no en otro y, si eso implica la felicidad, bienvenido sea.

Sin embargo, en la ausencia física, espero que no desaparezcan las palabras. Me ha sucedido con frecuencia tener que sostener relaciones casi en forma unilateral, mandar mails, sms o lo que sea preguntando cómo está el otro porque hay gente que solo puede construir a partir de que alguien lo busque y de sí mismo, es decir, no tengo tiempo para mis cosas, menos para otros. Según mi parecer, si alguien te interesa, siempre te podés crear 5 minutos para decir "hola", si no sale, no sale.

Desde un tiempo a esta parte, decidí que valgo más, que respondo del mismo modo, si no tenés tiempo para mí, por qué he de tenerlo yo para vos. No quiero dialogar con la nada, para eso, me retiro al baño y me hablo frente al espejo. No me interesan más las líneas después de meses.

Si alguien me extraña, en un punto, es porque así lo quiere. Todos tenemos herramientas para no hacerlo. Y, si prefieren mi ausencia, no me busquen cuando lo necesitan porque no voy a estar.

martes, 24 de mayo de 2011

Dedicado a Jacinta

Como come el mulo, caga el culo.

jueves, 19 de mayo de 2011

Corrientes al 1300

"Aquí fue secuestrado Miguel "Chufo" Villarreal, militante popular, muerto por el terrorismo de estado".

Plaza Congreso

"20 de diciembre de 2001. En homenaje a los asesinados por la represión el 20 de diciembre de 2001, no olvidaremos-no perdonaremos".

sábado, 7 de mayo de 2011

El Falcon de mi barrio

Tengo un vecino que tiene un Falcón verde. Imagino que es vecino porque varias veces he visto un Falcon verde por la zona e imagino que no tengo tantos vecinos con tan mal gusto.

Quiero aclarar que no es este coche que aparece en la foto, este es otro que vimos con Vanessa estacionado frente a la Legislatura porteña.

Debo confesar que, hoy, volví a ver ese auto por mi barrio y que no pude evitar mirar al conductor con cara de culo, con la peor que tengo y que me dan tremendas ganas de cascoteárselo.  Hay cosas que son símbolos y andar con uno de esos es andar con tremendo símbolo en tus espaldas. Puedo entender que alguien compre un coche de ese estilo porque es más económico, pero tené el tino de pintarlo de otro color, de no pasearlo tan alegremente por la vida.

Cada vez que veo un Falcón verde (muchos en el último tiempo), recuerdo un cortometraje que vi hace unos años en el cine. Encontré la versión en dibujos animados. No me permite compartir el link, pero pueden buscarlo en youtube como "El Falcon verde (2004) - Taller de cine "El Mate".

Recordar este corto, me trae a la memoria otro muy bueno que vi, que comparto.


Tratando de crecer

Como dice la canción, "todavía me emocionan ciertas cosas, todavía creo en mirar a los ojos". Sé que hace mucho que no escribo del mundo que va más allá de mí y es que ando distraída observando otras cosas.
Ayer, tuve una charla con mi ahijada que parecía conversación de mujeres, no por lo adulta que es ella con sus tres años más que ingeniosos, sino por el tema del que hablábamos. Cada vez que ella dice algo que me deja atónita, me doy cuenta de que ella está tratando de crecer y que yo, también, a mi modo.
Me sorprendo ante ciertas declaraciones que hace, como si uno hubiera quedado insensible a todas esas cosas y las fuera descubriendo de nuevo con ella. Selene me enseña a mí a ver el mundo y no a la inversa.
Ayer, entre todas las risas que me regaló, me dijo muchas, pero muchas veces "te quiero madrina" y puedo jurar que mi mundo se reduce a eso en ese instante, y no hay Obama matando a Osama, ni Lilita Carrió pensando "Padre perdónalos porque no saben lo que hacen" que me interese más que esa criatura y ese momento.
Debo reconocer que tanta risa me pareció sospechosa porque Selene y yo hacemos declaraciones de amor cuando nos sentimos mal o cuando hay motivos extras. Le pregunté a la madre si algún compañerito del jardín le gustaba y, cuando le preguntó a ella, la declaración fue "estoy enamorada de Luca". Sé que hay personas que se espantan ante las palabras de adultos en bocas de niños y, probablemente, en el lenguaje de Selene, "estar enamorada" sea el equivalente a que le gusta mucho el nene. La madre, días antes, le había preguntado cómo se daba cuenta de que estaba enamorada y la niña, abriendo los brazos, le dijo "porque el corazón se me pone así de grande".
A veces, los chicos con sus definiciones simples nos regalan un mundo, nos despiertan ante la anestesia en que caemos algunas veces. Debo confesar que, cuando la veo a Selene, me recuerdo mucho a mí cuando era chica. Y, al verla llegar ayer al jardín y quedarse petrificada mirando al niño que le gusta, me hizo acordar a cuando seguía a Federico por todo el patio del colegio para alcanzarle la bolsita.
Tendríamos que ir todas las personas a un curso acelerado de cómo no tener vergüenza de expresar nuestros sentimientos que sea dictado por niños, que nos enseñen a abrazar, a decir "te quiero" sin pudor y sin pensar "qué va a decir".
Sólo sé que, ayer, esa niña y yo estábamos en la misma sintonía y nos dimos unos abrazos y nos dijimos que nos queremos (insisto, de ambas partes es algo totalmente inusual y ninguna de las dos nos sentíamos mal). ¿Será que el 2012 se acerca?

miércoles, 27 de abril de 2011

Callao al 400, en la puerta del Normal 9.



"Aquí estudió Inés Cobo, militante popular, detenida desaparecida 01-09-1976 por el terrorismo de estado".



Callao al 400, en la puerta del Normal 9.



"Aquí trabajó Nélida Beatriz Ardito, militante popular, detenida desaparecida 12-10-1976, por el terrorismo de estado".



sábado, 23 de abril de 2011

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Los demás se estaban enterando por televisión como Gabriel y Libertad, que lo veían tomados de la mano en el bar del pueblo en el que habían decidido sentar las bases.


Mientras cenaban, ese martes de carnaval, mirando las fotos del pequeño Joaquín, el hijo de Soledad, reían porque a su pequeña princesa le pondrían Sabina Libertad. En ese momento, una escola do samba encabezada por Janaína desfilaba en el sambódromo de Río de Janeiro. Las lágrimas de Libertad comenzaron a fundirse con sus sonrisas, a medida que iba reconociendo cada uno de los rostros que allí bailaban: Soledad y Luna, Sofía, Penélope, Luciana, María y novias con sus propios trajes de aquí y de allá. Brillaban en su felicidad porque le mostraban al mundo que, nuevamente en carnaval, la tortilla se volvía del otro lado aunque más no fuera por un momento y nada más.


Gabriel le dijo debés estar feliz por ver ahí bailando tu idea. Las ideas no tienen dueño, respondió ella. Y el se sonrió y le regaló un puñadito de estrellas. Se sentían felices.


Esa noche, después de volver caminando, Gabriel se puso a trazar el mapa del próximo viaje que emprenderían juntos, mientras Libertad hojeaba la última edición de la revista de novias para la cual trabajaba.





Posadas 12 de agosto de 1981


Buenos Aires 26 de agosto de 2009

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Sin saberlo, estos niños son felices, pero en este momento no lo saben porque todo lo que tienen les parece normal. Sin saberlo, están creciendo con ventajas que otros no tienen o no tuvieron, como mamá y papá. Quizás, no hay muchos momentos de juegos, pero sí muchas historias y los gestos suficientes para que sepan que lo importante radica en ser buena gente y que tiene más valor que el dinero aquello que ellos hagan por los demás.

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Su camino se terminaba todos los días y, todos los días, volvía a empezar. Uno de ellos, se sintió muy cansada y decidió reposar. Al detenerse, la polvareda también lo hizo y pudo ver, no sin sorpresa, que a su izquierda caminaba Gabriel niño. ¿Gabriel, me podés oír? Él miró y supo reconocer en el aire a Libertad. Con mucha alegría, la saludó. ¿Hace cuánto que andás por este camino?, preguntó ella. Desde que el viejo se murió, decidí salir a buscarte y fui preguntando por todos lados para seguir tu camino y, en algunos lugares, aún no habían oído hablar de vos. Por eso, dijo ella, cuando yo llegaba había poco por hacer, vos los ayudaste, dijo ella feliz. Luego de un momento, lo miró un poco y le preguntó ¿y esas alas? Son mías, dijo él. No te las había visto nunca, dijo ella, entonces, la pluma era tuya. Sí, lo era, yo tampoco sabía que las tenía hasta que empecé a volar porque, para tener los pies firmes en la tierra, primero hay que saber volar. Ella sonrió tanto que él alcanzó a verle los labios. Sos un angelito, Gabriel, ¿te diste cuenta? Así me dijeron por los pueblos que pasé. Quién nos iba a decir, agregó ella, que buscándonos, estábamos haciendo el mismo camino sin saberlo.

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En otros lugares, diferentes al de hasta ahora continúa su vida. Los acentos y modos de hablar son diversos, los colegios distintos, nuevas caras, nuevos destinos.


Es así que, poco a poco, siguiendo un senderito de palabras, conoce a Soledad que, también, ama navegar en papel. Es así, también, que conoce a Janaína y a su dolor, que se refugian en libros y palabras que les son ajenas.


Así es, poco a poco, edificando una nueva familia para seguir por su camino.

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Pasar por esas calles de tierra, con el calor y las escasas condiciones se habían convertido en algo habitual para Libertad. Como ya no tenía pies, su ráfaga de aire levantaba la polvareda con su andar. Nadie la veía, pero todos la escuchaban y comenzaban a trabajar juntos, a hacerlo como una verdadera comunidad.


Ella se sentía feliz porque, al igual que las Emperatrices, parecía ser que el boca a boca iba ayudando. En el último tiempo, cuando llegaba a algunos lugares, los veía con cierta organización que en los primeros sitios que había visitado desconocían.


A cada tanto, visitaba a sus amigas y les daba una mano, entre mates y sonrisas, con el proyecto de la revista. Veía crecer, también, el vientre de Soledad, el cual iba achicando la distancia con Santiago, el nuevo fotógrafo de los pies de las novias.


Pero ella no era de allí, ni de ningún lugar. En todos dejaba algo y, también, se llevaba algo de ellos por las noches, como lo había hecho con sus amigos, para sembrarlo en otros lugares.

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Muchos colores de piel hay en el mundo, diversas culturas y conocimientos que desconoce. Les tiene miedo, es cierto, en el colegio no saben enseñarle la igualdad y ella se pregunta cómo hará para saludar a alguien diferente a ella cuando se dé la oportunidad. Diferente, pero no peor, ni mejor, eso lo aprenderá con el tiempo. Sabe, también, que una contaminación de culturas, en el sentido de abrazarse unas con las otras y no de acapararse y eliminarse, es lo mejor que podría suceder. Recorrer el camino juntos es lo mejor que les puede pasar.

79

¡Es primavera!, dijo Penélope. ¡Qué bueno que pudimos volver a la normalidad!, dijo Soledad. Veo que estabas muy contenta con nosotros en tu casa, agregó Sofía. ¿Y con Santiago como está todo?, interrogó Penélope. Él está acompañado por su propia soledad. Bueno, para distraernos, propongo que organicemos con las Emperatrices del barrio una kermesse en la plaza por el día de la primavera y que saquemos fotos para el primer número en papel luego del encierro forzado. ¿Y Libertad?, preguntó Luciana. Y ninguna supo qué decir.


Una vez que llegaron a la plaza, ésta estaba repleta de gente feliz que renacía. La música sonaba y, en un momento, Penélope les señaló un remolino de colores que se formaba en el aire, que subía y bajaba. Entonces, se acercaron para ver qué era y se oyó una voz que decía que estaba encantada con la fiesta que habían organizado. ¿Sos vos Libertad?, dijo Soledad, nos tenías preocupadas. Es que estoy muy ocupada trabajando en los barrios y construyéndome un camino, disfrutemos que el dolor está aquí presente y nos hace crecer en la medida en que no nos afecte para siempre.


Siguieron bailando hasta bien entrada la noche, todas juntas, al compás de la música, mientras, del cielo, comenzaron a llover flores de aromas diversos y de muchos colores.

78

Empieza a menguar el diálogo y, con ello, la felicidad. Por más que esos seres estén juntos, ya no están unidos, una distancia enorme los separa y parece imposible cruzarla, por lo que el dolor empieza a crecer también. Lamentablemente, no toda la vida es primavera.

77

Un mar, se está inundando la casa, despierten, dijo Sofía a los gritos.


No terminaban de despertarse y veían que el agua entraba por debajo de las puertas como si de un verdadero mar en crecida se tratara.


Hay que ir a buscar a Gabriel, dijo Soledad, o se va a morir. Habías dicho que lo dejáramos, no vas a arriesgar tu vida ahora con el tiempo como está, es noche cerrada, llueve a cántaros, podrías no encontrar el camino para regresar, reclamó Santiago. Podría ser mi hijo, dijo ella. ¿Qué hijo, qué decís? El que viene en camino, Joaquín. Y un silencio terminó de inundar la sala y secó el rostro de Santiago. ¿Por qué no me lo habías dicho? No era un buen momento para agregar preocupaciones, no sabemos hasta cuándo tendremos que quedarnos aquí. Te estás alejando de mí, dijo él, se supone que estábamos todos juntos para estar unidos, y salió a buscar a Gabriel.


Al llegar, su rostro estaba más empapado por las lágrimas que su cuerpo por la tormenta. Buscó a Gabriel por todos lados y no comprendió lo que sus ojos veían. Decidió volver a la casa y mostrarles lo que llevaba en sus manos. Cuando entró, su rostro seguía navegando en lágrimas y, cuando habló, lo hizo sin mirar a Soledad porque con la que sentía en su pecho le era suficiente. Miren lo que encontré desparramado, dijo mostrando palabras con rastros de sangre. ¡Qué extraño!, dijo Penélope, mías no son, no anduve por ahí, ¿y Gabriel? No lo encontré, pero es noche muy cerrada para que vayamos ahora. Tendremos que ir mañana, dijo Soledad, hay que saber qué pasó.


Al día siguiente, el cielo clareaba y había una pequeña llovizna. Como el clima estaba templado, decidieron ir todos juntos y, al llegar, siguieron un pequeño rastro de palabras. Cuando llegaron al final, vieron asombrados una lápida construida con palabras que decía Aquí, descansa Gabriel viejo en su joven cuerpo de veintisiete años. Ahora entiendo la tormenta, dijo Soledad, Libertad tiene un dolor y una tristeza que no le caben en el cuerpo y, tampoco, alcanzan a salírsele por los ojos. Tenés razón, dijo la voz de Libertad, y todos la buscaron con la mirada sin encontrarla. No me van a creer, ahora, vivo incorpórea a volar por el aire, no puedo contener mi llanto, no pensé que esto sucedería si lo dejaba y me llevaba su aceite, pero les prometo que algún día volverá la primavera.


¿Y esa pluma?, dijo Penélope señalando una que era muy blanca y resplandeciente, a la que las gotas de lluvia volvían multicolor. Se acercaron a mirarla y, al levantarla, encontraron junto a ella un puñadito de estrellas y, en ellas, brillaban los ojos de Gabriel niño. ¿Él estará vivo?, preguntó Libertad, y la garúa empezó a menguar.

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Una vez más, disfrutan un verano azul con esos amigos inseparables: Javi, Tito, Pi, Julia y los demás, con quienes ahora comparten muchos momentos como tantas veces lo han hecho. Van con las bicicletas hasta el barco para cantar que no los moverán y, una vez más, también, cuando el amigo Chanquete deje de tocar para alejarse por siempre en su barquito navegando en las lágrimas de quienes le digan adiós, llorará un mar.

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Ellos lo podían lograr y lo sabían, aunque algunas tensiones comenzaban a aparecer. No era fácil estar conviviendo todos juntos, sometiendo a una votación cada paso que debían tomar.


Una semana había pasado de la desaparición de Libertad, pero Penélope había sabido llenar cada hueco de silencio con palabras. Esto sucedió hasta que Sofía le dijo basta, hay algo que hemos olvidado. Sí, de preguntarle a Gabriel qué pasa con Libertad, dijo Soledad.


En ese mismo momento, Santiago cruzaba la puerta con todos los varones excepto Gabriel, que estaba armando una casa en un árbol de la otra orilla, cuando había río. ¿Dónde está Gabriel?, preguntaron ellas y Santiago les comentó lo que sucedía. Él había dejado la huerta para pensar en su nuevo proyecto. Habrá que ir hasta la casa de las diferencias a preguntarle qué sucede y qué pasó con Libertad, dijo Sofía. El sol está muy fuerte, muchos de nosotros podríamos no llegar y los que lo consiguieran necesitarían beber mucha agua, dijo el novio de Penélope que, por primera vez, rompía el silencio. Voy a ir yo, dijo Soledad, Luna me protege, ella puede tapar el sol con un dedito y hacer que los rayos no me peguen. Yo te voy a tejer un abrigo con palabras para que te cubra en el camino y voy a cuidar del resto con cálidas historias, dijo Penélope y se puso a hablar y a bailar.


Soledad, entonces, tomó a Luna en los brazos y se puso a caminar. Tenía sus temores, pero quería sacar a Libertad de su sueño en el campo de amapolas. Luna la vio temerosa y le regaló una sonrisa fortalecedora, levantó el dedo índice de la mano izquierda y dijo mamá, mamá, mientras señalaba el sol. Con ese dedito levantado, conseguía hacer un cono de sombras que seguía a su madre a medida que avanzaba.


Cuando llegó, ahí estaba Gabriel oxidándose un poco. Tengo que hablar con vos, le dijo ella. Él la miró y sonrió. Los hombres dicen que dejaste la huerta para pensar en tu casa. Nuestra casa, dijo él, pienso compartirla. Esa casa no es urgente. ¿Quién puede saber cuáles son mis urgencias? Estamos todos acá porque decidimos ayudarnos, dijo ella, formando un solo cuerpo. ¿De dónde sacaste esas palabras?, preguntó él. Alguna vez, Libertad me quiso explicar cómo repensaba ciertas cosas que le habían enseñado y me cantó una canción «todos unidos formando un solo cuerpo, un cuerpo que en la Pascua nació» y me dijo que qué bueno pensar la resurrección (la vuelta a la vida) como la unión de todos, que era casi como los mosqueteros «uno para todos y todos para uno». No sabía que ibas a misa, dijo él. No voy, respondió ella. ¿Qué memoria, entonces, me cantaste el trecho de una canción que sólo escuchaste una vez? La memoria y el valor son insondables, aparecen cuando uno menos los espera, al igual que las palabras indicadas para decir en los momentos precisos, dijo ella, como todas estas que te estoy diciendo. ¿A qué viniste?, preguntó él. Quiero saber qué pasa con vos y qué pasó con Libertad. Necesito poder encontrarme a mí para poder estar con ustedes. ¿Eso es una metáfora para decir que estás huyendo?, dijo ella. No, simplemente, me estoy yendo, cuando uno huye es porque sabe que alguien lo espera y Libertad se fue. ¿Hacia dónde, no habías dicho que sólo se había vuelto transparente? Decidió irse hace cuatro días, me dijo que sabía que en ese nuevo estado que tenía, el calor, la sed, el hambre y el sueño no la molestarían. ¿Por qué lo hizo? Porque sabe que allá afuera hay gente que la necesita, va a ir por todos lados a ayudarlos a organizarse. Ella, también, huyó, dijo Soledad con un dejo de tristeza. No, no huyó, se fue, me dijo que aquí nadie la esperaría y que necesitaba irse para poder volver y partirse. ¿Sabés cómo está? Al principio, venía a buscarme para contarme las novedades e, incluso, muchas veces me pidió que la ayudara. Pero vos podrías haber muerto, por el calor, dijo ella. Me pidió que me esfumara como ella, pero yo no sé hacerlo por completo, sólo me sale de a ratos y tampoco me animé. Vos la dejaste sola, aun cuando ella te ayudó siendo un viejo y siendo niño, dijo con un tono de reproche en la voz. Ella fue quien se ofreció a hacerlo, dijo él. Estás sonando egoísta, pero poco me importa ahora de vos, ¿por qué no vino por alguno de nosotros? Porque todos tenían alguien a quien cuidar, incluida la pequeña Luna, pero quedate tranquila, me dijo que se había llevado algunas cosas de cada uno que ni siquiera sabía que las tenía. ¿Por ejemplo?, yo no noté que me faltara nada, dijo ella. A Sofía, le robó un poco de confianza en sí misma, a su novio, el don de dar, a Penélope, un poco de ese amor maternal y seguridad en el futuro, a su novio, le quitó un poquito de sueños, a Santiago, le robó simpatía, a Luna, las palabras que podrá decir algún día y, a vos, el valor para enfrentar los problemas y conseguir tus sueños. ¿Y a vos?, preguntó Soledad. ¿A mí?, a mí, nada, me preguntó qué podría ofrecerle y le dije que mi futura casita para que guardara sus cosas y me contara sus penas, pensé que las penas y las diferencias podrían ser buenas vecinas. ¿Y ella aceptó? No, me dijo que la casa no era real y que tampoco quería guardar sus cosas, que todo lo que les había quitado a ustedes era para poder enfrentar el camino y para poder entregárselo a la gente que necesitaba. ¿O sea que tuyo no tienen nada? Nada espiritual, se llevó el aceite para ayudar a quienes se estuvieran oxidando más que yo, por eso, ahora estoy así. ¿Y qué más sabés de ella? Me pidió que cuidara su corazón ¿te acordás que lo tuve encendido en mis manos?, bueno, me pidió que, si algún día la llama se apagaba, que lo enterrara por aquí, que si ella necesitaba buscaría otro. ¿La última vez que la viste cuándo fue? Hace dos días. ¿Y cómo estaba? Mal, me extrañaba mucho y me dijo que los problemas de todos los que veía no le cabían en las manos y que estaba empezando a cargarlos en las espaldas. ¿Algo más te dijo? Sí, necesitaba enseñarles a todos a ser libres y a saber valerse por sí mismos y que ella, también, necesitaba aprenderlo con ellos y que le dolía mucho el útero. ¿Por qué?, dijo Soledad asombrada. Porque no tiene ningún hijo y, al mismo tiempo, todos lo son y conforman un único cuerpo, su hijo el Hombre.


Luna hacía un tiempo que estaba durmiendo, puesto que la verdadera había realizado el trabajo de cubrir a su mamá y a todo el resto. Me voy, dijo Soledad, ¿y vos? Me quedo hasta que alguien quiera ponerme aceite. No hace falta sólo que alguien te quiera poner aceite, sino también que vos lo dejes. Se dio media vuelta y empezó a caminar. Soledad, dijo él para detener sus pasos. ¿Qué?, preguntó ella al mismo tiempo que se daba vuelta. Hablando de úteros, me dijo que te anunciara que hay un bebé en camino, que vas a ser madre una vez más.

74

Su padre le enseña a nadar con una técnica propia. Ella es muy pequeña aún, pero él no sabe subestimar a sus hijos. Por eso, cuando decide que la menor de los cuatro debe nadar también, la lleva a la pileta, a la de adultos, claro está, y le dice que se agarre bien fuerte del elástico de la malla de él y que vaya moviendo las piernas como una ranita, mientras él nada. A papá le gusta aprender, le gusta enseñar y, sabe, siempre sabe, que ellos lo pueden lograr.

73

Para qué seguir buscándola, dijo Soledad, Libertad no está por ningún lado. Pero, si fue a la calle, corre el riesgo de morir, dijo Sofía. En ese instante, Gabriel entraba en la cocina y ambas callaron. Qué pasa, preguntó él. Libertad desapareció, dijo Sofía. Sí, ya lo sabía. ¿Y estás tan tranquilo?, preguntó Soledad. ¿Por qué no debería estarlo? En la calle, podría morir, dijo Sofía. No está en la calle. Cómo lo sabés. Porque simplemente desapareció. Esta mañana, cuando desperté, ya no estaba pero percibí algo de ella en el aire y le hablé. Al principio, no respondió, pero me dijo que necesitaba huir y le dije que estaba bien. Ahora, ella está en todas partes, aunque no la veamos. Si necesitan algo, me avisan y le pregunto. ¿Y por qué con vos habla y con el resto no?, dijo Soledad. Porque, cuando la encontré esta mañana escondida en el ropero, le agradecí por haberme ayudado y le dije que, cada vez que ella se sintiera niña, yo crecería lo suficiente para ser su padre.

72

Sueña con su futuro, ese que resultará ser bien distinto al lecho de rosas con el que sueña. Sin hijos, sin ese camino perfecto trazado, los sueños se irán yendo uno tras otro hasta que no quede ninguno por perseguir y, en ese desamparo, se preguntará y ahora qué hago, ahora para qué seguir.

71

Aprendiz de tonta soy, decía Libertad. Mientras los hombres trabajaban en la huerta, ellas tomaban mate y hablaban de la edición del próximo número. ¿Qué pasó, lo decís por lo de anoche?, preguntó Soledad. Sí, por todo lo de ayer, tenía que haber supuesto que, cuando tuviera mi edad, Gabriel me ignoraría. Fue tu decisión, dijo Sofía, de cualquier manera, alguien tenía que hacerse cargo de él. ¿Y qué pasó con tu tejido?, preguntó Soledad, dejaste de hablar por completo de él. Es que dejé de intentar terminarlo y dejé de tener ese sueño. ¿Cuándo fue eso?, intervino Penélope. El día en que el sol rajó la tierra, de cualquier manera, algo raro pasó: ese primer día de la sequía, Gabriel era anciano, ¿recuerdan que preguntó por sus medicamentos? Todas asintieron con la cabeza. Bueno, entre sus pastillas, encontré el frasco de aceite para máquina de coser con el que yo soñaba.

70

Señala las estrellas después de corroborar con su libro el nombre de la constelación para enseñársela a Libertad. Su hermano sueña con estudiarlas y, por eso, lo hace. Su hermano es un niño curioso y, debido a eso, le escribió a la nasa para obtener información. En esta época, en que no existen los mails, enviar una carta o recibirla es un ritual. El momento de la escritura es especial y, una vez enviada, la espera es un paso más. El tiempo existe y pasa, no se consume ni aterroriza su paso veloz, el paso marca las esperas y los logros. Una vez recibida la respuesta, se abre con ansias el sobre y lo más mágico es tener entre las manos una parte de quien lo escribió: su letra, su papel, sus vacilaciones. La carta se guarda, se relee, se vuelve amarilla mostrando que el tiempo va transcurriendo.


Y, un día, la respuesta llega. Y, claro, una de las primeras personas en ver esas fotos es ella, su aprendiz.

69

Fue haciéndose mayor la paranoia, aunque un dato era real. Luego de dos días de tormentas intensas, el sol amaneció al tercero y rajó la tierra. Y lo hizo literalmente, grandes grietas se abrieron.


Pero ellos se habían organizado. Habían decidido que lo mejor era armar pequeñas comunidades y tener huertas en las casas, adaptadas, debido al clima, por los hombres para que las verduras no se echaran a perder. Habían acumulado varios bidones de agua de lluvia en los últimos días y, también, varias latas de conserva, ya que suponían que los mercados cerrarían. Ya tenían dispuesto cuáles serían las raciones y quién viviría con quién. En la casa de Soledad y de Santiago, se quedarían Sofía y el novio, Libertad, Penélope y el maridovio, y Gabriel. Era importante que la versión de internet de la revista siguiera saliendo. Luciana había decidió cuidar de sus padres que, aunque no vivieran juntos, estaban equidistantes de la casa de ella.


Un problema se presentaba y era quién se haría cargo de Gabriel cuando fuera niño y de Gabriel cuando fuera anciano. Fue el mismo Gabriel niño quien los sentó, al segundo día de convivencia, y les preguntó ¿quién será como mi vieja cuando sea un niño, quién mi hija cuando sea anciano y quién mi amiga cuando sea adulto joven? Libertad respondió con su silencio, ya había decidido que ella lo haría, incluso, antes de que Gabriel niño lo planteara.


Esa tarde, jugó con él, le contó historias de países lejanos y hombres aventureros, cantaron y bailaron. Por la noche, Libertad le dio parte de su ración y le dijo que saldrían a ver el cielo y que tendría postre sólo si comía toda la comida. Gabriel niño cumplió y, por eso, salieron al patio y se sentaron, ella detrás de él y lo rodeó por el cuello con su brazo derecho, mientras con el índice de la mano izquierda le señalaba las estrellas.

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Las dudas que tiene son muchas, pero nunca se le ocurre preguntar, sino que espera desvelar los misterios de este mundo sola. Le extraña, por ejemplo, que un escritor español tenga un apellido tan porteño como Lorca, ya que en España, sabe, no se hablaba al vesre. Otro español que la deja perpleja es Manolo Escobar ¿cómo puede ser él peronista y cantar porrom pom pom porrom pom porrom pompero perón? ¿Dice realmente Perón? ¿Dice Perón y mamá lo escucha? Si ella siempre le dice, en susurros, que eso no se dice cuando uno pronuncia ese nombre, mucho más si uno lo hace en público.


Muchas dudas tiene. De las religiosas, por ejemplo. ¿Cómo Jesús tuvo dos padres? Eso no es del todo posible. ¿María habrá engañado a José y le habrá dicho que era de él? Si ambos lo sabían, ¿Jesús decidió irse de su casa a vivir con sus amigos cuando supo que su padre no era su padre y que era medio adoptado? Otra duda, ¿por qué el temor de Dios es un don del Espíritu Santo? De esto, sí pide respuesta y le dicen que es respeto. No, no, no, dice ella, el temor y el respeto no son la misma cosa ¿por qué temer a quien nos ama?


Y caminando por su caminito de dudas va haciéndose mayor.

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Habían aprendido muchas cosas con todos los meses de trabajo. Las revistas seguían saliendo, las novias casándose y expandiéndose la felicidad. Algunos comenzaban a ver que esa gente podía y eso les daba miedo. Por eso, las voces negativas empezaban a oírse y muchos pedían la prohibición de sus actividades. Ellas no daban crédito de lo que oían. Las protestas que intentaban interrumpir casamientos habían comenzado con todo tipo de violencia. Ellas comenzaban a tener miedo y los hombres pensaban que había que organizarse.


Paciencia, dijo Gabriel, denles tiempo. Cuando la televisión agote el tema, van a pensar en otra cosa, ya les pasó algo similar alguna vez. Mientras esperamos, contemos estrellas.


La sequía nos va a ayudar, dijo Sofía, anuncian dos días más de tormenta y sequías por varios meses. La gente va a volver a protestar contra los gobernantes como la otra vez y se olvidarán de nuestra existencia. Pero nosotros no debemos hacerlo, tenemos que pensar en esos meses, en cómo nos vamos a arreglar, por las dudas.

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La vida y la muerte se cruzan en sus pasados. Los dolores familiares, las divisiones de ese país tan lejano que han sabido traer mezclado con recuerdos en sus maletas. El viaje fue largo, aunque la posibilidad de regreso achica las distancias, aunque el recuerdo las elimine.


Libertad sabe que ella pertenece a un lugar muy lejano que no conoce con los ojos. Pero mamá y papá lo tejen con palabras y canciones, en lenguas distintas, lejanas y cercanas. Papá habla algo distinto que ella no habla, pero es normal que él lo haga y, también, sus amigos. Con esa lengua, con su lengua padre, papá la llama cativa y el padrino pitusa. Es normal para ella entenderlos, aunque no conversar con ellos de ese modo, ya que sólo puede hablar su lengua madre, la lengua de su madre.


Las canciones de ellos también son suyas, su identidad, pero duelen y no le gusta que a mamá y a papá les dé morriña, y no le gusta verlos cantar de ese modo, cantar con el brillo de los ojos, esos ojos que extrañan ver otros paisajes que guardan en el fondo de la memoria y en el fondo de las canciones.


Ellos, también, le enseñan a querer ese lugar, a sufrirlo y desearlo. Le enseñan los silencios que ellos, también, y tan bien han aprendido.

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Por una escalera, subía. Por la de la vida que, también, es la que utiliza la muerte. Janaína sabía bien que eran las dos caras de una misma moneda porque era la madre de ambas. Su vientre se transformaba, con la calidez de la vida y de la muerte, en un prado en flor para que sus chiquitos danzaran con su ombligo como sol. En cualquier caso, ambos danzaban, aunque algunos de ellos sólo lo hicieran en abril.


Pero un día, la vida pudo más porque puso en ese prado una piedra, y la piedra rodó, y la piedra se hizo roca y la fuerza del amor de los tres hizo que esa piedra creciera y la piedra nació. La piedra le borraría siempre las lágrimas y vencería las tormentas.


Janaína se sabía fuerte porque era la madre de la vida y de la muerte.

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Las diferencias en los resultados son incomprensibles. No está sumando y restando bien y le parece raro porque ella sabe hacerlo desde mucho antes que cualquiera de sus compañeritas. Y es que su hermana, Luciana, la ingresó en el mundo de las matemáticas del mismo modo en que le enseñó a atarse los cordones, entre risas y juegos, del mismo modo en que su hermano cowboy la había llevado a navegar en papel o como el mayor la ayudaba a ser Mónica Seles.


Ella sabe hacerlo, por eso, no disfruta de esas clases y, quizás por ese motivo, hace la tarea con indiferencia. Con el tiempo, aprenderá que no sabemos las cosas cuando creemos saberlas, sino cuando más dudamos de ellas, que al conocimiento se sube por una escalera.

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Las palabras nuevas que decía Luna las hacían reír. Eran nuevas por muchos motivos, porque estaban recién incorporadas a su léxico y porque no las reproducía fielmente, sino que las decía de un nuevo modo, como si las creara.


Mientras Luna hablaba, Libertad preparaba el mate y Soledad abría la puerta. Les presento a Penélope, mi prima y amiga. Todas la saludaron y vieron que era esa clase de personas que tejen mundos con palabras, mientras esperan que algo cambie. Luego de una hora de hablar sin parar de su familia, su perro y su gato, hizo un respiro para decirle a Soledad que su casa estaba sequita. Y fue el turno de ella para hablar. Ayer, estuvimos todo el día secando el piso, nos reímos mucho y disfrutamos de hacerlo juntos. ¿Y con la otra parte de la casa qué van a hacer?, preguntó Sofía. Dejamos allá las diferencias.

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Aunque distintos a las versiones originales, le gustan. Ella no sabe que lo son aún. Su hermano le despierta la curiosidad, le enseña a pasear por las estrellas, el alfabeto griego y, también, es el primero en hacerla viajar por esos mundos de papel que alquila en la biblioteca.


Es por esta época que empieza a guardar los libros que lee porque no le gusta que alguien los lea a la par, siente que le roban la historia, que le roban las palabras.

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Con otra cosa, tenían que ver, con otros sueños, en fin, las maderas, decía Santiago mientras secaba con su pañuelo el alma de Soledad. No quiero que te sientas sola, no lo estás, cuando me di cuenta de que ya no oía las voces de ustedes, aunque pudiera verlas, pensé que yo no podía esperar a que el agua bajara porque, quizás, eso no sucediera nunca, por eso miré mi árbol y él mismo me dijo que era lo suficientemente alto como para unir las dos orillas. ¿Por qué tardaste tanto?, le dijo ella, con el alma más suave que antes. No tardé, fue cuestión de una noche, busqué un hacha y trabajé hasta la madrugada y, esta mañana, cuando lo vi caer, recogí mi nombre del agua y crucé por mi puente para llegar a tus brazos. Pasaron meses, le dijo ella con un tono de reproche, mirá mi almanaque. Te juro que fue una noche y no te miento, mirá el mío.


Y sonrieron. Ninguno mentía, ambos calendarios marcaban tiempos reales, aunque distintos.

Las cosas insólitas de la feria

Todos los años, la feria del libro tiene algún hecho insólito. Esta vez, me tocó de público visitante. Y si hay una situación o persona extraña que pueda pegárseme, denlo por seguro que se me pega.




Fui a la editorial Tusquets para averiguar por un libro que daba por sentado que aún no había llegado a la Argentina. Le pregunto al vendedor, lo busca en la lista y lo encuentra. Su comentario fue que era un pedido raro, ya que el libro no le sonaba, pero, si existe algo que es difícil de encontrar, seguro es algo que Mariana desea (tendré que pensar seriamente en hacer terapia y hablar del tema). Una vez en su mano, el vendedor se dispone a buscar el precio y no lo encuentra, le parece extraño, pero me dice que lo lleva a la caja. Uno de los cajeros toma el ejemplar en sus manos y el otro se lo retira abruptamente y le dice que ese libro no está todavía a la venta y que, evidentemente, llevaron todos los ejemplares del depósito. El muchacho de al lado me pide disculpas, ya que, si bien yo había palpado el libro, es todavía virtual.


Conclusión, no todo lo que percibimos con los sentidos son sustantivos concretos, este era un tanto abstracto todavía.



Debería haberme abrazado a él y salir corriendo ¿no?




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Esperando a que se mueva y no lo hace. Es el último día de colegio de este año y, tiempo después, recordará esta sensación de alivio porque ella no se mueve. Llegó a su casa feliz y, cuando fue a entrar en su cuarto, se quedó paralizada en la puerta porque ella, esa araña, está en la pared sobre la que se apoya el respaldo de su cama, la misma que tiene la ventana que da al patio. Están ambas estáticas: ella, en la puerta aún con el guardapolvo puesto y deseando sacárselo porque quiere liberarse del colegio por fin, de esta sensación de haber salido de un colegio pupilo (en verdad, ella sabe que lo fue alguna vez) para visitar a sus padres en el verano. Mientras ve a la araña y piensa eso, se da cuenta de que durmió todas las noches y pasó todos los fines de semana en esa casa y nunca en el colegio, que la sensación de opresión y de libertad tienen que ver con otra cosa.